Castillo de los Vélez.
El pueblo español ideal para una escapada: castillo del siglo XVI, yacimiento íbero y fiesta reconocida por la UNESCO
El Castillo de los Vélez, levantado en el siglo XVI por el marqués Pedro Fajardo, domina Mula como símbolo de poder señorial y conflicto histórico.
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Mula es uno de esos pueblos que parecen guardar varias épocas a la vez. En la Región de Murcia, su silueta está marcada por el Castillo de los Vélez, pero su historia baja mucho más atrás, hasta el mundo íbero.
La fortaleza domina la localidad desde lo alto y resume una parte muy concreta del pasado muleño. Esta es una construcción renacentista del siglo XVI levantada por Pedro Fajardo y Chacón, primer marqués de los Vélez.
Ese castillo no nació solo para vigilar enemigos exteriores. Según esa misma crónica, se levantó sobre restos de una antigua alcazaba árabe y funcionó también como una demostración de poder señorial sobre una villa que había sido realenga.
Ahí está una de las claves del lugar. Este municipio no ofrece una fortaleza medieval convencional, sino un edificio cargado de tensión política, construido para recordar quién mandaba en una ciudad que se resistía al dominio nobiliario.
El pueblo, además, conserva un casco histórico con urbanismo heredado, palacetes, iglesias y edificios que permiten recorrerlo a pie sin perder esa sensación de capas superpuestas. La visita no depende solo del castillo, aunque este lo ordena todo visualmente.
Unas fiestas reconocidas
La segunda gran capa está en el Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo. El Ministerio de Cultura recuerda que este museo custodia desde 1989 los materiales procedentes de la necrópolis de El Cigarralejo, uno de los grandes referentes íberos.
La colección convierte a Mula en algo más que una escapada de castillo y calles antiguas. Aquí aparece un mundo prerromano de ajuares funerarios, cerámicas, armas y objetos que ayudan a reconstruir la vida social de las élites íberas.
El museo está instalado en el antiguo palacio del Marqués de Menahermosa, otro detalle que refuerza esa sensación de ciudad estratificada. Un edificio noble de época moderna guarda hoy materiales de una cultura mucho más antigua.
Esa mezcla es lo que hace que Mula funcione tan bien como destino patrimonial. En pocos minutos se pasa de una fortaleza del siglo XVI a piezas arqueológicas vinculadas a un yacimiento que mira hacia la Murcia prerromana.
La tercera pata del relato llega por el sonido. La Noche de los Tambores de Mula está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y también Fiesta de Interés Turístico Internacional.
La celebración se vive durante la Semana Santa y transforma el casco histórico en un espacio sonoro colectivo. La Cadena SER contó en 2026 cómo miles de personas vuelven cada año a tocar el tambor desde la medianoche.
Ese reconocimiento cambia la escala del municipio. Mula no conserva solo patrimonio de piedra o piezas arqueológicas en vitrinas; también mantiene una tradición viva, transmitida entre generaciones y capaz de atraer visitantes de todo el sureste.
Por eso la escapada tiene una fuerza poco común. El castillo habla de señoríos y resistencias, El Cigarralejo abre la puerta al mundo íbero y los tambores recuerdan que el patrimonio también puede ser ruido, ritmo y comunidad.