La zona sumergida donde estaba el antiguo pueblo.

La zona sumergida donde estaba el antiguo pueblo.

Ciencia

El pueblo ibérico sumergido desde hace 20 años: sus vecinos siguen pagando impuestos y fue fundado en el paleolítico

Aldeia da Luz, en el Alentejo, quedó bajo Alqueva en 2002: un pueblo con raíces prehistóricas con heridas y pagos de IMI aún vivos.

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Las claves

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Aldeia da Luz, en Portugal, fue sumergida en 2002 por la presa de Alqueva, aunque su origen se remonta al paleolítico.

El reasentamiento de los habitantes incluyó la construcción de una nueva aldea con 212 viviendas, infraestructuras y la reedificación del santuario local.

El Museu da Luz fue creado para preservar la memoria e identidad de la comunidad desplazada por el embalse.

Veinte años después, los antiguos propietarios siguen pagando impuestos por terrenos ahora sumergidos debido a la falta de actualización catastral.

Aldeia da Luz parece uno de esos lugares inventados para un titular imposible. Esta aldea del Alentejo, en Portugal, muy cerca de la frontera con España, desapareció bajo las aguas de Alqueva en 2002, pero su historia venía de muchísimo antes y hoy sigue muy viva.

Lo extraordinario no es solo que exista como un antiguo pueblo sumergido, sino que las fuentes locales sitúan el origen del asentamiento en tiempos paleolíticos y neolíticos. La propia freguesía de Luz vincula esos inicios a vestigios hallados en el entorno del castillo de la Lousa.

Ese contraste vuelve el caso especialmente potente. No hablamos de una aldea moderna borrada por una gran infraestructura, sino de un lugar con capas de ocupación humana remotísimas que acabó sacrificado por una obra hidráulica pensada para transformar el sur de Portugal.

La presa de Alqueva llevaba décadas proyectándose, pero fue en 2002 cuando la antigua Aldeia da Luz quedó oficialmente anegada. El Museu da Luz explica que el nuevo asentamiento se levantó ese mismo año en un punto muy próximo, elegido por la propia comunidad.

La operación fue de una escala poco habitual para un reasentamiento rural. Según el museo, la nueva aldea implicó la construcción de 212 viviendas, calles, plazas, comercios y equipamientos colectivos, además de la reedificación del santuario de Nossa Senhora da Luz a imagen del original.

Un problema de burocracia

Ese traslado no se presentó solo como una solución urbanística. El Museu da Luz nació precisamente para conservar la memoria y la identidad de la comunidad desplazada, actuando como un puente entre el territorio perdido, el nuevo pueblo y el gran lago creado por la presa.

Ahí está una de las claves más interesantes de la historia. Alqueva suele venderse como símbolo de modernización y desarrollo para el Alentejo, pero en Luz también dejó una herida patrimonial y sentimental que obligó a reconstruir la memoria del lugar casi como si fuera una pieza arqueológica.

La historia ganó además una dimensión todavía más incómoda con la cuestión fiscal. Más de veinte años después del llenado del embalse, medios portugueses seguían recogiendo que propietarios rústicos de Luz continuaban pagando IMI por terrenos sumergidos o expropiados que ya no podían usar.

Visão, citando a Lusa, resumió el agravio con una frase durísima: los vecinos llevaban dos décadas abonando impuesto municipal sobre tierras anegadas por falta de actualización catastral. Otros medios portugueses replicaron el mismo problema como una de las grandes cuentas pendientes del reasentamiento.

La vieja Luz no quedó solo en el fondo del embalse como una imagen melancólica del pasado, sino también como una fuente de conflictos administrativos y legales que siguieron afectando a la vida cotidiana de sus antiguos habitantes.