Playa del Trampolín, a las 9:30 de la mañana del 23 de septiembre.

Playa del Trampolín, a las 9:30 de la mañana del 23 de septiembre. Gustavo Molina Ceuta

Reportajes

El Gobierno dice haber filiado a 2.400 menores en Ceuta y que 7.000 inmigrantes han vuelto pero las playas siguen a rebosar

La crisis en Ceuta parece estar estancada: cada día se encuentran nuevos refugios de inmigrantes y las playas continúan invadidas.

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La mañana está nublada. El viento es levemente frío, como si el verano estuviese quedando atrás. El reloj marca poco más de las 9 de la mañana en las playas del Trampolín y de Benítez, los puntos donde resisten más de 3.000 inmigrantes en Ceuta.

A la vista de un forastero, además de la notoriedad de un poblado chabolista de más de un kilómetro sobre la arena, también percibiría que el movimiento es casi nulo a esa hora.

Solo unos cuantos están levantados. Algunos se despiertan porque necesitan orinar y, con el desparpajo de quien se siente en casa, se ponen de pie frente al mar y lo hacen al aire libre.

Otros, con menos pudor, orinan en cualquier botella que encuentran vacía y después la lanzan a la arena.

El olor ya es algo que inquieta a los vecinos. La arena está plagada de restos de comida y recipientes vacíos, además de la materia fecal que hay en el caño y también de las botellas con orín.

El ambiente en el Trampolín tampoco es el mismo. Ya se siente pesado, como si la gravedad finalmente estuviera ejerciendo un peso sobre lo que algunos ceutíes consideran un caso perdido.

El mercadillo, que EL ESPAÑOL reveló en exclusiva, fue desmontado pocos días después de la publicación. Eso ha traído consigo que muchos de los inmigrantes estén molestos con la Policía Nacional, ya que consideraban que esa era una fuente de ingresos para ellos.

Conforme pasan los minutos, empiezan a llegar algunos menores de edad que provienen del campamento del Puerto de Ceuta, donde están alojados.

Vienen cargados: traen barras de pan, leche, huevos y algún queso. Según el Ministerio del Interior, en la ciudad autónoma hay 2.400 menores filiados, algo que, a ojos de los habitantes, es imposible. "Hay muchos escondidos en pisos patera, dentro de las tiendas de campaña de las playas o en los montes. No entiendo para qué vienen si no tienen ni idea de lo que está pasando aquí", asegura Mario, un habitante de Ceuta.

Esa misma sensación de pesadez también la sienten quienes están en la ciudad. En un principio, el Gobierno aseguraba que en Ceuta deambulaban al menos 10.000 personas.

Ahora, paradójicamente, se contradice tras afirmar que casi 7.000 inmigrantes han regresado voluntariamente a Marruecos. Pero la realidad está lejos de ello: la ciudad sigue en crisis, con las playas ocupadas, los túneles con cientos de personas que no estaban contabilizadas, los pisos patera de los que no hay cifras y quienes todavía están escondidos en los montes.

Las playas, justamente, son el sitio más visible y donde se han registrado las problemáticas más fuertes, dado que la situación de salubridad, hacinamiento, invasión del espacio público y seguridad parece no tener una solución.

Entre tanto, el silencio en el Trampolín es interrumpido por alguien que vive en una de las chabolas.

—Quítate de aquí. Estoy harto —dice un migrante a una cámara que buscaba enfocarle.

Las miradas de rabia del resto de ellos acompañan a su colega. A lo lejos, uno lanza un insulto en árabe, que no es respondido.

Desfile

El despertador de los inmigrantes en el Trampolín es el sol cuando arrecia y calienta las lonas de las carpas. A medida que avanza la mañana, muchos empiezan a integrarse en la rutina.

Unos cuantos son los encargados de traer ramas de árboles y cartones que encuentran en la basura para que puedan prender el fuego. Por otra parte, las ollas donde calientan el agua o la leche suelen ser lavadas en el mar donde ellos hacen sus necesidades.

Sobre la media mañana, cuando la mayoría ya está despierta, llegan más de 200 personas provenientes del Puerto de Ceuta y de otros lugares de la ciudad.

"Eso es lo normal y es de cada día. El Trampolín se ha convertido en una especie de 'resort' al que vienen para estar hasta el atardecer y después aquí se quedan los que ya tienen una chabola", comenta Mario.

En la playa de Benítez, al lado del Trampolín, también se están empezando a levantar nuevas construcciones de ese tipo.

"El Gobierno está encubriendo muchas cosas y nosotros no entendemos el porqué. Quienes estamos aquí sabemos que las cifras en estos momentos son de, mínimo, unos 15.000 inmigrantes en la ciudad. Además, quienes están aquí no piensan regresar a su país", asegura una fuente militar a EL ESPAÑOL.

Túneles

Además de las playas, los inmigrantes se están escondiendo en recovecos que eran impensables.

Durante la jornada de este 24 de septiembre, los bomberos de Ceuta destaparon un escondite en los túneles subterráneos del Sarchal, en el monte Hacho.

Los pasadizos comunican la playa con los bajos del Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54. "Rompieron un tabique porque el muro estaba sellado, entraron y pusieron sus colchones y otros enseres", explicó uno de los bomberos.

Los inmigrantes se estarían escondiendo en este sitio desde hace dos meses, sin levantar sospechas en ninguna autoridad.

"Sabemos que como mínimo hay 15.000 personas en Ceuta, pero el problema está en los que no se identifican. ¿Alguien puede decir la cifra exacta de los invasores en las playas o en los montes? Es imposible. Dudo mucho que la normalidad retorne antes del 31 de diciembre, que es la fecha límite que puso el Gobierno", afirma la fuente militar.

Entre tanto, todo sigue su curso, aunque la vida se haya dividido. Los inmigrantes, por una parte, están decididos a quedarse en España, pase lo que pase. Y del otro lado están los habitantes, que claman por una solución que les permita retomar su normalidad.

"Aquí en Ceuta nadie es racista, pero lo que no podemos hacer es aplaudir una invasión por parte de Marruecos. Si el día de mañana Mohamed VI manda a tomar esta ciudad, ¿entonces lo recibimos con aplausos? El Gobierno no tiene controlado lo que está pasando aquí", concluye Mario.