La joven, de 23 años, sufrió graves lesiones mientras estaba encerrada en una vivienda en el pueblo.

La joven, de 23 años, sufrió graves lesiones mientras estaba encerrada en una vivienda en el pueblo. Diseño: Arte EE

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Antonia, la esclava doméstica de Garrapinillos torturada por 120 días: su familia la raptó, quemó sus genitales y casi la mata

Cuatro parientes la retuvieron en contra de su voluntad en una vivienda de la localidad zaragozana porque "no hacía bien las tareas de la casa": "Si no limpias bien, paliza".

Varios de los familiares, de etnia gitana, tienen antecedentes previos por delitos como robos con violencia o atentado contra la autoridad, pero uno de ellos cumplió una condena de 12 años por asesinato.

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Garrapinillos (Zaragoza)
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Le quemaron los genitales con un soplete. Los dedos de las manos están entablillados porque la obligaban a reventárselos con un martillo. Los brazos, con quemaduras de hasta 250ºC de la plancha ocultan sus tatuajes. Y las heridas, sin sanar porque se las pinchaban con un tenedor para reabrirlas.

Antonia V., 23 años. La víctima. Garrapinillos, barrio de la provincia de Zaragoza. Un lugar tranquilo, a priori, salvo por "algunas zonas". "Cuidado con meterte por ahí. Es una barriada llena de gitanos. Yo no iría", avisa un vecino al reportero de EL ESPAÑOL desplazado a la localidad maña.

Garrapinillos pertenece a la ciudad de Zaragoza. La Junta vecinal cuenta 5.393 habitantes. El regente de un bar de la plaza mayor de la región habla sobre los presuntos torturadores: "Venían a tomar café y se iban. No se relacionaban mucho con la gente. A la niña hace bastante que no la veíamos, hasta que salió la noticia en la tele."

Cartel que señala la barriada donde se encuentra la vivienda.

Cartel que señala la barriada donde se encuentra la vivienda. A. B.

En la casa número 2 del Camino de la Almenareta sucedió el secuestro, acompañado de vejaciones, insultos, palizas y una larga lista de actos de la más bajeza humana. Una ubicación no tan fácil de hallar, dado que se encuentra a unos cuantos kilómetros del municipio y hay que buscar con lupa por las decenas de caminos con los que cuenta la zona.

La vivienda, amurallada y de color amarillo, cuenta con varios vehículos en su interior. Además, tiene una piscina en medio de una zona ajardinada. Está rodeada de más parcelas, donde se observan caballos y cerdos. A veces se encuentra cerrada a cal y canto. Otras, abierta de par en par.

La vivienda donde sucedieron los hechos.

La vivienda donde sucedieron los hechos. A. B.

"Si no limpias, paliza"

Isabel H., Antonia H., Jaime G. y Yanira G., de etnia gitana, torturaron durante 120 largos y extensos días, unos cuatro meses aproximadamente, a Antonia V. porque "no hacía bien las tareas de la casa". A pesar de todo, la víctima no estaba encerrada en un zulo o atada a un radiador en un sótano. Estaba con ellos, sus torturadores, sus tíos abuelos y sus primos. A raíz de los golpes, la víctima permaneció hasta 12 días ingresada en un centro hospitalario.

Yanira se fue a esta casa del Camino de la Almenareta a vivir con el resto de convivientes. Eran siete personas. Cuatro mayores de edad, mencionados anteriormente, dos menores y Antonia V., la víctima.

"Durante los primeros tres meses de convivencia no hubo tantos problemas, a pesar de que tenían a Antonia haciendo todas las tareas de la casa, la tenían de sirvienta", sostiene la abogada de Antonia V., Marina Ons, en conversación con EL ESPAÑOL. "Llegó a ser una esclava doméstica", añaden otras fuentes de la investigación.

Pero luego el asunto se torció y el ambiente comenzó a ennegrecerse. Si no "limpiaba bien", recibía una paliza; si no "dejaba las cosas rectas", paliza; si la "comida estaba sosa", paliza. "Si no hacía bien las cosas, la metían un palizón", agrega su defensora.

El pie de Antonia V. tras las quemaduras y los golpes.

El pie de Antonia V. tras las quemaduras y los golpes. E. E.

"Devastada. Intentando ser fuerte para que se me escuche y ellos cumplan. Solo quiero eso, que cumplan condena. Esos meses fueron un infierno. No se puede describir de otra manera. Tortura tras tortura. Si se me curaba una, ya estaban ellas con el tenedor para reabrírmela. Me dieron con un palo y de una herida abierta se me salió el músculo", relata de forma desgarradora Antonia a El Programa de Ana Rosa

Soplete en sus genitales

Un día, pillaron a Antonia V. utilizando el móvil. Nada alarmante, en principio. Ella estaba escribiendo a su hermana pequeña. "Te echo de menos", rezaba el mensaje. Fue cazada por sus torturadores, la reventaron el móvil y recibió otro "palizón".

La situación fue in crescendo, aún más si cabía. Sus tíos abuelos y primas la quemaron con la plancha del pelo, con un mechero y con una cuchara de acero. Incluso llegaron a quemar sus zonas íntimas con un soplete.

Las siete personas permanecían las 24 horas del día en el interior de la vivienda. No trabajan. No salían. Se quedaban todo el día en casa, metidos torturando a la damnificada. Una de las primas, Yanira, obligaba a Antonia V. a dormir debajo de sus pies.

Doce días en el hospital

Los agentes de la Guardia Civil del Puesto de Garrapinillos cesaron el calvario de Antonia V. el pasado 8 de enero. Pusieron fin a su pesadilla tras la detención de los miembros de su familia, acusados de los delitos de detención ilegal, lesiones y trato degradante.

La espalda de Antonia V. tras las torturas.

La espalda de Antonia V. tras las torturas. E. E.

La investigación comenzó el pasado 30 de diciembre. El equipo de Policía Judicial y el Equipo Roca -especializados en los robos en el campo- de la Guardia Civil de Casetas (Zaragoza) se hicieron cargo de las diligencias y tomaron declaración a la joven en el centro hospitalario.

Estuvo ingresada en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, el informe clínico es demoledor. Anemia, insomnio, múltiples fracturas...

Relató a los médicos que sufrió "agresiones físicas, verbales y control en todo momento de medios de comunicación". Asimismo, las quemaduras que sufrió y que los propios facultativos pudieron comprobar. Además, les contó que la raparon el pelo porque encontró una llave para escapar y sus torturadores la pillaron. También, que dormía directamente en el suelo, sobre dos mantas.

Fue rescatada por su madre y hermanas. Estas trataban de hablar con ella, llamándola. Pero el teléfono lo cogía Yanira y se hacía pasar por ella. Sus familiares se dieron cuenta, en el mes de noviembre, de que pasaba algo porque no respondía de una manera natural.

Una tía fue a la casa de los horrores por navidades. Ahí, esta mujer, se dio cuenta de la situación vejatoria y de inanición que sufría Antonia V. "Vete a por tu hija que está en esa casa y la van a matar", le dijo.

En prisión por asesinato

Según ha podido saber EL ESPAÑOL de fuentes de máxima solvencia cercanas al caso, los secuestradores y familiares de Antonia cuentan con antecedentes previos por temas de robos. Y no queda ahí.

Además, uno de los miembros de su familia cumplió una "larga condena" por un asesinato que cometió "hace muchos años". Estuvo internado en el centro penitenciario de Zuera.

Jaime G., el condenado por asesinato.

Jaime G., el condenado por asesinato. A. B.

Jaime G., apodado Yomé, estuvo, al menos, 12 años en la cárcel maña. El resto de familiares, además de tener antecedentes previos por temas de robos con violencia, también por atentado contra la autoridad.

"Soy una perra"

Este periódico ha tenido acceso a una de las confesiones de una de las presuntas secuestradoras. Una de las tías reconoce los hechos mediante un mensaje de voz enviado a la madre de Antonia V., Trinidad.

"Trini, mira hija, hemos sido perros por aguantar esto, no sabía qué hacer, yo no puedo, tu hija sabe lo que me ha pasado a mí por defender cosas", se puede escuchar en el audio.

"Que Dios me perdone a mí y a todas. Te pido perdón, tarde o temprano se pagará, no está bien lo que han hecho con Antonia, soy una perra", concluye.

Este diario pudo comprobar in situ que en la vivienda donde sucedió todo hay movimiento. Todos los secuestradores están en libertad. Un asunto que la letrada, Ons, no comprende. "No entendemos que estén en la calle después de todo", se indigna.