Mujer abrazando a su perro.

Mujer abrazando a su perro. Freepik

Ciencia

Los veterinarios coinciden: las personas más propensas a preocuparse suelen estar más unidas a sus mascotas

La preocupación también influye en el vínculo con las mascotas: algunos cuidadores más inquietos desarrollan un apego más fuerte.

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Las claves

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Las personas con mayor tendencia a preocuparse suelen desarrollar un vínculo emocional más fuerte con sus mascotas, según estudios recientes.

Factores como ser mujer, tener más de 50 años, cuidar de hijos menores y ser dueño de un perro también se asocian con un mayor apego a los animales.

El neuroticismo y la responsabilidad predicen un mayor apego a las mascotas, pero pueden manifestarse de formas distintas, como mayor vigilancia o preocupación ansiosa.

Un apego ansioso puede llevar a hipervigilancia y tensión, aunque también facilita la detección temprana de problemas en la salud o el comportamiento del animal.

La preocupación por que una mascota enferme, se pierda o necesite ayuda puede ocupar una parte importante del día de algunos cuidadores. Lejos de ser una impresión aislada, varios estudios han encontrado que quienes tienden a experimentar más inquietud suelen desarrollar vínculos más intensos con sus animales.

Una investigación de la Universidad Queen’s de Belfast analizó a 938 propietarios de perros y gatos de distintos países. Los participantes respondieron cuestionarios sobre su personalidad y completaron una escala destinada a medir la fortaleza de la relación emocional con sus mascotas.

Los resultados mostraron que el neuroticismo y la responsabilidad predecían un mayor apego. En psicología, neuroticismo no significa padecer una neurosis ni constituye un diagnóstico, sino que describe una mayor tendencia a experimentar preocupación, inseguridad, vulnerabilidad y emociones negativas.

Por eso, la formulación “personas más propensas a preocuparse” permite trasladar el concepto a un lenguaje cotidiano. Quienes puntuaban más alto en este rasgo tendían, de media, a considerar al animal una figura especialmente importante y a mostrar una conexión emocional más intensa.

La relación, sin embargo, era modesta. El estudio no permite afirmar que todas las personas preocupadizas estén profundamente unidas a sus mascotas ni que quienes mantienen un vínculo menos intenso sean más tranquilos. Se trata de una tendencia estadística con numerosas excepciones individuales.

Responsabilidad, extraversión y amabilidad

También aparecieron otros factores con un peso incluso mayor que la personalidad. Las mujeres, los mayores de 50 años, quienes cuidaban hijos menores y los propietarios de perros obtuvieron puntuaciones de apego superiores a las de otros grupos incluidos en la investigación.

Los autores utilizaron la Escala Lexington de Apego a las Mascotas, un cuestionario de 23 afirmaciones. Los participantes debían valorar frases relacionadas con la amistad, la importancia emocional del animal y su consideración como miembro de la familia.

La investigación no examinó únicamente cuánto quería cada persona a su mascota. También comparó ese vínculo con los cinco grandes rasgos de personalidad: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo, además de otras características psicológicas.

La responsabilidad también predijo un apego más fuerte. Las personas organizadas, constantes y orientadas al cumplimiento de sus obligaciones pueden implicarse especialmente en rutinas como alimentar al animal, administrar tratamientos, mantener horarios o acudir periódicamente al veterinario.

Sin embargo, dos personas pueden mostrar una unión igual de intensa y vivirla de maneras muy diferentes. Una puede mantener un vínculo seguro y equilibrado, mientras otra experimenta preocupación constante por la disponibilidad, la salud o la respuesta emocional de su mascota.

Un estudio anterior con más de 2.500 propietarios finlandeses encontró precisamente que un mayor neuroticismo y un peor bienestar psicológico estaban relacionados con un estilo de apego ansioso tanto hacia perros como hacia gatos.

El apego ansioso no significa simplemente querer mucho al animal. Puede incluir miedo excesivo a la separación, necesidad constante de cercanía o inquietud ante la posibilidad de que la mascota no responda emocionalmente como espera el cuidador.

Otra investigación encontró que el neuroticismo se relacionaba con más afecto hacia las mascotas, pero también con un apego más ansioso. La responsabilidad, la extraversión y la apertura, en cambio, se asociaban con una relación menos evitativa y una mayor disposición a ofrecer cercanía.

Esta combinación puede tener una parte positiva. Los cuidadores más vigilantes quizá detecten antes un cambio de apetito, una cojera, una alteración del comportamiento o cualquier señal de enfermedad, y busquen atención veterinaria con mayor rapidez.

Los propios investigadores plantean que quienes puntúan alto en neuroticismo podrían mostrarse más atentos y receptivos ante cambios en la salud o el comportamiento del animal. Otros trabajos han relacionado este perfil con mayores niveles declarados de cuidado y vigilancia.

Pero una preocupación excesiva no garantiza necesariamente un mayor bienestar. La hipervigilancia puede llevar a interpretar comportamientos normales como señales de peligro, dificultar las separaciones o transmitir tensión durante las interacciones cotidianas.

En gatos, por ejemplo, se han observado asociaciones entre un mayor neuroticismo del propietario y una mayor probabilidad de comunicar problemas conductuales. Estos resultados tampoco demuestran que la personalidad del cuidador sea la causa directa, porque pueden intervenir el ambiente, la conducta del animal y la percepción humana.

Una persona preocupadiza puede buscar en su mascota seguridad y compañía, pero convivir con un animal enfermo, dependiente o con problemas conductuales también puede aumentar la preocupación de quien lo cuida.

Los estudios disponibles permiten detectar asociaciones, pero no establecer qué variable apareció primero ni demostrar que una característica de personalidad origine directamente un determinado tipo de vínculo.