Corpóreo del pterosaurio ‘Iberodactylus’ en el recorrido de Mar Jurásico.

Corpóreo del pterosaurio ‘Iberodactylus’ en el recorrido de Mar Jurásico. Dinópolis

Ciencia

Paleontólogos españoles hallan en Teruel más de 100 fósiles de un reptil volador del Jurásico en un yacimiento clave

Más de 100 huesos de pterosaurio en “El Pozo” (Teruel) refuerzan el primer registro jurásico sólido del grupo en el centro-este ibérico.

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Las claves

Paleontólogos españoles han hallado más de 100 fósiles de pterosaurio en el yacimiento de 'El Pozo', en El Castellar, Teruel.

El hallazgo incluye fragmentos de mandíbula, vértebras, húmero, falanges alares y una escápula-coracoide, constituyendo la primera evidencia sólida de estos reptiles voladores en el centro-este peninsular del Jurásico Superior.

La concentración de tantos huesos juntos es inusual debido a la fragilidad de los pterosaurios, y se han empleado técnicas de conservación in situ para preservar la información.

Este descubrimiento permitirá reconstruir los ecosistemas costeros del Jurásico tardío y replantea la importancia de reexaminar antiguos yacimientos por la dificultad de preservar restos tan delicados.

El yacimiento de “El Pozo”, en El Castellar (Teruel), llevaba años siendo un imán para quien estudia huellas de dinosaurio. Ahora se ha convertido también en una rareza para la paleontología ibérica: más de un centenar de huesos de pterosaurio recuperados en campañas recientes.

La Fundación Dinópolis y su equipo han presentado el avance tras meses de excavación y de un trabajo de laboratorio especialmente delicado. No es retórica: los huesos de pterosaurio son ligeros, huecos, y se deshacen con facilidad si no se consolidan a tiempo.

La lista de piezas identificadas ya da una idea del potencial: fragmentos de mandíbula, vértebras, húmero, falanges alares y una escápula-coracoide, entre otros elementos craneales y postcraneales. En conjunto, dibujan un animal real, no un indicio aislado.

La noticia pesa aún más por el contexto geológico. Estamos en el Jurásico Superior, hace unos 145–150 millones de años, cuando el este de Iberia era un mosaico de costas, islas y llanuras mareales. Ese paisaje es clave para entender por qué hay tantos rastros y tan pocos huesos.

Hasta ahora, el registro jurásico de pterosaurios en la península era pobre y fragmentario. Por eso Dinópolis insiste en la idea central: los restos de “El Pozo” serían la primera evidencia sólida de estos reptiles voladores en el centro-este peninsular en esa etapa.

Multitud de cuerpos juntos

La concentración en un área reducida es otro detalle que desconcierta. No es lo habitual encontrar tantos elementos esqueléticos juntos cuando hablamos de animales con huesos frágiles, fáciles de romper y de dispersar por corrientes, carroñeo o simple erosión.

La excavación se apoya además en técnicas que buscan conservar información antes de que desaparezca. En el yacimiento se han realizado moldes in situ de algunos restos y de estructuras asociadas, una forma de registrar geometrías y posiciones cuando el material no tolera demasiada manipulación.

Falange alar de pterosaurio en el momento de su descubrimiento en el yacimiento El Pozo .

Falange alar de pterosaurio en el momento de su descubrimiento en el yacimiento "El Pozo" .

“El Pozo” no parte de cero: se contabilizan alrededor de 1.000 icnitas de saurópodos, ornitópodos y terópodos. Lo interesante ahora es que las huellas dejan de ser un paisaje sin protagonistas concretos: los pterosaurios aportan cuerpos.

El objetivo es reconstruir ecosistemas costeros del Jurásico tardío: qué comían, cómo se repartían el espacio con dinosaurios terrestres, qué papel tenían en el borde marino del antiguo archipiélago europeo.

También hay una dimensión metodológica: este hallazgo demuestra que el registro óseo jurásico puede estar infrarepresentado por pura dificultad de preservación y de excavación. Cuando un depósito conserva material tan delicado, obliga a replantear qué yacimientos merecen volver a mirarse.