María Serrano, la guardia civil que venció a un general por denunciar corrupción en el Seprona: absuelta tras 10 años

María Serrano, la guardia civil que venció a un general por denunciar corrupción en el Seprona: absuelta tras 10 años Carlos Márquez/EE

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María Serrano, la guardia civil que venció a un general por denunciar corrupción en el Seprona: absuelta tras 10 años

El general Fernando Mora Moret se querelló contra ella en 2017, en 2025 se convirtió en la primera denunciante de corrupción protegida del Cuerpo, y ahora la han absuelto, en sentencia firme, al estimar que no mintió en su denuncia.

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Durante años, María Serrano fue una pieza más en el engranaje de la Guardia Civil: brigada, especialista en perseguir delitos ambientales y urbanísticos, jefa de equipo del Seprona en Sevilla... Ingresó en el Cuerpo en 1993 y en 2009 desembarca en el Servicio de Protección de la Naturaleza del Instituto Armado.

Allí empieza a ver -y a documentar- lo que ocurría dentro de su propia unidad: presuntas irregularidades en la gestión de residuos y en el comercio de productos pesqueros, conflictos de intereses de compañeros y una cadena de mando dispuesta, como mínimo, a mirar hacia otro lado.

Luego fue a lo máximo: un general se querelló contra ella por la jurisdicción militar por interponer denuncias falsas contra los compañeros a los que investigó, junto con otro agente, por irregularidades, siguiendo la cadena oficial para tramitar este tipo de casos en el seno de la Guardia Civil.

La denunció quien entonces era el jefe de la Comandancia de Sevilla: el general Fernando Mora Moret.

Han sido 12 años de calvario y otros diez de juicios, en los que ha perdido su destino, su vivienda oficial... pero no las ganas de luchar.

El Tribunal Militar la acaba de absolver. La brigada María Serrano no incurrió en denuncia falsa. ¿Lo esencial para ella? Que la sentencia la absuelve porque nunca mintió.

Durante más de diez años su vida ha sido campo de batalla.

Tres años después de querellarse contra ella y pedir un año de prisión para María, Mora Moret se convirtió en el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, ascendido por el ministro Fernando Grande- Marlaska. Lo ha sido hasta 2024. En la actualidad su puesto es de Jefe de la 1ª Zona de la Guardia Civil en Madrid.

El origen

Estando en el Seprona de Sevilla, empiezan a cruzarse en la mesa de María expedientes sobre residuos industriales y aceites usados, movimientos de mercancía sin trazabilidad clara y actuaciones que, según relató a EL ESPAÑOL, no terminaban de cuadrar con la misión del servicio.

A ello se suma un frente inesperado: las fricciones con un cabo del propio Seprona que se niega a cumplir órdenes de María, quien es su superior, y cuya conducta, con el tiempo, acabaría en el centro de sus denuncias.

"Era la típica persona que se encuentra molesta porque tenía a otro por encima, y además, que era una mujer. Me encontraba con comentarios como que quién era la niñata ésta. Todo era una contrariedad. No estaba de acuerdo con nada. Me cuestionaba, iba por libre. Me decía que no tenía por qué darme cuentas. Una persona así tiene tela marinera. No lo hizo sólo conmigo".

Lo que comienza a denunciar María se concentra en dos ámbitos. Por un lado, la gestión de residuos peligrosos y aceites usados, en la supervisión de plantas donde la documentación no refleja con precisión qué entra, donde no se comprueba la composición de los tanques y donde estima que hay fallos de trazabilidad.

Por otro, el control pesquero. María asegura que este cabo del Seprona firmaba denuncias contra operadores del sector y, al mismo tiempo, elaboraba pliegos, recursos y estrategias de defensa para entidades como mercas y empresas implicadas en esos mismos procedimientos.

Un doble papel que consideró que dibujaba un conflicto de interés frontal en expedientes con sanciones de miles de euros.

Se investiga, e imputan a este cabo primero. Pero los hechos se archivan, al haber prescrito.

La "riña paternal"

A partir del momento en que eleva informes y notas internas sobre estas irregularidades, e imputan al cabo, la historia se transforma en otra crónica. Serrano empieza a encadenar expedientes disciplinarios, cambios de puesto, la pérdida de la vivienda oficial vinculada a su destino y una baja psicológica prolongada.

Es en esas fechas cuando es convocada a una reunión en el despacho del jefe de la Comandancia de Sevilla. Quien, posteriormente se querellará contra ella.

"Estaba fuera de sí. Fue todo a viva voz", narró María a EL ESPAÑOL. Entre otras cosas, le dijo que era ella "quien no encajaba en la unidad, que estuviera quieta de una puta vez, que no había ganado (al cabo primero), que dejara de sacar mierda de la unidad, que hiciera las maletitas y que me largara del Seprona".

De aquel despacho salió llorando. "Fue una humillación descomunal. Un comandante, que lo oyó todo, como todos los que estaban en la planta, me cogió y me sentó en un despacho hasta que dejé de llorar. De allí me fui a mi casa, a recapacitar. Y luego fui al médico civil de la Comandancia, que consideró que tenía que darme la baja".

Fue cuando le abrieron un expediente, el primero de muchos: el de pérdida de aptitudes psicofísicas. También le quitaron el pabellón, el destino, el arma y la especialidad. María osó acusar a la cadena de mando de actuar para tapar lo sucedido con aquel subalterno.

En paralelo, solicitó la apertura de un expediente al jefe de la Comandancia de Sevilla por lo ocurrido en aquel despacho.

-Lo que luego dijo el juez militar, que la humillación a la que me sometió a gritos fue una riña paternal, fue para enmarcarlo. ¿Yo puedo darle una riña maternal a un hombre?

En paralelo, quienes aparecen señalados en sus informes continuaron sus carreras: el cabo mantuvo su plaza y el general al que vinculó con la tolerancia a esas prácticas acabó ascendiendo hasta la cúpula del cuerpo: Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil.

María, en una imagen tomada con motivo de un reportaje publicado en EL ESPAÑOL en 2024.

María, en una imagen tomada con motivo de un reportaje publicado en EL ESPAÑOL en 2024. Carlos Márquez

En el juicio militar por denuncia falsa, celebrado a finales de 2025, la acusación presentó a Serrano como una guardia civil que habría mentido deliberadamente para destruir la reputación de sus superiores.

La defensa sostuvo que María se limitó a cumplir con su deber: informar de indicios razonables de corrupción, apoyados en documentación y en prácticas que se comentaban abiertamente en la unidad a la que pertenecía.

La informante protegida

En estos años, el contexto normativo cambia. La Unión Europea aprueba la Directiva 2019/1937 sobre protección de personas que informan de infracciones, y España la transpone con la Ley 2/2023.

El texto crea la figura del informante protegido, fija canales internos y externos de denuncia, regula la figura de “revelación pública” y prohíbe represalias laborales contra quienes saquen a la luz supuestos casos de corrupción o infracciones graves.

Serrano había cumplido con todo lo que se exige en esa nueva Ley, pero solo le falta un precepto: el de la revelación pública. Así, en agosto de 2024, convoca en Sevilla una revelación pública en forma de rueda de prensa sobre lo ocurrido en el Seprona.

Lo hace todo ajustándose a los requisitos de la ley. Utilizó cauces internos, acudió a las autoridades competentes y su testimonio tenía un evidente interés general, tanto por el impacto ambiental de los hechos como por la implicación de mandos de un cuerpo armado.

La Autoridad Independiente de Protección del Informante reconoció su condición de 'persona informante protegida'. La primera denunciante protegida de la Guardia Civil bajo la Ley 2/2023. Sobre el papel, supone un escudo frente a nuevas represalias y un mensaje.

Lo que hizo María Serrano encaja en el tipo de actuación que la ley tiene que fomentar, no castigar. Para la AUGC, ese reconocimiento como informante protegida "avala la legitimidad de sus actuaciones frente a quienes intentaron criminalizarla".

Es entonces cuando la Fiscalía militar acaba retirando la acusación el pasado mes de diciembre y el tribunal escuchó a testigos que acreditaron la existencia de comentarios y situaciones coherentes con la versión de Serrano. Hace unos días ha llegado la sentencia absolutoria, que ya es firme. El general Mora Moret no la ha recurrido.