Imagen de un vehículo eléctrico cargando.

Imagen de un vehículo eléctrico cargando. iStock

Sociedad

Austria marca las normas: los coches eléctricos pueden circular más rápido que los coches de gasolina y diésel

Con el objetivo de reducir la contaminación, la ley da la ventaja de circular a velocidad máxima a los cero emisiones en algunos tramos autorizados.

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Las claves

Las claves

En Austria, los coches eléctricos pueden circular más rápido que los de gasolina y diésel en autopistas cuando hay límites de velocidad por contaminación.

La diferencia de velocidad puede ser de hasta 30 km/h a favor de los eléctricos gracias a la legislación IG-L, vigente desde 2019.

Esta excepción solo aplica cuando la reducción de velocidad es por motivos medioambientales y también beneficia a vehículos de hidrógeno, pero no a híbridos.

Los vehículos eléctricos extranjeros pueden acogerse a la norma si acreditan su condición de cero emisiones; infringir la limitación puede conllevar multas.

Austria cuenta con una de las normas de tráfico más particulares de Europa.

En determinadas autopistas, los coches eléctricos pueden circular más rápido que los vehículos de gasolina, diésel e incluso algunos híbridos cuando se activa una limitación de velocidad por motivos medioambientales.

La diferencia puede alcanzar los 30 km/h y responde a una legislación diseñada para reducir la contaminación atmosférica provocada por el tráfico.

El sistema está vinculado a la denominada IG-L, la Ley Federal de Protección contra la Contaminación del Aire de Austria. La modificación legal fue aprobada a finales de 2018 y entró en vigor el 1 de julio de 2019.

En un primer momento, la excepción estaba limitada a los vehículos eléctricos con matrícula verde austríaca. Sin embargo, en 2021 se amplió a los conductores extranjeros después de que la Comisión Europea cuestionara la posible discriminación dentro del mercado único.

La norma que limita las velocidades

En las autopistas austríacas, el límite genérico es de 130 km/h. Sin embargo, en determinados tramos donde la contaminación atmosférica alcanza niveles elevados se activa el régimen IG-L. En esos casos, la velocidad puede reducirse habitualmente hasta los 100 km/h.

La clave está en la señalización. Si debajo del límite aparece la indicación IG-L, la restricción tiene carácter medioambiental y los vehículos de cero emisiones pueden quedar exentos. Así, un coche eléctrico puede continuar circulando legalmente a 130 km/h, mientras que uno de gasolina o diésel debe hacerlo a 100 km/h.

La excepción también afecta a los vehículos de hidrógeno, mientras que los híbridos enchufables no pueden beneficiarse de ella porque cuentan con un motor de combustión. Los microhíbridos tampoco están incluidos.

No obstante, existe una condición fundamental: la excepción solo funciona cuando el límite se establece por motivos de contaminación.

Si la velocidad se reduce por obras, mal tiempo, tráfico o seguridad vial y la señal no incluye las siglas IG-L, los eléctricos deben respetar exactamente el mismo límite que el resto.

La normativa supone una ventaja práctica para quienes conducen vehículos eléctricos, especialmente en desplazamientos largos por las autopistas afectadas. Para identificar estos automóviles, los vehículos austríacos usan matrículas verdes, mientras que los extranjeros deben acreditar que es un modelo cero emisiones.

El sistema también persigue un objetivo ambiental: reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas procedentes de los motores de combustión en zonas especialmente sensibles, como algunos tramos de la A12 del Tirol.

Sin embargo, la peculiaridad de esta norma hace que muchos conductores extranjeros desconozcan su funcionamiento y las siglas IG-L. Incumplir una limitación ambiental puede acabar en una multa que supere los 90 o 150 euros, según las circunstancias.

Por ahora, este modelo tiene pocas posibilidades de trasladarse a España.

La velocidad está estrechamente vinculada a la seguridad vial y, aunque otros países ofrecen ventajas a los eléctricos mediante aparcamiento, peajes o carriles específicos, Austria mantiene una fórmula mucho más singular: permitirles ir más rápido cuando el límite se debe exclusivamente a la contaminación.