En esta imagen proporcionada por Warner Bros. Discovery un gran tiburón blanco en el mar.

En esta imagen proporcionada por Warner Bros. Discovery un gran tiburón blanco en el mar. Warner Bros. Discovery via AP

Ciencia

Los científicos no dan crédito: el 33% de los tiburones de una isla cerca de EEUU dan positivo en sustancias estimulantes

La cocaína refuerza un patrón global; drogas y fármacos ya se detectan en fauna marina y pueden viajar por la cadena trófica hasta depredadores.

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Las claves

Un estudio revela que el 33% de los tiburones cerca de Eleuthera, Bahamas, presentan en su sangre cafeína, cocaína y medicamentos comunes.

La presencia de estas sustancias indica que han entrado y circulan por el organismo de los tiburones, no es solo contaminación superficial.

Se observaron cambios fisiológicos en los tiburones expuestos, como alteraciones en triglicéridos, urea y lactato, posibles señales de estrés metabólico.

Las rutas de contaminación incluyen vertidos turísticos, sistemas de saneamiento insuficientes y acumulación trófica, lo que convierte a los superdepredadores en indicadores del problema.

Las Bahamas llevan años vendiéndose como un santuario marino casi intacto, pero un trabajo nuevo demuestra que su pureza tiene grietas químicas. En suero de tiburones costeros se han detectado fármacos comunes, cafeína y rastros vinculados a la cocaína.

El estudio, publicado en Environmental Pollution, analizó muestras de sangre de cinco especies cerca de Eleuthera y buscó una lista de “contaminantes emergentes” típicos de la huella humana. El equipo halló diclofenaco, acetaminofén (paracetamol), cafeína y cocaína.

La parte más delicada es el matiz bioquímico: en estos casos no hablamos solo de contacto con agua contaminada. La detección en suero implica bio-disponibilidad, es decir, entrada al organismo y circulación sistémica, no mera contaminación superficial.

Además, los autores conectan esa exposición con cambios en marcadores fisiológicos. En los tiburones con contaminantes detectables observaron diferencias en triglicéridos, urea y lactato, señales que pueden reflejar estrés metabólico o ajustes energéticos, aunque todavía no permiten concluir daños clínicos directos.

¿Cómo llegan estas moléculas a un archipiélago que presume de aguas transparentes? El mecanismo general es conocido: muchos compuestos farmacéuticos se eliminan de forma incompleta en sistemas de saneamiento y depuración, y una fracción acaba en ríos, costas y mares.

Un problema que crece

En destinos con turismo intenso, el problema puede amplificarse por vertidos locales, redes insuficientes y descargas puntuales. Y en el mar la ruta se vuelve trófica: pequeñas presas incorporan trazas, depredadores medianos las acumulan, y los superdepredadores terminan funcionando como “archivo” del cóctel.

La cocaína añade una capa distinta: no se comporta como un analgésico cotidiano, pero su presencia en ambientes marinos lleva años documentándose en zonas con descargas urbanas y circulación de sustancias ilícitas. Que aparezca en tiburones subraya que el contaminante no es anecdótico.

La ciencia ya tiene avisos sobre efectos biológicos de drogas en animales acuáticos. Una revisión sobre exposición ambiental a cocaína recoge alteraciones tisulares y neuroquímicas observadas en fauna, recordando que dosis “bajas” sostenidas pueden tener consecuencias crónicas difíciles de ver a simple vista.

En tiburones el vacío de conocimiento es mayor, porque su fisiología (y su detoxificación) no se parece a la de peces óseos estudiados en laboratorio. Esa laguna complica traducir una concentración concreta a un impacto conductual: caza, navegación, sueño, sociabilidad o reproducción.

Lo inquietante es el mensaje ecológico: incluso en áreas percibidas como prístinas, la farmacopea humana viaja y se integra en redes alimentarias. Cuando el indicador es un depredador tope, lo que asoma no es un “caso raro”, sino un sistema expuesto.