La hija y los nietos de Chaves Nogales junto a Pérez Reverte, Trapiello y Jesús Vigorra

La hija y los nietos de Chaves Nogales junto a Pérez Reverte, Trapiello y Jesús Vigorra Efe

Toros

¿Qué hubiera sido de Chaves Nogales sin Juan Belmonte?

En Sevilla unas jornadas abordaron la obra del periodista y se planteó la pregunta contraria. Belmonte fue una figura que cambió el toreo; Chaves Nogales estuvo exiliado y olvidado. ¿Ayudó a su recuperación el matador?

Antonio Lorca se preguntaba en El País que qué hubiera sido de Juan Belmonte sin Chaves Nogales tras la finalización de las jornadas que recordaban al periodista en Sevilla. “¿Estaríamos hablando de Belmonte si Manuel Chaves Nogales no hubiera escrito su biografía? La respuesta fue unánime”, escribe. “No”.

¿Y al revés? ¿Qué le debe Chaves Nogales a Juan Belmonte? ¿Estaríamos hablando ahora de Manuel Chaves Nogales si no hubiera escrito la biografía de Juan Belmonte? “En parte tienes razón”, responde la estudiosa de la obra del periodista, María Isabel Cintas, y responsable de recuperarla al completo a EL ESPAÑOL. “Fue la única obra suya que se publicó durante el franquismo. Mantuvo el nombre de este periodista de una cierta actualidad”.

“La pregunta es difícil”, dice Agustín Díaz-Yanes al teléfono, director que acaba de estrenar el filme Oro, uno de los ponentes en Sevilla. “Chaves Nogales le debió mucho a Juan Belmonte. Este libro fue el más leído, el más vendido y el más importante de Chaves. Si no tengo mala memoria, debe estar por ahí, a su presentación en Inglaterra, cuando el autor estaba en el exilio, fue Juan Belmonte”.

“Gracias a esta biografía los taurinos cuidaron durante la dictadura y la Transición la llama de Chaves Nogales”, considera el periodista Juanma Lamet.

¿Pero quién era exactamente Juan Belmonte? Vicente Zabala escribió en Grandes maestros del toreo: “A Belmonte hay que atribuirle el soberbio viraje de los intelectuales y de toda la afición, que ya ve la fiesta de otra manera. Las corridas han dejado de ser una bárbara lucha para suavizarse y derivar por los senderos del arte”. Belmonte fue capaz de sacudirse el ambiente y cruzar a la orilla de la intelectualidad. Cuando toreaba llevaba “una espuerta llena de libros” y, tal y como aparece en el famoso libro, fue un enfermo de la literatura de aventuras. Tuvo relación con Julio Antonio, Romero de Torres, Valle Inclán, Pérez de Ayala, Enrique de Mesa, Sebastián Miranda, Dicenta, Répide, o López Pinillos. “Más bien normaliza a los toreros como artistas, los sienta en la misma mesa que al resto”, puntualiza Juanma.

Chaves Nogales en Asturias

Chaves Nogales en Asturias

Como torero fue diferente, un revolucionario capaz de competir con Joselito el Gallo convirtiendo aquellos años en la edad de oro del toreo. “Evidentemente Juan Belmonte ha sido uno de los creadores del toreo moderno”, advierte Paco Aguado, experto en aquella época, especialista en la vida y trayectoria de Joselito. “Digamos que Juan Belmonte no tenía regularidad. Cuajaba faenas impresionantes y le valían para seguir manteniéndose. Se lo pudo cargar El Gallo. No lo consiguió en los primeros años y cambió de actitud y lo que hizo fue cuidarlo porque se dio cuenta de que había que repartir el peso del poder”.

A punto de estallar, cuando se tambaleaba la República, España se dividió en dos primero en una plaza de toros. “Juan Belmonte es un artista, un intérprete. Es un torero que transmite patetismo y eso impresiona a la gente”, señala el crítico taurino. “No hay una rivalidad tan real en el ruedo como en los gustos de la gente. Había que ponerlo en su contexto: las masas empiezan a contar y empiezan los ismos artísticos. Juan Belmonte es el ismo”.

"CHAVES NOGALES BUSCA REVOLUCIONARIOS"

Y justo ahí Chaves Nogales acude a Belmonte para entender la época, poner en contexto la agitación que vive la sociedad cuando las novelas taurinas “están llenas de personajes de cartón piedra: el torero iba siempre de torero y al lado una chica vestida de flamenca”. Hizo algo diferente. “A Chaves Nogales le interesaron los revolucionarios y cualquier tipo de persona que tuviera dentro algo que les hiciera moverse. Precisamente utilizó esta figura para calmar los ánimos y establecer lo que en el año 35 estaba de actualidad. La revolución era el objetivo de las clases trabajadoras. Había unos conflictos fortísimos en la República. La misión era pacificar y distraer la atención. Más que distraer, entretener a través de un personaje que puede poner cordura en todos los niveles”, analiza Cintas.

Juan Belmonte, matador de toros parecía contado por el propio matador. “Chaves Nogales es experto en este tipo de trabajos. El periodista no aparece en él. Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas es una narración en primera persona que, en ocasiones, incluso ha pasado por autobiográfica”, escribe la investigadora en El Belmonte de Chaves Nogales, un artículo que apareció en 2007 en la edición 23 de la Revista de Estudios Taurinos de Sevilla. “Se entendieron a la perfección […] algo los hermanó desde el primer momento. […] El caso es que Belmonte contó a Chaves su vida […] y Chaves relató por escrito lo contado con tal perfección que no se sabe dónde empieza a hablar uno y acaba el otro. Introduce al protagonista desde la tercera persona y acaba dejando que sea el propio Belmonte el que cuente toda su vida”.

Juan Belmonte, en torno a 1910, en su casa

Juan Belmonte, en torno a 1910, en su casa Efe

Eso provoca que en muchas ocasiones el nombre de Chaves Nogales quede relegado. “El destino de Chaves parece estar determinado a estar escondido detrás de Belmonte, la figura del toreo. En la edición de Toronto de 1937 aparece […] el nombre del traductor al inglés con caracteres mayores que el del autor. […] En la edición de Nueva York de 1939 ni siquiera aparece el nombre de Chaves en la cubierta. Por mucho tiempo se creyó que eran las memorias de Belmonte, tal milagro de comunicación y complicidad se creó entre ambos”. El periodista sevillano llegó a manifestar lo siguiente: “Cuando algún erudito de otro siglo descubra que estas memorias fueron un libro popular y halle una edición que aún ostente mi nombre al frente, aspiro sencillamente a disfrutar de esa gloria discreta y regateada de aquel Per Abat que signa el manuscrito del poema del Cid. ¿Quién era este?, se preguntará. ¿El que escribió el libro? ¿El que sencillamente lo manuscribió? ¿El periodista que sacó de él provecho? ¿El editor? ¿Quién sabe?”.

LOS TOREROS TAMBIÉN LEEN

La “gloria discreta” de la que hablaba Chaves era el relato de pasajes, anécdotas y aventuras que aparecen en el libro como referencia eterna para los aficionados desde que Alianza publicó la primera edición en los años 70. La película Tu solo es el ejemplo. En Juncal también hay un poso de la novela. Juan Belmonte. A un siglo de su alternativa de Santi Ortiz recoge el relevo directo en la bibliografía sobre el matador. La fascinación por la luna llena pasa de Tablada a Chaves y de ahí al imaginario colectivo de la afición. La biografía es la primera lectura seria –y quizá última- de muchos novilleros y matadores. Los chavales que quieren ser toreros leen a Chaves Nogales mucho antes de que lo hagan otros de su generación. “Es muy conocido en esos ambientes”, confirma Cintas. “De hecho, fíjate, estuvo Morante en estas jornadas y dijo que el libro lo había leído la mayoría de los toreros”.

¿Han cuidado los aficionados a Chaves mientras estaba en el ostracismo? “No especialmente. No hay un cuidado especial. Lo leyeron pero no se volvieron hacia él. Se produce un intercambio. Esto lo he explicado un montón de veces. Para Chaves Nogales Belmonte es la persona que simboliza la única revolución posible: la superación personal. Logra el éxito en su profesión por el empeño en lograrlo”. Juanma Lamet consideraque los taurinos “son tan cazurros que no se preocuparon por nada más del autor. También ha habido siempre un desdén por parte de algunos intelectuales al ser un libro taurino, leído por taurinos, cuando estaban ante una de las grandes obras escritas en español. Ahora lo reivindican pero cuando el aficionado decía que era un gran libro no se les hacía caso, lo trataban como una anécdota”.

Díaz Yanes, hijo del banderillero Michelín, que escribió en Diario 16 una de las primeras reseñas de la biografía en prensa española, lo encontró “en el Ateneo, donde lo leí por primera vez. Cuando lo publicó Alianza lo compré y lo regalé”. Él también es partidario del intercambio entre ambos personajes, como apuntaba Cintas. “A partir de cierto momento Belmonte le debe mucho a Chaves Nogales, sin esa biografía sería un torero genial pero no había transcendido lo que ha transcendido fuera del ámbito taurino”.

La leyenda de Belmonte creció exponencialmente. “Ten en cuenta una cosa, que Juan Belmonte tiene un aurea mítica. Eso es gracias a Chaves Nogales, que cuenta sus inicios, esa vida romántica y novelera. Cuando se hace figura en el 18 y el 19 ya no es el mismo. Se convierte en un señorito andaluz”, describe Paco Aguado, que cree que la vida de Joselito “fue mucho más difícil que la de Belmonte pero que la muerte en la plaza secó toda la literatura. Era hijo del cuerpo y tuvo más facilidades taurinamente. Detrás de aquella tragedia no se ha escarbado nada”.

Aguado apunta al matador viejo Antonio Montes, “sordo como una tapia”, como precedente del toreo de Belmonte. “Esa era su forma de torear, que Belmonte mejoró. Tenía una intención y una filosofía que adentra el temple en la técnica de torear”. “Ante un toro de Piedras Negras dictó el canón del toreo ligado en redondo que luego puiló Chicuel”, recuerda Lamet.

AL FINAL ES MARÍA ISABEL CINTAS

Cintas habla de la importancia del periodista más allá de la obra con la que se cimentó su recuperación. “El tiempo ha demostrado que el trabajo de Chaves Nogales ocupa un lugar en el mundo del periodismo indudable. De Belmonte no sé, porque no soy taurina. Tiene una proyección más allá de Belmonte. La implicación con los acontecimientos de su tiempo le da otra dimensión muy distinta”. Como gallista, Aguado cree que la obra de Chaves Nogales era “un encargo”. “Salió en la revista Estampa, que era popular, y coincidió con unas de las reapariciones de Belmonte. Se fijaban más en la historia humana. Decir esto es una herejía”, concede, “pero está escrito en plan casi culebrón con entregas por capítulos que te disponen al siguiente”. A Chaves Nogales no le gustaban los toros. “Su padre sí tenía interés y había escrito algo. Pero él no fue nunca a una corrida”, vuelve a repetir María Isabel Cintas.

Sea o no por Juan Belmonte hay una cosa clara: la recuperación de Chaves Nogales es fruto del trabajo solitario de la investigadora sevillana. “Ha sido durísimo. Se hizo sin apoyos, con muchísimos años de trabajo muy duro. Desde luego que sin eso no se conocería a Chaves Nogales. Ahora, una vez que lo han dicho otros, lo puedo decir yo”.

Sus textos estaban dispersos. “Y muy deteriorados. Llegar a ponerlo como está ha sido muy difícil y se ha hecho con mucho esfuerzo. Hay un trabajo filológico detrás muy grande. La Diputación de Sevilla lo publicó después de haber recuperado yo toda su obra. Hubiera sido imposible sacar cinco tomos. Ni siquiera una editorial pequeña”, lanza. “A todas estas que sacan los libros ahora les hemos dejado algunos textos hasta picados. Quiero decir… Es una labor que requiere un tiempo de gestación, que tiene que prender en la opinión pública, visitando clubes de lectura…”, dice su madre literaria. "Muchas cosas".