Pilar García de la Granja.

Pilar García de la Granja. COPE

Sociedad

Pilar García, economista: "Se nos olvida, pero al año se van 1.000 € en cafetitos, galletas o un cruasán: son gastos hormiga"

Los gastos hormiga se llaman así porque son pequeños y parecen inofensivos de forma aislada, pero juntos abarcan una parte significativa de tus ingresos.

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Las claves

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Los 'gastos hormiga' como cafés, galletas o pequeños caprichos pueden sumar entre 600 y 1.000 euros al año.

Estos gastos suelen pasar desapercibidos porque son importes pequeños y frecuentes, pero su acumulación impacta notablemente en las finanzas personales.

Los expertos recomiendan registrar todos los gastos y fijar un presupuesto para controlar estos consumos.

Pagar en efectivo ayuda a ser más consciente del gasto, según la economista Pilar García.

Hay gastos que apenas llaman la atención cuando se producen. Un café antes de entrar al trabajo, una botella de agua, un paquete de galletas o un pequeño capricho de camino a casa parecen importes insignificantes. Sin embargo, cuando se repiten casi a diario, pueden acabar suponiendo una cantidad considerable de dinero al cabo del año.

Es lo que los expertos conocen como 'gastos hormiga'. La economista Pilar García ha recordado este fenómeno durante una intervención La Linterna de COPE en la que alertó sobre el impacto que estos pequeños desembolsos tienen en las finanzas personales.

"Se nos olvida, pero entre 600 y 1.000 euros al año se van en cafetitos,en un cruasán por aquí, en unas galletas, en una botella de agua o incluso en unas sandalias de 20 euros que te pones una vez y ya no vuelves a utilizar", explica.

¿Qué son los gastos hormiga?

Los gastos hormiga reciben este nombre porque, de forma aislada, parecen inofensivos. La mayoría no supera unos pocos euros y por eso suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, la repetición diaria o semanal hace que representen una importante fuga de dinero.

Un ejemplo sencillo basta para entenderlo. Gastar tres euros al día en un café y un pequeño tentempié supone alrededor de 90 euros al mes. Al finalizar el año, la cifra supera los 1.000 euros, una cantidad que muchas personas no habían previsto en su presupuesto.

Este tipo de gasto no se limita a la hostelería. También incluyen las compras impulsivas de bajo importe, las suscripciones que apenas se utilizan, las comisiones bancarias innecesarias o las pequeñas compras dentro de aplicaciones y videojuegos.

Precisamente porque suelen ser importes reducidos, el cerebro no los percibe como una amenaza para la economía doméstica. Por ello, los especialistas recomiendan registrar durante varias semanas todos los gastos, incluso los de uno o dos euros.

Solo así resulta posible identificar cuánto dinero se destina realmente a estos pequeños consumos. Otra estrategia consiste en fijar un presupuesto específico para este tipo de caprichos.

El objetivo no es eliminarlos por completo, más bien consumirlos de forma consciente y dentro de unos límites previamente establecidos.

También puede resultar útil buscar alternativas sencillas, como preparar el café en casa y llevarlo en un termo reutilizable o revisar periódicamente las suscripciones para cancelar aquellas que ya no se utilizan.

Asimismo, para Pilar García, además, la forma de pagar influye directamente en el control del gasto. La economista considera que el uso del dinero en efectivo ayuda a ser más consciente del desembolso que se realiza en cada compra.

"La mejor receta es pagar siempre en metálico, porque cuando se paga en metálico uno es consciente de lo que cuestan las cosas y de lo que es capaz de ahorrar. Así lleva muchísimo mejor sus cuentas personales", afirmó.

En una época marcada por los pagos con tarjeta y el teléfono móvil, los expertos recuerdan que el verdadero problema no suele estar en una compra puntual, sino en la suma de muchas decisiones aparentemente insignificantes que, con el paso de los meses, terminan teniendo un impacto mucho mayor del que parecía.