Opinión

Espinar en 'Tarjetas Black' y en 'Podemos'

Ramón Espinar, durante su comparecencia.

Ramón Espinar, durante su comparecencia. EFE

  1. Opinión

Por Mario Martín Lucas

Ramón Espinar Merino ya ha sido proclamado como secretario general de Podemos Madrid y como tal merece la felicitación, así como todos aquellos grupos o personas que, según los medios de comunicación han estado tras de él, con su apoyo, el propio líder de la formación morada, Pablo Iglesias, Miguel Urban o el grupo identificado como Izquierda Anticapitalista.

Puede ser habitual que una familia en el que padre sea tornero, el hijo herede su oficio, o que un negocio se prolongue durante generaciones: panaderías o cualquier pequeño comercio. Pero en el caso de la familia Espinar resulta, cuando menos, llamativo que el desempeño de cargos públicos, y la política, sea lo que une la actividad de un padre y la de su hijo.

Ramón Espinar Merino, nacido en 1986, es licenciado en Ciencias Políticas y Máster en Análisis Político en la Universidad Complutense, habiendo sido becario en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid entre 2011 y 2013. Su activismo en el movimiento 15M, su participación en la plataforma Ganemos Madrid y en Ahora Madrid, le llevó a ser incluido en el número 3 de la listas de Podemos a la Asamblea de Madrid, obteniendo su acta y tomando posesión como senador, en 2015, por designación autonómica.

De alguna manera el ejemplo de esta familia, puede servir de muestra a eso que tanto se dice, de que los hijos de quienes formaron parte de los cambios impulsados desde el PSOE, hoy son militantes de Podemos, con la cual la cuadratura pendiente del círculo de la izquierda española podría estar condicionada a encontrar la forma de encajar ese reencuentro, entre unos y otros.

En todo caso es más que alegórico que Ramón Espinar Gallego forme parte de los procesados por el uso de tarjetas black, con un importe de 178.400 euros, desde la posición de vicepresidente de Caja Madrid, al tiempo que su hijo, Ramón Espinar Merino accedía a una vivienda de protección pública (VPP), en 2010, promovida por VITRA (Cooperativa vinculada a CCOO, quien formó parte del acuerdo para aupar a Blesa a la presidencia de Caja Madrid en 1996) sobre unos terrenos de propiedad municipal en Alcobendas, localidad de la que no era residente y sin sorteo público, entregando en efectivo 52.000 euros, en concepto de entrada e IVA, que parece ser le fueron prestados por su padre y resto de familia, pero además consiguiendo que Caja Madrid le admitiera la subrogación en una hipoteca por el resto del valor pendiente, sin acreditar ingresos suficientes para su amortización (por lo que su endeudamiento era inadecuado), decisión ésta que ningún humilde director de cualquier sucursal de esa entidad financiera podría haber autorizado, lo cual lleva implícito que la decisión fue tomada desde “otras instancias”.

Pero el ripio final de la curiosa situación es que, pocos meses después, cuando decidió deshacerse de ella, pero en lugar de solicitar a la cooperativa promotora la devolución de las cantidades entregadas, con la vuelta a su disposición de la vivienda, optó por venderla directamente, consiguiendo de nuevo que Caja Madrid o algún responsable de ella con poderes suficientes, autorizase la subrogación de la hipoteca a otro nuevo comprador, obteniendo él un beneficio de unos 30.000 euros; formando parte del engorde de lo que se vino en llamar la burbuja inmobiliaria.

¿Que es lo que generó tal beneficio? Por una parte los fondos prestados por la familia, en una parte minoritaria y por otra el efecto del apalancamiento de haber conseguido una financiación, con una praxis financiera de Caja Madrid, o de quien tomara la decisión, digamos que no profesional, al admitir el endeudamiento de Ramón Espinar Merino sin capacidad de pago para ello, tal como se puede comprobar en las declaraciones de bienes y renta que tiene depositadas a su nombre, como corresponde, en el Parlamento español.

Los 30.000 euros, más o menos, obtenidos como beneficio en esa operación son más que discutibles, por mucho que se quiera argumentar, es cierto que la cantidad es ínfima ante los casi 24.000 MM € con los que se tuvo que rescatar Bankia, pero como dice el refrán castellano “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero” y decisiones tan parciales y partidistas como la autorizada por Caja Madrid en la subrogación de la hipoteca de Ramón Espinar, están en la esencia del intervencionismo y politización que llevaron al desastre a una caja de ahorros que hace menos de veintidós años era la segunda entidad financiera española más solvente entre las europeas.

Llamativa alegoría la que forman Ramon Espinar como beneficiario de las tarjetas black y su hijo, con este curioso caso de beneficio alrededor de la burbuja inmobiliaria, y ahora recién elegido secretario general de Podemos Madrid, circunstancia por la que le felicitamos, no sin desear que una praxis tan inadecuada como la de las tarjetas black encuentre una justa, y ejemplar, sentencia para sus responsables y beneficiarios.