Eva Isanta.

Eva Isanta. Alejandro Ernesto

Reportajes

Eva Isanta: "En la manifestación del 8-M he visto cómo a chicos que estaban ahí se les decía 'tú aquí no, ¿qué haces aquí?'"

David Uclés tiene el derecho a elegir, uno puede implicarse políticamente cuando algo le toca el corazón // "Los padres ahora somos algo más enrollados, asumimos que los hijos estén en casa por no poder emanciparse".

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Quién me iba a decir que una de las mayores miradas de Medusa con las que me cruzaría en mi vida sería de la Eva Isanta. Te deja de piedra. Como un guijarro. Si estuviéramos en la película Golpe en la pequeña china (1986), a Isanta la sacrificarían para revivir al villano sin pestañear.

Decía que me sorprende, que me sonroja, hacerme cargo ahora de esas canicas de jade, o de aceituna temprana, porque el de Isanta es un rostro que ha acompañado a mi generación toda la vida. Forma parte de un imaginario televisivo, juvenil y adolescente, como los Pokémon o los cigarrillos con sabor chocolate (el Diablo los tenga en su gloria).

Pero ahora aquí, en el restaurante Contrastes, del madrileño barrio de Salamanca, esas facciones tantas veces vistas, desde los armatostes catódicos con barriga cervecera hasta llegar a las pantallas planas, albergan una sinceridad diferente. No es Bea, de 'Aquí no hay quien viva'. No es Maite, de 'La que se avecina'.

Eva Isanta durante la entrevista con El Español.

Eva Isanta durante la entrevista con El Español. Alejandro Ernesto

Tampoco Isabel, de 'Farmacia de guardia'. O la juez de 'Machos Alfa'. Ni desde luego 'Doña Inés', de 'Don Juan Tenorio', el que fuera su primer papel en teatro allá por los lejanos noventa. Es Eva. Eva Isanta, una mujer, una madre; emocional, inteligente y divertida que asegura: “confiar en la maldad del ser humano”, sin perder de vista su deseo de que la belleza y el amor alcancen a urdir su victoria.

Isanta se confiesa con asumido rubor un poco hippie. Al menos en su visión de lo que deberían priorizar las personas. También comparte la idea de que en el amor hay una revolución válida y prometedora.

Lo mismo opina de la comedia. Un género en el que se ha profesionalizado, a pesar de seguir estando, según ella, maltratado y minusvalorado. Una paradoja si tenemos en cuenta que entre las películas mejor valoradas del siglo XX se cuentan no pocas de Billy Wilder, quien vertió el ingrediente principal de la carcajada en sus historias. No una carcajada chasca, entiéndase. Sino una carcajada afinada y genuina.

Eva Isanta.

Eva Isanta. Alejandro Ernesto

Si vas a decir la verdad, sé gracioso o te arriesgas a que te maten, rezan citas apócrifas que van desde Oscar Wilde al propio Wilder. Isanta coincide. La comedia permitió a los chufleteros de la corte descargar, bajo la sorna, sus críticas al poder. Un dedo que señala desde la risa, pero que tampoco esquiva la seriedad, como demuestra su papel de Valeria en la última película de los hermanos Sepúlveda: Idilia (2025). Un

film de ciencia-ficción intimista sobre la Inteligencia Artificial y su relación con los humanos.

Aunque más allá de prometedores avances, Eva, en fin, se sigue diciendo analógica. Lo mismo que la agradable charla que mantenemos. Y eso que sostenerle la mirada a veces es un desafío. Porque, de veras, te atraviesa.

PREGUNTA.- Antes incluso de empezar, ya me ha planteado ciertas dudas de cara a las entrevistas y los medios. No es la única. ¿Qué cree que le escama tanto a la gente del periodismo?

RESPUESTA.- Muchas veces tú confías y te quieres abrir en la entrevista, pero luego llegas y se tergiversan cosas. Titulares un poco carnaza, por ejemplo. A mí me ha pasado varias veces cosas tan absurdas como hacer una entrevista de preguntas rápidas, pero interesantes, y acabar poniendo de titular que soy ‘pro-tanga’. Pero ¿de qué quieres hablar? ¿De sexo? ¿De ropa interior? ¿De qué estamos hablando?

P.- ¿El gremio peca de amarillismo?

R.- Sí, y es una pena porque no tendríamos que desconfiar de los periodistas. Soy consciente de las presiones del mercado. Hay que vender para leer. Pero volvemos al meollo de la cuestión, que estemos en un momento donde la autenticidad está denostada.

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Eva Isanta. Alejandro Ernesto

P.- Parece que piensa que las cosas han cambiado. Yendo a su profesión, ¿dónde ve esas transformaciones desde los años 90, cuando empezó?

R.- Las cosas han cambiado bastante, aunque no creo que en lo sustancial. El motivo que te lleva a elegir esta profesión, que es una forma de vida, debe mantener lo esencial: la pasión y la vocación. Si no tienes eso te hundes. Hay muchas temporadas en las que tienes un vacío de trabajo, y en las que económicamente puedes tener problemas para salir adelante. Consideramos que esta profesión solamente es éxito y fama, y todo lo que queda en el tintero rara vez se cuenta.

P.- ¿Dónde sitúa el principal salto generacional?

R.- Hay una parte de la juventud, que a lo mejor no es culpa de ellos, sino simplemente del sistema que hemos creado, a la que a lo mejor una productora potente les hace pensar que son la parte bonita del oficio. Y entonces les ofrece limusinas, altos salarios, fama y una serie de cosas que tienen que ver más con la vida de un famoso, o de un influencer, que de un actor o una actriz.

Eva Isanta.

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P.- Su experiencia fue muy distinta.

R.- Yo empecé clavando clavos en un grupo de teatro de Getafe. Tampoco he tenido ningún problema en irme a hacer un microteatro con una amiga y pintar nosotras las paredes del espacio. Eso es muy diferente a que tú consideres que vas a ir siempre con una alfombra roja puesta y vestida de marca.

P.- Entiendo la disociación de los actores con el mundo influencer. Al fin y al cabo, hoy el número de seguidores parece haberse convertido en un criterio laboral.

R.- Para algunas empresas, la actriz que más seguidores tiene es la candidata correcta. Me parece que esos baremos deberían ser muy relativos. Me niego a creer que lo que yo puedo aportar como artista depende de un algoritmo.

P.- ¿Cree que esa presión constante afecta a la autoestima?

R.- Claro. Por eso me alejo. Me preocupa mucho más mantener mi cabeza y mi corazón bien alineados. Mi autoestima a salvo. Con los años he aprendido a cuidar esas partes de mí por encima de estar pendiente de lo que hacen los demás.

P.- Ha desarrollado gran parte de su carrera en la comedia. ¿Cree que sigue estando infravalorada?

R.- Se piensa que el humor o la comedia es frivolidad. Como actriz de comedia ‘exitosa’, estoy vinculada a un género que se relega a un segundo término de importancia, cuando no es así, porque todos necesitamos entretenernos. Hay que frivolizar sobre los grandes temas. Ver que el humor ha sido siempre un dron que nos permite mirarnos desde arriba y relativizar la situación para poder reírnos de nosotros mismos. Lo mismo que para señalar aquello que falla en la sociedad.

P.- Sobran excusas, sin duda, para carearse desde la comedia contra el poder. Donald Trump es un buen ejemplo, el lamentable estado institucional en España, la polarización creciente, etcétera.

R.- Muchas veces no me lo creo. No entiendo al ser humano. Quiero tener esperanza en la bondad humana, pero cuando suceden estas cosas veo que vence la estupidez y empiezo a confiar en la maldad. Y todos somos un poco responsables de lo que está ocurriendo. Para mí tiene que ver con el miedo y con desconectarnos de la realidad.

Eva Isanta.

Eva Isanta. Alejandro Ernesto

P.- Una de las realidades que más preocupa hoy a los españoles, de hecho, es la vivienda. En 1994 salió en la película de Alfredo Landa: Por fin solos. Dos padres que se las ingenian para echar a los hijos de casa. Hoy lo de independizarse se ha puesto bastante duro...

R.- Ese argumento sería hoy de lo más cruel. Yo tengo un hijo que está estudiando y trabajando. Conozco muchos jóvenes en su situación y, a pesar de ese esfuerzo, no pueden irse de alquiler, no digamos ya comprar una vivienda. Los padres, que creo que ahora somos algo más enrollados, asumimos que los hijos estén en casa porque empatizamos con esa situación. Intentamos ponernos en su piel. En eso creo que ha cambiado el concepto de familia por lo vivido y la precariedad.

P.- También han cambiado las relaciones, la convivencia y hasta la idea misma de pareja.

R.- Ha cambiado el concepto de cómo nos relacionamos en general. Por ejemplo, a lo mejor yo, que he estado casada 20 años, ahora no me apetece convivir con nadie. No sé lo que voy a pensar en otro momento, pero eso antes no era una opción. No era viable. Ahora puedes elegir un poco cómo quieres entender las cosas. Cómo las quieres mostrar. Sin ir más lejos, la elección de tu orientación sexual es un derecho. Tienes derecho a mostrarte cómo eres. Todo eso va cambiando, y para bien, excepto en sectores radicales que son una minoría peligrosa y que hay que vigilar para que no se propague como un cáncer.

P.- De hecho, yendo a las orientaciones sexuales, usted ha interpretado varios papeles haciendo de lesbiana. Como Bea, de 'Aquí no hay quien viva', o su papel en el cortometraje Los amantes circulares. ¿Diría que ha cambiado la forma de encarar estos personajes? ¿Cómo se relaciona con ellos la sociedad?

R.- La libertad de elección ha sido una gran conquista política y social que puede verse en la ficción. El problema es que tenemos la piel muy fina. Estamos en un momento en el que no se puede decir absolutamente nada porque algún colectivo se va a sentir ofendido. Eso viene siempre de una represión o de haber sido maltratado. Funcionamos por acción y reacción. Esa ofensa es un síntoma, esperemos pasajero, de una experiencia represiva.

P.- Hablando de Alfredo Landa, hace poco ha muerto otro hito del cine español, Fernando Esteso. Su cine del destape hoy está francamente mal visto, incluso desde la descontextualización. ¿Cree que hay una cierta mojigatería en esto? Al fin y al cabo, en los años ochenta aquello era sinónimo de liberación.

R.- Para mí son cosas diferentes. Esa hipersexualización proviene de una sociedad en la que el hombre era el único que tenía instintos sexuales y la mujer era un mero objeto a su servicio. Se instrumentalizaba de esa manera. Hoy por suerte las cosas han cambiado y ahora podemos levantar la mano y decir que no nos vale cierto lenguaje, o un humor con un carril de un solo sentido.

Eva Isanta.

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P.- Salvo para los radicalismos.

R.- Claro, que encima hacen mucho ruido. En ambas bancadas. Yo puedo ser, por ejemplo, hembrista... a no confundir con el feminismo, por favor, que sigo teniendo que explicar, incluso a gente de mi generación y a gente más joven, que el feminismo es la igualdad entre hombres y mujeres. Pero eso proviene de polaridades absurdas.

Yo he vivido en una manifestación del Día de la Mujer cómo a chicos que venían acompañándonos se les decía ‘tú aquí no, ¿qué haces aquí?’. Y, desde la calma, las mujeres que estábamos con ellos respondimos: ellos están aquí igual que tú, con el mismo objetivo. ¿Qué quieres? ¿Crear una guerra? Hay gente que se radicaliza por carencia. O por negocio.

P.- Es casi antipolítica. En vez de proponer su objetivo es atacar.

R.- Claro, porque les falta creatividad. Les faltan ganas. Los discursos radicales echan a la gente. Atrapan a cuatro carentes que necesitan una bandera. Es lo que pasa con las radicalizaciones: siempre hay una pandilla de zumbaos a los que puedes captar, porque todos necesitamos una causa. Y piensan que la mejor defensa es un buen ataque, que me parece algo horroroso.

P.- Suena a programa electoral.

R.- Es lo que están haciendo nuestros políticos. Estamos viviendo en una sociedad en la que yo primero te muerdo y luego te pregunto. Lo malo es que eso azuza mucho las identidades. Y todos necesitamos identidad. Yo me he criado en Getafe, con tribus urbanas: heavys, punkis, pijos, rockers. Eso me dio una riqueza enorme. Soy actriz gracias a las casas de cultura, a esa política social y cultural de los ochenta. Aprendí valores, aprendí a tolerar. Había palizas, había navajazos, no era gratis. Pero aprendías. Hoy los discursos de odio hacen lo mismo que entonces, pero sin navaja: con la palabra. Y la palabra puede ser muy peligrosa.

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P.- Hablando de la palabra, no sé si ha estado al tanto de la última polémica con el escritor David Uclés, y su rechazo a acudir a un congreso sobre la Guerra Civil organizado por Pérez Reverte. Su argumento fue la presencia en el panel de José María Aznar y de Iván Espinosa de los Monteros, con quienes no se alineaba. ¿Cree que hizo bien?

R.- Estoy de acuerdo con él. Creo que está en su derecho a elegir. Que uno puede implicarse políticamente cuando algo toca la dignidad o el corazón, y cada cual es libre de manifestarse por lo que le mueve. El problema surge cuando expresar una opinión se etiqueta automáticamente como política y se polariza a la persona. Tengo amigos de todo tipo y creo en la tolerancia, aunque la intolerancia ajena a veces la pone a prueba. Aun así, he aprendido que prejuzgar es un error: la verdadera tolerancia consiste en no juzgar por las apariencias, sino mirar a los ojos, escuchar y ver qué podemos aportarnos mutuamente.

P.- Creo que tuvo un enfoque similar cuando, tras las polémicas declaraciones del cantante Henry Méndez sobre su “odio a los rojos”, para las fiestas de Vallecas del año pasado, usted dio un pregón desde la conciliación del barrio.

R.- Totalmente. Yo opté por el equilibrio. Por no radicalizar el discurso y suavizar. Desde el amor puedes neutralizar. Desde la serenidad puedes neutralizar. Yo creí en volver al barrio, a la comunidad, a lo pequeño. A los panaderos, a los trabajadores, a la gente de Vallecas. Allí estaban todas las fuerzas políticas apoyando las fiestas. Volvamos a eso. De hecho, ese señor pidió disculpas por sus palabras.

P. - ¿Se le debe exigir algo a los actores, a los artistas?

R.- No se puede exigir a nadie que se defina ni que tome partido. Cada uno actúa desde el corazón y se expresa, si quiere, a través de sus actos. El compromiso existe, pero es con los propios valores y en los términos que cada cual elige, sin obligación de exponerse públicamente ni de dar explicaciones, y eso no impide asumir cualquier personaje o trabajo como artista.

Eva Isanta.

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P.- ¿Alguna cosa que haya aprendido y se aplique con los años?

R.- La neutralización me funciona: si alguien no me interesa o busca discutir, me voy o me callo, y el silencio puede ser una herramienta eficaz e incómoda. Otra cosa distinta es el papel de quienes representan a otros o frente a las instituciones, donde sí corresponde accionar y no guardar silencio.