Una comparsa pirata por las fiestas junto al Museo de Villena, este jueves.

Una comparsa pirata por las fiestas junto al Museo de Villena, este jueves. M. H.

Cultura

Del Castillo de Santa Bárbara al robo del Tesoro de Villena: la amenaza del tráfico ilícito al patrimonio en Alicante

El antecedente del robo de la obra de Yoko Ono pervive en la memoria junto a la conmoción, mucho mayor, producida por robo del Tesoro de Villena.

Más información: Cinco personas en un minuto y medio: así ha sido el robo del tesoro de Villena, de los mayores de oro de Europa

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En la memoria de Alicante, el recuerdo de la sustracción en enero de 2005 de una obra de Yoko Ono en el Castillo de Santa Bárbara permanece como el antecedente más célebre de un golpe al arte (o patrimonio) en la provincia. Aquella desaparición de un espejo perteneciente a su instalación conceptual Family Album desató una enorme conmoción mediática e institucional.

Dos décadas después, la indignación regresa con un impacto infinitamente mayor tras el asalto nocturno al Museo de Villena para sustraer el Tesoro de la edad de bronce de la ciudad alicantina, un suceso que vuelve a poner a la provincia de Alicante en el centro de la crónica sobre el tráfico ilícito de bienes culturales.

La gravedad del suceso en Villena no constituye un hecho aislado, sino que se enmarca en una preocupante secuencia de asaltos a recintos expositivos en el territorio nacional. El pasado mes de abril, el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz sufrió la sustracción de más de 140 monedas de oro del histórico Tesoro de Villanueva, y apenas unos meses después, a finales de julio, el Museo de Albacete fue víctima de otro asalto nocturno en el que cuatro encapuchados se llevaron más de 200 monedas de oro.

Al igual que ocurrió en esos centros de Extremadura y Castilla-La Mancha, lo sucedido en Villena golpea al corazón del patrimonio arqueológico ibérico. Descubierto en diciembre de 1963 por el arqueólogo José María Soler en la rambla del Panadero, este conjunto áureo de la Edad del Bronce está considerado el más importante de la Europa continental y el segundo de todo el continente, solo por detrás de las Tumbas Reales de Micenas en Grecia.

Compuesto por 66 piezas -principalmente cuencos, brazaletes, botellas y diversos objetos de oro, plata y hierro-, suma casi diez kilos de metal precioso labrado hace más de tres milenios, poseyendo un valor histórico e inestimable capaz de explicar la metalurgia y la estructura social de la Prehistoria europea.

Al rememorar el caso de Yoko Ono junto a esta reciente pérdida en Villena y los otros antecedentes, queda negro sobre blanco cómo la delincuencia orientada al arte adapta sus métodos a los distintos contextos y tipologías expositivas. Mientras en 2005 el reto se centraba en la vigilancia de espacios monumentales y abiertos al público, el asalto en Villena demuestra la audacia de grupos organizados capaces de desafiar recintos cerrados con medidas de seguridad de última generación.

La celeridad y precisión con la que se ejecutó la incursión en el museo municipal de Villena pone de manifiesto la extrema sofisticación a la que se enfrentan las instituciones culturales. Según los primeros datos de la investigación, un comando formado por tres personas irrumpió en las instalaciones en plena madrugada y logró perpetrar el golpe en apenas un minuto y medio.

Con una preparación quirúrgica, los asaltantes lograron neutralizar o esquivar los sistemas de protección y dirigirse directamente hacia la vitrina acorazada que custodiaba las piezas principales. La extrema rapidez de la acción y el conocimiento previo del espacio sugieren la intervención de una red altamente especializada en el expolio de colecciones de alto valor.

El robo de la obra de Yoko Ono en el Castillo de Santa Bárbara, de titularidad municipal y gestionado por el Ayuntamiento de Alicante, se produjo durante el transcurso de una exposición temporal en enero de 2005, cuando los ladrones lograron sustraer la pieza Family Album: mirror aprovechando la fluidez de paso del público y las grietas de supervisión en un recinto fortificado de gran extensión.

Pese al revuelo mediático y a la apertura de las correspondientes investigaciones policiales, las diferentes líneas de pesquisas no dieron frutos: nunca se llegó a identificar ni a detener a los autores del hurto, y la escultura quedó definitivamente en el paradero desconocido del mercado negro, convirtiéndose en un caso archivado sin resolución ni recuperación de la obra.

Se trata de algo que no debe suceder 21 años después por el valor incalculable del patrimonio arqueológico sustraído. La conmoción vivida en Villena es más comparable a la que se produjo tras el asalto a la Galería de Apolo del Museo del Louvre en el otoño de 2025. En ambos casos, el verdadero temor no radica en el mero valor económico del metal precioso, sino en la irreparable pérdida de un patrimonio histórico e insustituible cuya alteración o destrucción para el mercado negro asestaría un golpe devastador a la memoria colectiva.

Toda la atención apunta ahora al trabajo de las unidades especializadas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, con la ferviente esperanza de que la investigación culmine, como ocurrió parcialmente en el célebre museo parisino con las detenciones y la recuperación de la corona de la emperatriz Eugenia, con la captura de los responsables y la restitución intacta de este tesoro único a su vitrina.