Carlos y su esposa, Melisa, junto a su hija, Sara Sofía, posando sonrientes en Sevilla, durante un viaje que hicieron el pasado verano tras llegar a España desde Colombia.

Carlos y su esposa, Melisa, junto a su hija, Sara Sofía, posando sonrientes en Sevilla, durante un viaje que hicieron el pasado verano tras llegar a España desde Colombia. Cedida

Reportajes

El milagro de La Arrixaca: Sara se quemó viva en un incendio y ha sobrevivido a 16 operaciones

Esta niña, de 9 años, sufrió quemaduras en el 40% de su cuerpo por una llamarada que recibió de una chimenea portátil de bioetanol en su piso de Yecla: "Los cirujanos nos decían abiertamente que podía morir".

1 marzo, 2024 02:47
El Palmar

Para los padres de Sara su hija ha dejado de ser una princesa: "Ahora es una guerrera". Los calificativos se quedan cortos para esta niña, cuyo cuerpo con solo 8 añitos prendió como una antorcha en el incendio que arrasó la vivienda familiar en Yecla. De hecho, la pequeña ha tenido que enfrentarse a 16 intervenciones quirúrgicas y a un coma inducido, a raíz de las quemaduras de segundo y tercer grado que le afectaron al rostro, el pecho y los brazos. "Tenía quemado el 40% de su cuerpecito", según resumen Carlos y Melisa a EL ESPAÑOL. "Nuestra hija es un milagro".

Cada palabra de este matrimonio colombiano que ha llegado a vivir durante dos meses en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, supone un manual de resiliencia, puesto que ellos advierten de que han tenido "suerte" porque el fuego arrasó su piso y todas sus pertenencias, excepto el mayor de sus tesoros: la vida de su querida hija Sara.

"Ella nos ha dado lecciones de fortaleza muy importantes", reflexionan al unísono Carlos, un ingeniero de sistemas, de 45 años, y su mujer, Melisa, abogada, de 31 años. "A diario, nuestra hija ha demostrado lo fuerte que es y lo valiente que es y nos ha unido como familia".

Sara -como buena colombiana nacida en Barranquilla- es fan de Shakira, aunque tampoco le hace ascos a interpretar algún temazo de Karol G. Pero su diminuta voz estuvo a punto de apagarse la tarde del domingo 3 de diciembre, por culpa de una chimenea portátil de bioetanol que arrasó el piso que el matrimonio tenía alquilado en Yecla.

Entrevista a Carlos y Melisa, padres de Sara

- ¿Cómo arrasó el piso entero una chimenea en miniatura cuyo fabricante recomienda su uso en interiores y en exteriores?

- Carlos: La compré por Amazon, pero la verdad es que ni he pensado en plantear acciones legales porque todo este tiempo me he centrado en mi hija. El frío era muy fuerte en Yecla por esas fechas. Pusimos la chimenea en la mesa para calentarnos porque yo estaba con una amiga picando algo, porque mi mujer ese fin de semana viajó a Madrid a visitar a otras amigas. Entonces, Sara se acercó a la mesa a coger una mandarina y hubo una llamarada que le cayó encima a mi niña. No me gusta recordarlo porque fue horrible ver corriendo a Sara por todo el apartamento: iba ardiendo. Emanaba fuego.

Carlos le echó una manta por encima a la pequeña y su amiga la cogió para meterla debajo de la ducha. "Las llamas se propagaron por las cortinas, la alfombra, los muebles…". De modo que este ingeniero lo tuvo claro: agarró a ambas para salvarlas de aquel piso convertido en un infierno. Mientras los bomberos apagaban el incendio, Sara protagonizó el primer milagro: "Tenía los pulmones inflamados y la decisión que tomaron los paramédicos de intubarla fue clave para que llegase con vida a La Arrixaca".

Este domingo se cumplieron tres meses de aquel traslado de urgencia que Sara logró superar, debatiéndose entre la vida y la muerte, durante 102 kilómetros que fueron interminables para el personal del 061 que la evacuó desde Yecla hasta El Palmar. En esta pedanía murciana se levanta el Hospital Virgen de la Arrixaca, cuya plantilla se ha volcado con sacar adelante a esta niña colombiana, siempre risueña, y a la que sus compañeras en el Colegio La Paz admiraban por su melenón hasta la cintura.

Sara Sofía, con 8 años, luciendo su característica melena.

Sara Sofía, con 8 años, luciendo su característica melena. Cedida

"Le tuvieron que poner las vías en el empeine del pie izquierdo y en las ingles para poder suministrarle morfina, analgésicos, antiinflamatorios y suero porque no podían pincharle en los brazos: los tenía quemados de arriba abajo", según recuerda Carlos, mientras habla de traqueotomías, procesos de abstinencia o fármacos con la soltura propia del personal sanitario. "Mi hija ha pasado 66 días en la UCI, se ha sometido a un número incontable de curas y la han metido en una bañera, para rascarle con un estropajo especial, quitándole la piel muerta para evitar infecciones".

Sara está ahora entre algodones en el área de crónicos del Hospital Materno Infantil, con las visitas restringidas, debido a que un simple resfriado puede ser mortal para ella. "El 2 de enero cumplió 9 años mientras seguía en coma inducido", recuerda el cabeza de familia, sobre el brutal proceso que su hija ha dejado atrás en la UCI y que sus padres han presenciado con impotencia. "Los cirujanos nos decían abiertamente que podía morir".

Prueba de ello es que estuvo en estado muy crítico porque sufrió un shock séptico que puede provocar daños irreparables en órganos vitales. Sin embargo, por segunda vez, Sara no dio la batalla por perdida ante La Parca. "No podía respirar, la pusieron bocabajo y cuando la vi: me acordé de los pacientes de coronavirus que estaban al borde de la muerte", ejemplifica Carlos. "Ninguna madre está preparada para ver a su princesa sufrir de esta manera", apunta Melisa. "Ha estado todo el tiempo sedada".

La pequeña llegó a necesitar ventilación para respirar, la conectaron a diálisis, le hicieron una traqueotomía, le pusieron sondas, la operaron para ponerle injertos de piel, para rebajarle inflamaciones musculares, para solucionar problemas intestinales… "Yo deseaba con impotencia que eso me hubiera pasado a mí porque uno hace lo que sea por sus hijos", remarca su madre. Tanto Melisa como Carlos no se despegaron de su cama, ni dejaron de cogerle la mano y de susurrarle al oído que estaban a su lado en este trance.

"La Arrixaca ha sido nuestra casa", confiesa este matrimonio colombiano. "Nos aseábamos aquí y dormíamos en los sillones". Incluso celebraron la Nochebuena en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos, junto a la familia de un niño que también estaba ingresado en la UCI y que les llevó la cena aquel 24 de diciembre para que no estuvieran solos en una fecha tan señalada. "Estos meses han sido muy difíciles, pero todo esto nos ha enseñado que la vida prevalece sobre los bienes materiales".

Esta experiencia les ha marcado tanto a Melisa y Carlos que han sentido una revictimización, al ver el fuego que arrasó dos torres de viviendas del Barrio de Campanar y se cobró diez vidas. Entre ellas, la de Marta y Ramón: un matrimonio que murió abrazado a sus dos hijos, esperando a los bomberos. "Nos tocó mucho el incendio porque nos pusimos en los zapatos de los familiares de las víctimas por el dolor que están sufriendo", subrayan los padres de Sara. "Nos duele lo sucedido en Valencia".

Los bomberos iniciaron los trabajos en la planta octava, donde se encontraba la familia fallecida de Marta y Ramón.

Los bomberos iniciaron los trabajos en la planta octava, donde se encontraba la familia fallecida de Marta y Ramón. EFE / BIEL ALIÑO

Este matrimonio concede una entrevista a EL ESPAÑOL para "agradecer públicamente" dos cosas que han impedido que se hundan. La primera: el trabajo de la plantilla de La Arrixaca que no ha tirado la toalla, por pocas posibilidades que tuviera su hija de sobrevivir. "Estaremos eternamente agradecidos con los médicos, por cada una de las dieciséis operaciones a las que han sometido a nuestra hija, así como a las enfermeras, auxiliares y celadores por hacernos sentir como en nuestro propio hogar".

Y la segunda: la solidaridad. "Estamos agradecidos a todas las personas que nos han ayudado, bien orando por Sara o con cualquier donativo. Todo este tiempo hemos podido sobrevivir por la solidaridad de la gente: los vecinos de Yecla nos han regalado ropa y comida, nos han donado dinero de un evento deportivo que organizaron, el AMPA del Colegio La Paz donde estudia nuestra hija celebró una rifa…".

El donativo más especial se lo hizo el capellán del hospital cuando les consiguió la cesión temporal de una casa en El Palmar. "Llevábamos dos meses sin poder dormir en una cama, sin poder salir de La Arrixaca para despejarnos y sin poder rotar entre nosotros en el cuidado de nuestra hija". Ese inmueble les ha permitido que Patricia, la abuela de Sara, vuele desde Colombia a España para ayudarles aportándoles algo vital en una situación tan dura: el cariño y el apoyo que solo sabe brindar un familiar.

Tal sensación Carlos y Melisa pensaron que jamás la volverían a experimentar desde que en agosto se vieron obligados a abandonar Colombia. "Mi esposa trabajó en la campaña política de las elecciones departamentales y de alcaldía, para Cambio Radical, un partido de derechas, y sufrimos amenazas para que ella dejase la campaña", según desvela este ingeniero que en su país trabajó para IBM y Naturgy, antes de iniciar una carrera como asesor autónomo de empresas.

- ¿Qué ocurrió para que tomasen la decisión de huir de su país?

- Carlos: Hubo dos episodios muy graves. Un día, dos hombres se presentaron en el colegio de Sara diciendo que eran familiares suyos y que iban a recogerla, pero me llamaron del centro para preguntarme y no se la pudieron llevar. Creemos que iban a secuestrarla. En otra ocasión, unas personas se presentaron en la peluquería que regentaba mi mujer, le robaron y le amenazaron para que dejara la campaña política. 

La pequeña Sara en el árbol de Navidad, junto a sus padres, Melisa y Carlos.

La pequeña Sara en el árbol de Navidad, junto a sus padres, Melisa y Carlos. Cedida

De forma que esta familia vendió su negocio, su coche... Compraron un vuelo para cruzar el charco y se instalaron en Yecla: una localidad de la Región de Murcia, de 36.000 habitantes, marcada por su sector del mueble, sus vinos y su actividad agrícola. "Elegimos ese pueblo porque allí residía la mejor amiga de Melisa". Mientras regularizaban su situación en suelo español, el matrimonio teletrabajaba para su país: él como ingeniero y ella para un despacho de abogados. "Llegamos a España con unos objetivos y unos sueños, pero el 3 de diciembre nuestras vidas se pausaron".

- ¿Qué es lo que más le cuesta a Sara en su duro proceso de rehabilitación?

- Carlos y Melisa: El cirujano plástico que la ha operado cree que de cara al futuro, algunas quemaduras irán a mejor. Hay que ver cómo responde su piel. Pero no podemos engañar a nuestra hija y hemos tenido que hablar con ella, para contarle las cosas como son, ya que habrá cicatrices que solo podrá mejorar sometiéndose a nuevas cirugías. Además, cuando empiece a crecer habrá que ver si debe someterse a otras operaciones, por si su piel no se estira de forma acompasada al desarrollo de sus brazos o del pecho.

Ahora, le tienen que poner unas telas especiales para estirarle la piel. De momento, se le notan los injertos en la cara y las cicatrices de los brazos son muy profundas La parte más dura de todo esto es la psicológica porque Sara no para de preguntarnos cuándo podrá volver al colegio, cuándo volverá a ver a sus amiguitos y cuándo podrá jugar al fútbol en el parque. Eso es lo que más le agobia. También le afectó mucho perder su larga y bonita melena. Nosotros le decimos que nadie le podrá decir nunca en la vida que es una persona débil después de todo lo que ha pasado.

- ¿Y para ustedes qué ha sido lo más duro?

- Al principio, nuestra hija estaba irreconocible porque estaba muy hinchada por las quemaduras. También fue muy fuerte ver cómo gesticulaba y se ponía nerviosa cuando le retiraron la morfina, los calmantes y los analgésicos. 

El matrimonio colombiano, este jueves, mostrando una imagen de su hija.

El matrimonio colombiano, este jueves, mostrando una imagen de su hija. Badía

Desde que a mediados de enero volvió a hablar, esta guerrera de 9 años ha demostrado que su capacidad intelectual está intacta porque retomó sus estudios de tercero de Primaria con una docente del aula hospitalaria de La Arrixaca. "No ha perdido sus habilidades de aprendizaje porque sigue las clases de su Colegio La Paz a través del classroom". El alta hospitalaria de Sara no tiene fecha todavía, pero solo será una etapa más en una recuperación tan larga que ya ha truncado parte de su infancia.

Cuando abandone La Arrixaca tendrá que hacer rehabilitación con un fisioterapeuta porque está muy débil y ha perdido tono muscular, tras noventa días postrada en una cama. Además, le cuesta caminar, apenas tiene movilidad, carece de fuerza en los brazos y tiene dificultades para hacer movimientos básicos, como abrir y cerrar sus manitas. También tendrá que ponerse en manos de un nutricionista para ganar masa corporal y deberá acudir periódicamente al hospital, para ver cómo evolucionan sus 16 operaciones.

Necesitan ayuda

Ni Carlos ni Melisa son capaces de pedir ayuda públicamente, pero lo cierto es que por irónico que resulte cuando su hija salga de La Arrixaca: el matrimonio acabará en la calle porque terminará la cesión de su casa en El Palmar. A lo que se suma que ninguno de los dos tiene trabajo para financiar un techo y los tratamientos que necesitará la guerrera Sara: desde ropa especial por sus quemaduras a cremas.

Este panorama es surrealista, ya que ambos tienen estudios superiores, pero no pueden acceder a un empleo legal porque el Gobierno de España no ha regularizado su situación en el país, a pesar de haber pedido asilo político porque se vieron obligados a huir de Colombia por amenazas. Pero la percepción del término problema para este matrimonio cambió para siempre un 3 de diciembre: "Para nosotros lo importante es que Sara está con vida".