Así recluta Putin carne de cañón en España para la guerra en Ucrania.

Así recluta Putin carne de cañón en España para la guerra en Ucrania. Arte EE

Reportajes

Las trampas de Putin para captar soldados en España: a Matías le prometieron ser cocinero y murió dos meses después en Ucrania

La maquinaria rusa atrae mercenarios mediante anuncios dirigidos a la diáspora latinoamericana, captadores por WhatsApp y falsas ofertas para trabajar.

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Rusia ha salido a buscar desesperadamente soldados en castellano para combatir contra los ucranianos, y lo está haciendo también dentro de España, aunque en el caso español, se dirige preferentemente a los entornos frecuentados por las diásporas hispanoamericanas, que son la diana de una feroz campaña de reclutamiento.

Las redes se han llenado de carteles, anuncios y falsas oportunidades laborales.

Para dar con los posibles candidatos se compran anuncios, se fabrican falsas agencias de empleo, se reclutan intermediarios locales y se persigue al candidato desde Facebook o TikTok hasta WhatsApp o Instagram, desde Lima hasta Bogotá y Madrid, desde Barcelona a Zaragoza o Valencia.

A menudo, el engaño es todavía más sucio: el uniforme desaparece del anuncio y en su lugar aparecen puestos de cocinero, mecánico, sanitario, vigilante, obrero o agricultor.

Y en medio de este esquema, España no solo es el territorio de una cacería. También está siendo utilizada como señuelo para atraer a latinoamericanos que creían viajar a Europa a trabajar y han acabado en Rusia, vestidos de verde y enviados a la trituradora.

Una investigación del Servicio Europeo de Acción Exterior siguió miles de anuncios y decenas de páginas hasta descubrir una infraestructura coordinada de al menos 35 webs en hasta 40 idiomas. Sólo en Meta localizó 85 anuncios pagados.

La campaña comenzó golpeando África en junio y en julio giró hacia los usuarios hispanoamericanos, con una atención específica a sus comunidades en España, Italia, Polonia, Rumanía y Bulgaria.

Detrás de esa pantalla empiezan a acumularse una enorme montaña de cadáveres, desaparecidos y familias que recorren consulados, embajadas, morgues, grupos de WhatsApp y bases de datos intentando descubrir dónde acabaron sus hijos y qué ha sido de ellos.

Perú, Colombia, México, Argentina, Paraguay y ahora Uruguay forman ya parte de una cadena internacional de escándalos que se repiten con variaciones inquietantemente parecidas: una promesa de dinero o de trabajo, un billete de avión, Rusia y después el silencio.

Al principio de la guerra, el flujo de combatientes hacia Rusia era más limitado. Entre los occidentales que se incorporaban al lado de Moscú abundaban los voluntarios ideológicos procedentes de ambientes comunistas, antifascistas, anti-OTAN o abiertamente prorrusos.

En España existe incluso el precedente de los mercenarios paleocomunistas que desde 2014 habían viajado al Donbás convencidos de estar librando una guerra contra el «fascismo».

El salto comenzó después. En 2023 aparecieron ya campañas organizadas en castellano para captar cubanos mediante Facebook y VK, con salarios de unos 200.000 rublos, vuelos, alojamiento y ciudadanía como reclamo.

Rusia había empezado a convertir aquel goteo inicial en una cadena de suministro.

Lo que ocurre ahora mismo es de otra escala. La ideología ha pasado a ser casi irrelevante para buena parte de la maquinaria: hacen falta hombres y hay miseria suficiente en este mundo para convertir la participación en una guerra en una tentadora oferta de trabajo.

"Lo que ofrecemos es un contrato con el Ministerio de Defensa ruso", le espeta por teléfono uno de esos agentes de los rusos a un uruguayo llamado Juanma afincado desde hace nueve años en las Islas Canarias.

A juzgar por su acento, se trata de un cubano. Habla sin apenas modular la voz y desgrana la oferta con la sequedad impersonal de un funcionario que recita un procedimiento aprendido de memoria, como si cada cifra y cada promesa formasen parte de un trámite oficial.

"El valor del contrato es de 30.000 dólares y el salario mensual de 2.600", prosigue recitando.

"Una vez llegado a Rusia se le trasladará a una base militar donde recibirá entrenamiento de cuatro a cinco semanas y en ese periodo de tiempo se firmará contrato y, una vez terminado el periodo de entrenamiento, le asignarán la región donde podría recibir las misiones combativas".

"Beneficios: tiene derecho a la ciudadanía rusa junto a su esposa e hijos y padres, salud gratuita, universidad, derecho a optar a empleo y acceso a viviendas subsidiadas por el Ministerio de Defensa ruso. En caso de fallecimiento o lesiones graves usted será indemnizado con una suma de 110.000 dólares. Debo decir que le garantizamos el boleto de ida gratuitamente".

Juanma tiene 39 años, y conoce bien el mundo militar porque sirvió en las Fuerzas Armadas uruguayas, antes de seguir el ejemplo de su madre, Raquel Silva, y emigrar a las Canarias. De eso hace ya nueve años, pero todavía sigue tramitando su regularización en España.

A los reclutadores su perfil les resulta muy atractivo porque está especializado en comunicaciones, fue técnico operador de radio, sabe manejar drones y habla cuatro idiomas.

Pero en realidad, el uruguayo no tiene la menor intención de ir a combatir por Putin.

Si logró dar con el cubano y destripar los entresijos operativos de la red que recluta hombres en España es porque lleva siete meses rastreando teléfonos, documentos, unidades militares, hospitales, morgues y grupos de familiares con la esperanza de lograr reconstruir buena parte del camino que llevó mediante embustes a su hermano desde Uruguay al frente.

A Matías Ignacio Amaro Silva le ofrecieron un trabajo de cocinero en Rusia y acabó siendo enviado a primera línea en el frente de Lugansk.

Matías Ignacio Amaro Silva, vestido con uniforme militar ruso durante su paso por las fuerzas de Moscú.

Matías Ignacio Amaro Silva, vestido con uniforme militar ruso durante su paso por las fuerzas de Moscú. EE

El 19 de abril, apenas dos meses después de pisar Moscú ya estaba muerto.

"La cosa en Uruguay está fastidiada desde hace bastante tiempo", dice Juanma.

"Y Matías se quedó sin trabajo, tenía deudas, una hija y vivía con lo mínimo: una cama, un televisor y ningún lujo. Estaba desesperado. Mientras trabajaba de taxista conoció a cierto tipo con quien llegó a intimar y un día le dijo que había una excelente oportunidad laboral en Rusia".

Matías tenía 36 años. Había servido en la infantería del Ejército uruguayo y había trabajado como funcionario penitenciario.

La oferta rusa se interpuso en su vida cuando su economía estaba a punto de estrangularlo. A modo de anzuelo, el reclutador le prometió que acabaría lejos de las trincheras, preparando comida para las tropas.

"A él le daban completamente igual las cuestiones políticas. Mi hermano aceptó porque le ofrecieron mucho dinero y vio aquello como una forma de salir adelante, ayudar a su hija y también a mi madre. Pensaba que había encontrado la solución para arreglar su vida", explica Juanma.

La familia apenas tuvo tiempo de enterarse de lo que estaba ocurriendo antes de que Matías estuviera camino del aeropuerto. Entre que recibió la oferta y su salida de Uruguay transcurrieron dos días. Es lo que hacen siempre: presionarles para impedir que alguien los detenga.

Según Juanma, "los reclutadores buscan que la persona salga del país en 24 o 48 horas como máximo para que no deje un rastro de migas que la familia pueda seguir luego ni disponga de tiempo para consultarlo. Se los llevan en caliente".

La madre se enteró cuando Matías se dirigía ya a abordar el avión a Rusia.

"Le rogué, le imploré: 'No te vayas'", dice Raquel desde las Canarias.

"Y él me decía: "Mami, yo quiero tenerte como una reina, no quiero que estés mal". Me repetía que si le pasaba algo tendría dinero para mí. Yo le contesté que no quería dinero, que lo que quería era a mi hijo. Se había apuntado para ir de cocinero. No pensaba que al llegar allí iba a encontrarse con una mentira enorme".

El engranaje ruso ya había comenzado a moverse antes de que él aterrizara. El 16 de febrero una traducción de su pasaporte fue notarizada en Moscú.

Dos días después, el 18 de febrero de 2026, Matías Ignacio Amaro Silva entró oficialmente en la Federación Rusa.

Matías Ignacio Amaro Silva, a la derecha, junto a dos militares rusos durante su proceso de incorporación.

Matías Ignacio Amaro Silva, a la derecha, junto a dos militares rusos durante su proceso de incorporación. EE

En Canarias, Raquel lleva siete meses consumiéndose al otro lado del teléfono. Tiene 68 años, ha pasado por una operación y el cuerpo le ha cobrado físicamente cada semana de incertidumbre.

"Yo estoy muy mal. Me hicieron cirugía y he perdido 28 kilos. Soy una muerta que camina y habla", dice.

Desde que recibió por cauces informales la noticia del fallecimiento de su hijo, su batalla consiste en conseguir que Rusia le dé alguna explicación sobre qué le sucedió a Matías.

Pero hasta ahora, el Kremlin les ha entregado pocos papeles y menos respuestas

El primero fue un certificado de defunción expedido el 28 de abril por una dependencia del 111.º Centro Principal Estatal de Exámenes Médico-Forenses y Criminalísticos del Ministerio de Defensa ruso, en Rostov del Don.

Fija la muerte de Matías nueve días antes, el 19 de abril, en Novolyubivka, en la región de Lugansk. Consigna una hemorragia y múltiples traumatismos provocados por explosiones y fragmentos durante una operación de guerra.

Y ni siquiera ese documento les llegó a través de las autoridades rusas.

Juanma cuenta que una familia colombiana que buscaba a otro combatiente acudió a una morgue de Rostov y una vez allí, después de localizarlo, les entregaron un fardo de certificados de defunción de latinoamericanos que no sabían cómo hacer llegar a sus familias.

Moscú ha refinado su estructura de captación pero carece de un sistema humanitario para compensar a los heridos o a las familias de los muertos, tal y como prometen contractualmente.

Ni devolver los cuerpos ni comunicar las bajas a sus familias es algo que les preocupe.

Entre aquel montón de documentos que les entregaron a los colombianos estaba el de Matías. Ellos comenzaron a moverlos por grupos de familiares hasta que el certificado acabó llegando a los Amaro. Ese es el mejor sistema que ha encontrado Putin hasta la fecha para trasladar a sus padres, sus esposas, hermanos e hijos el fallecimiento de los mercenarios.

El 4 de agosto, la familia presentó formalmente ante la legación rusa una petición para localizar y entregar los restos, recuperar sus pertenencias y su documentación militar y conocer qué había ocurrido con los seguros e indemnizaciones prometidos.

Raquel y Juanma aportaron muestras de ADN. La madre pagó unos 200 euros por la suya. La de la hija de Matías, de 11 años, permanece reservada por si resulta necesaria.

Tampoco Rostov despejó el camino. Una oficina civil de medicina forense respondió ese mismo 4 de agosto que no tenía información sobre Matías. El certificado que acreditaba su muerte procedía, sin embargo, de otra estructura: el sistema forense militar del Ministerio de Defensa.

Dos meses antes, el teléfono de Raquel había recibido un mensaje mucho más revelador. El 8 de junio, una mujer llamada Kristina Serguéievna escribió por Telegram: "Hola, Raquel Silva. Soy Kristina, de la unidad militar 31135".

Lo que le comunicó aquella empleada es que Matías había sido declarado judicialmente muerto. Cuatro minutos después se corrigió: "Disculpe. No por decisión judicial. Ha sido identificado".

Después preguntó si algún familiar residía en Rusia. Era la primera vez que alguien ponía un número de unidad junto al nombre del caído.

Tres ejemplos de anuncios de reclutamiento difundidos en TikTok y dirigidos a hispanohablantes.

Tres ejemplos de anuncios de reclutamiento difundidos en TikTok y dirigidos a hispanohablantes. EE

La investigación de EL ESPAÑOL sugiere que la mujer es Kristina Serguéievna Lanina.

El teléfono y el identificador de Telegram coinciden con los utilizados para contactar con Raquel; sus registros la sitúan en Kalíninets, sede de la unidad 31135, y una ficha de 2016 la vincula laboralmente precisamente con esa unidad militar.

Hay además otra coincidencia difícil de pasar por alto: Lanina aparece vinculada a la tramitación de pólizas y figura en 2026 como agente de seguros.

Su perfil actual de Telegram señala que recoge documentación para SOGAZ, una de las principales aseguradoras vinculadas a prestaciones de militares rusos, y para el denominado «98».

Ese cruce entre unidad militar, Kalíninets, seguros y el mismo teléfono desde el que notificó la muerte refuerza considerablemente la credibilidad de la comunicación que recibió Raquel.

La 31135 corresponde al 1.º Regimiento de Fusileros Motorizados de la Guardia, integrado en la División Tamán y el 1.º Ejército de Tanques de la Guardia. Su base permanente se encuentra en Kalíninets, en la región de Moscú.

El documento militar que vincule formalmente el número personal de Matías, СА-570746, con ese regimiento todavía no ha aparecido. La conexión procede, por ahora, de Lanina.

De acuerdo con la reconstrucción que hemos podido realizar, Matías pasó por el circuito militar de Rostov, recibió una preparación acelerada y terminó integrado en un grupo de seis latinoamericanos, varios peruanos, un mexicano y él.

Desde allí los enviaron hacia la primera línea del frente de Lugansk. Lo que Juanma sabe o ha asumido gracias al testimonio de un superviviente es que el grupo llegó a línea cero y quedó atrapado en un ataque muy intenso.

Dos de sus integrantes murieron por explosiones y los supervivientes lograron retroceder hasta línea tres «como pudieron». Uno acabó hospitalizado con heridas gravísimas y el rostro desfigurado.

La unidad en la que servía Matías tenía hombres combatiendo durante aquellas semanas en el eje de Limán, especialmente alrededor de Shandryholove y Zelena Dolyna.

El certificado de Matías sitúa su muerte el 19 de abril en Novolyubivka, a unos 18 kilómetros de la primera y 11 de la segunda. Todo converge en ese pequeño corredor al norte de Limán.

Siete meses después, Raquel todavía no ha visto el cuerpo ni dispone de un cotejo de ADN que confirme que aquellos restos sean los de su hijo.

La familia ha pedido su repatriación y acepta incluso que sea cremado si traer el cadáver resulta imposible. Pero la madre continúa aún aferrada a una posibilidad que los documentos rusos niegan: "Sigo esperando esa llamada de mi hijo".

Como ya anticipamos, España no es únicamente el lugar donde las redes rusas reclutan activamente a combatientes para el frente. Es también el señuelo.

Axel Rolando La Torre, bombero voluntario de la Compañía 9 del Callao, salió de Perú convencido de que había conseguido un trabajo bien pagado como paramédico en España.

Tenía experiencia en primeros auxilios y buscaba, como Matías, ayudar a sus padres y sus dos hijos. Su hermana recuerda que llamó contento: le habían dicho que iba a ganar bien en la madre patria.

Con el paso de las semanas, las respuestas de Axel comenzaron a sonar extrañas. Cuando su hermana le preguntó directamente dónde se hallaba, terminó confesando que había viajado a Rusia.

La familia perdió el contacto con él el 25 de mayo. Para entonces, aquel supuesto puesto sanitario europeo se había convertido en un servicio con el Ejército ruso en plena guerra.

La última reconstrucción procede de otro peruano que consiguió regresar. Contó a la familia que Axel pisó una mina y, antes de que explotara, gritó a sus compañeros que corrieran. La detonación le destrozó las piernas. Los demás tuvieron que abandonarlo allí.

En Colombia, Yeison Andrés Lugo Manrique y John Fredy Yanguma Serna, dos jóvenes de Tello, en el Huila, salieron de su país convencidos, según sus familias, de que iban a trabajar en el campo en España, con el viaje y los gastos pagados.

El truco funciona porque no promete una fantasía. Miles de latinoamericanos llegan cada año legalmente a España para trabajar en agricultura, hostelería, construcción, transporte y otros sectores.

Una falsa oferta para recolectar fruta en España resulta verosímil precisamente porque el corredor laboral existe.

EL ESPAÑOL ha tenido acceso además a un documento obtenido por Juanma durante su infiltración en la red que se presenta como Iron Group.

Bajo el título Mapa operativo y reclutamiento "Iron Group", el texto convierte la captación de soldados en un procedimiento dividido en cinco fases. Es casi un manual de televenta.

Si el candidato no responde, la orden es insistir a otra hora, tener en cuenta el huso horario y probar «todos los mensajeros»: teléfono, Telegram, WhatsApp.

Cuando contesta, el captador debe presentarse como representante de Iron Group / Legión Extranjera Rusa y desplegar la oferta: 220.000 rublos mensuales (unos 2.300 euros), un bono de 2,5 millones (unos 26.000 euros), seguro médico, beneficios sociales, suministro, ciudadanía y contrato por un año.

El segmento de edad de los candidatos que persiguen va de los 20 a los 55 años.

Después llega el interrogatorio. «Dígame con franqueza: ¿está considerando actualmente la opción de firmar o sólo tenía curiosidad?».

El manual ordena entonces al reclutador guardar silencio y dejar que responda. Si duda, debe preguntar «¿Qué le detiene?», identificar la objeción «en el acto» y neutralizarla.

Cuando obtiene un sí, empieza la extracción de datos: ciudad en la que se encuentra, estado de salud y, significativamente, si tiene el pasaporte físico en la mano. La última pregunta es casi un puñetazo: "¿Cuándo estaría listo si damos luz verde hoy?".

La quinta fase se llama "cierre logístico". La organización asume el coste del traslado, compra inmediatamente los billetes y registra la solicitud en el sistema.

El documento obtenido pone por escrito la misma urgencia que él había descrito al reconstruir la salida de su hermano: contactar, convencer, obtener el pasaporte y poner al candidato en movimiento antes de que alguien tenga tiempo de pararlo.

Que España sea para Rusia un enorme caladero de reclutas hispanoamericanos tiene lógica. En julio cotizaban aquí 347.467 colombianos, 247.209 venezolanos y 133.002 peruanos: 727.678 trabajadores sólo entre esas tres nacionalidades, sin contar a quienes ya poseen nacionalidad española.

Es sobre ese gigantesco universo hispanohablante donde el Servicio Europeo de Acción Exterior sitúa expresamente el giro de la publicidad rusa.

Las necesidades perentorias de Moscú están escritas en las cifras del frente. Sólo entre junio y agosto, el Estado Mayor ucraniano atribuyó al Ejército ruso 124.170 bajas entre muertos y heridos: 39.290 en junio, 42.860 en julio y 42.020 en agosto.

La cantera doméstica, además, cada vez está más agotada. En el primer trimestre de 2026 Rusia pagó primas federales de incorporación a unos 71.200 nuevos contratistas, la cifra más baja para ese periodo en tres años.

Durante el verano distintas regiones volvieron a elevar los bonos de firma y algunas comenzaron incluso a pagar a particulares por cada hombre que consiguieran conducir hasta una oficina de reclutamiento.

Es justamente esa necesidad desesperada de alimentar la maquinaria de su ejército la que les ha urgido a construir ese enorme entramado de mentiras.

El SEAE documentó carteles generados con inteligencia artificial camuflados como ofertas laborales genéricas que sólo revelaban su naturaleza militar después del clic; publicidad en español que enviaba a páginas de apariencia profesional para recoger teléfonos y datos de contacto; dominios recién creados y desechables que funcionaban como puentes hacia las verdaderas páginas de reclutamiento; y falsas agencias de empleo.

Fragmentos de la conversación mantenida por EL ESPAÑOL con Josué S. C. Q., el combatiente ecuatoriano localizado mientras seguía integrado en el Ejército ruso.

Fragmentos de la conversación mantenida por EL ESPAÑOL con Josué S. C. Q., el combatiente ecuatoriano localizado mientras seguía integrado en el Ejército ruso. EE

Alrededor de esa infraestructura existe además un ecosistema de propaganda en castellano que mezcla intoxicación y captación.

Lo que el manual de captación omite es qué ocurre tras el viaje a Rusia. Se trata de un secuestro porque, una vez en Rusia, muchos extranjeros procedentes de la parte pobre del planeta quedan atrapados en una red que les impide abandonar el país. A Matías le retiraron el pasaporte nada más llegar. Es lo habitual, de hecho.

La familia tampoco conserva el contrato que supuestamente debía protegerlo. Ni siquiera le permitieron fotografiarlo. Matías comprobó al hablar con el resto de sus camaradas hispanoamericanos que a cada uno le habían vendido una historia diferente.

También el dinero se deshace al otro lado de la frontera. Los reclutadores hablan de decenas de miles de dólares por el contrato, bonos, seguros e indemnizaciones de hasta 110.000 dólares en caso de muerte o lesiones graves. Pero son promesas hueras.

Putin sabe que ningún muerto va a levantarse de su tumba para reclamar sus dólares y si la familia se decide a viajar a Rusia, se estrella contra un laberinto burocrático de unidades militares, aseguradoras, consulados y certificados en cirílico.

En Perú se ha armado esta semana un colosal alboroto mediático tras la detención de un hombre investigado por trata de personas agravada por haber captado presuntamente a un peruano y facilitar su traslado a Rusia.

Este diario ha conseguido localizar a uno de esos combatientes mientras todavía se encontraba dentro del Ejército ruso. Josué S. C. Q., ecuatoriano, llevaba alrededor de seis meses incorporado a las fuerzas de Moscú cuando dimos con él mediante varios honeypots (perfiles trampa creados para atraer a reclutadores) utilizados para rastrear los circuitos de captación.

Desde España mantuvimos con Josué una conversación encubierta, sin revelarle inicialmente que estaba hablando con periodistas.

Josué quería salir. Aseguraba que no había disfrutado de vacaciones, denunciaba malos tratos verbales de comandantes y oficiales y decía que ni siquiera había cobrado el salario de agosto.

Preguntó cuánto costaría conseguir que anularan su contrato y abandonar Rusia. Estaba dispuesto a pagar 1.000 euros si lograban sacarlo de allí, cancelar el compromiso militar y conseguir que le abonaran lo que le debían.

"Soy el único. Todos los que llegaron conmigo están muertos", nos escribió. Los hombres de su grupo, precisó después, eran colombianos. Otros hispanohablantes habían seguido pasando por aquella base para ser enviados al frente. "Aquí pasan latinos, pero nadie ha quedado vivo".