A la izquierda, un hermano en la Sierra de Grazalema; a la derecha un círculo sagrado.

A la izquierda, un hermano en la Sierra de Grazalema; a la derecha un círculo sagrado.

Reportajes

Mis 24 horas de bautismo con la Familia Arcoíris: aprendí yoga y guitarra, pero me quedé sin sexo

Recogí a mis padrinos mientras hacían autostop en Ubrique, pegando un volantazo en el último segundo de una curva. "El universo nos puso ahí, hermano".

27 mayo, 2023 02:36

Aún no sé cómo, pero he llegado al Welcome del Rainbow Gathering de Benaocaz. Estoy expectante en el recibidor del asentamiento que ha formado la Familia Arcoíris en esta localidad de la Sierra de Cádiz, estoy deseando conocer a la tribu. A lo lejos, reconozco a Río y sonrío. Hace unas horas la recogí junto al hermano Elo mientras hacían autostop en Ubrique y los dejé ante el Ayuntamiento. Hemos llegado casi a la vez al Welcome, aunque no quiso subir conmigo ni decirme cómo hacerlo.

Ella puede ayudarme a pasar la puerta de entrada de la Familia Arcoíris, un lugar que supera cualquiera, excepto los reporteros. Vamos a pedir permiso: paz, brothers. El hermano Calm escucha mi oficio y cambia de grupo rápidamente para centrarse en mí. Aguardaba mi llegada. "¿Tú eres de El Español? Espérate ahí un momentito, anda, que voy a hablar contigo", me dice de manera hostil antes de ponerse a lanzar preguntas. 

—¿Tú sabes la de problemas que estamos teniendo por vuestra culpa y las cosas que publicáis? ¿Quién ha puesto lo del sexo libre y desenfrenado? ¿Quién se ha inventado eso en los medios? Nos estáis exponiendo en un efecto llamada ante depravados sexuales, como ya ocurrió en La Rioja. ¿Si violan aquí a una chica qué hacemos? ¡¡¡Habéis puesto hasta dónde estamos, nos ponéis en peligro!!! ¿Por qué en la televisión habéis dicho que nos lavamos con orina y barro? ¿Por qué decís que Juan es el líder cuando aquí no hay ningún líder? Es que no puede ser. Encima os decimos que no grabéis dentro y grabáis. Y hacéis fotos.

—Te pido disculpas en mi nombre y en el de todos, Calm —digo firme con la mano en el pecho—. Yo no he sido, acabo de llegar. No sé qué más puedo hacer, yo como individuo no lo controlo todo. Te pido disculpas y confianza en mí.

Ahí está la clave. De mí se fían, pero del sistema que me oprime para su beneficio no. Son conscientes de cómo funcionan las cosas en Babilonia —como llaman al mundo real aquí—, porque ellos también viven ahí el resto del año.

La Familia Arcoíris es una supuesta secta no violenta —como la catalogan los cuerpos de seguridad— conformada por artesanos, exquímicos, músicos, bomberos y personas como usted que deciden hacer esta especie de retiro espiritual con la que consideran su familia dos veces al año en España. Hay encuentros en todos los países y también los hay europeos e internacionales. Cada uno de ellos dura un ciclo lunar. Se rigen por la ley natural. No hay normas, hay consensos. "Paz, naturaleza, tribu y ley natural", me dicta Calm.

Familia Arcoíris.

Familia Arcoíris.

A él le conocen como el Policía del Raimbow, por su faceta purista. Me cuenta por encima. "Te queda mucho por saber. Aquí nos regimos por el bien común, no por el ego". Lo que hacen aquí es "acoger la herida" del otro en comunión con la naturaleza.

Hora y media de charla me sirve para pasar el primer filtro, el más duro. Sólo me advierte: ni drogas, ni alcohol, ni cámaras. Tampoco se fuma en el círculo sagrado ni si Calm está cerca. Hay normas más laxas y el olor a marihuana sí llegó hasta mi nariz, pero lejos del fuego sagrado.

El segundo filtro es el de Juan. Su cara ha aparecido ya en todos los medios y le catalogan de líder, cosa que no es. Río le cuenta al oído que a quien le acaba de presentar es un infiltrado. Él levanta la cara aparentemente enfadado y proclama: "¿Quién es el periodista? ¿Ese? Le torteo la cara. ¡Las manos donde pueda verlas!". 

No me tomo demasiado en serio a Juan. Estoy por primera vez ante la tribu. Sólo miro sin saber qué hacer. Ellos hacen la cena y cantan en una especie de cocina. Me he teletransportado en el tiempo a la Norteamérica de los 60, al movimiento hippie más puro.

Hay un niño muy pequeño, de unos dos o tres añitos, que juega y corretea por allí. Todos van vestidos; hace frío en la sierra y amenaza la lluvia. Mientras reparto abrazos a mis nuevos hermanos, pienso en cómo he llegado hasta aquí, cómo se ha formado todo esto en la Sierra de Grazalema.

Río y Elo

La noticia saltó el lunes pasado: la Familia Arcoíris está en Benaocaz. Me tocaba irme a conocer a los miembros de este colectivo hippie que se lleva reuniendo en España más de 30 años. Muchos hermanos perdieron de vista el movimiento hace décadas, pero el boom del encuentro en La Rioja les ha puesto en la pista de nuevo del Rainbow (Arcoíris en Inglés).

Voy en el coche centrado en la música camino de Benaocaz cuando vi que me había pasado a dos viajeros que hacían dedo a la altura de Ubrique. El volantazo a la derecha sobre la arena fue de época. El universo los puso ahí; el universo me puso ahí.

El bloqueo de las ruedas me hace derrapar. Los dos viajeros se quedan mirándome y finalmente les animo con la mano a que vengan. Llegan a la altura de la ventanilla, les pregunto dónde van y la mujer me dice sin ningún tipo de tapujos: "A Benacuá". La entiendo porque soy de la zona, pero pienso que es extranjera. Me ha hecho gracia. Benaocaz, le replico. Entran al coche y se presentan: ella es Río, él es Elo.

La mujer se sienta delante y dice nuevamente sin tapujos tras mirarme: "¿Qué vas de infiltrado?". Me río y le digo que no, aunque las pintas que llevo son para hacérselas mirar: vaquero, deportes, gorra y sudadera de deporte. Estoy lejos de ser un hippie al uso para pertenecer al Rainbow.

Río, Elo y las hermanas alemanas.

Río, Elo y las hermanas alemanas.

Sólo soy periodista y quiero pasar el día con la Familia, les explico. Trataré de subir más tarde, cuando haga el resto de mis tareas. Les pido que me ayuden a entrar. De ellos no depende. "Hermano, el grupo está por encima del individuo", impone Río. Tienen que decidirlo por consenso, en lo que llaman un Círculo de Palabras. "Proponedlo al grupo, por favor. Llegaré esta tarde. Acataré lo que decidan", les comento.

Río es reticente. Elo trata de ayudarme diciéndome cómo subir. "A mí me ha dado buena vibra, ha ido de cara", le dice a la compañera. Intenta ayudarme ante los reproches de ella. "Si quiere subir que encuentre él el camino. Es parte de la experiencia". Aquí no lo sabía, pero el día anterior Río había sido la más combativa contra los periodistas en un Círculo donde se trató el tema. El destino esta vez le iba a sorprender.

Me cuentan un poco sobre la familia. Río me explica que aquí no hay líderes y que ella no puede decidir que yo suba. Todo se decide por consenso. Los líderes de la tribu se van dando cada día y en cada momento. "Esto no es una democracia. Se habla en el círculo de palabras hasta que todos estamos de acuerdo", apunta.

Ella lleva dos años acudiendo a los encuentros españoles, europeos e internacionales, aunque bien podría llevar toda la vida. Se maneja a la perfección. Aunque se acepta a todo el que llega, se accede por invitación. Esta se envía por correo, me dice. Lleva un mapa hecho a mano con el sitio exacto. Elo escucha atentamente. Río participó en la búsqueda de este lugar de Benaocaz para el encuentro y en lo que denominan el Campamento Semilla.

Llegamos a Benaocaz y no sé dónde dejarles. "Aquí mismo", me dicen. Se bajan en la plaza del pueblo, ante una lona que pide el voto para el PP en este 28-M y pienso en lo icónica de la imagen. Unos tipos nómadas, recién llegados a Benaocaz y que, aunque quizás no lo sepan, podrían ser fundamentales en las próximas elecciones municipales que se celebran el domingo 28 de mayo en el pueblo. El universo y sus cosas. 

A cambio del trayecto, ellos me dicen dónde está el parking. Sin embargo, encuentro rápido un aparcamiento 20 metros más adelante. Esto me permite volver a hablar con ellos por las calles del pueblo dos minutos después. Elo comienza a decirme por dónde debo subir y Río vuelve a reñirle. No lo dije antes, ella es andaluza y él es catalán. Ambos residen en un lugar cercano a una de las calas más paradisiacas de Andalucía.

Mientras charlamos, se nos acercan dos hermanitas. Nos saludan como si nos conocieran de toda la vida. Son alemanas y hablan inglés. Hay muchas nacionalidades mezcladas aquí: españoles, portugueses, suecos, italianos, checos, franceses... Tampoco es difícil entenderse. "Welcome, brother", "welcome, sister", un abrazo y ya sois familia.

Río y Elo se van con las alemanas. Yo me disculpo con mis hermanas. No puedo subir aún. Una de ellas me insiste: "Come on?". Despué, despué, le respondo sin caer en el pequeño detalle de que si no entiende castellano, imagina el andaluz.

El pueblo y Rodrigo

Antes de partir, una señora para a Río. Comienza a decirle lo contenta que está de tenerles en el pueblo. "El año que viene volvéis, ¿no?", le pregunta. Ella le responde que la Familia Arcoíris no puede volver al mismo lugar hasta dentro de 7 años. Es el tiempo que tarda la naturaleza en recuperarse del impacto del paso del ser humano.

En el pueblo están contentos en su mayoría con la llegada de los nómadas, aunque haya disidentes. La Familia ha caído en gracia en un lugar donde todos tienen ya una anécdota con los nuevos, que se quedarán hasta el próximo 17 de junio.

Los bares colocan carteles de Costumers Only para acceder al servicio. Alguno ha dejado ya aquello "hecho un cristo", pero la mayoría "son muy respetuosos". "Estuvieron a punto de irse sin pagar porque vieron a la Guardia Civil. Pero al final pagaron sin problemas y dejaron algo de bote", explica la camarera. 

Me dirijo al Ayuntamiento. Olivia Venegas, la alcaldesa de Ciudadanos, recuerda que denegaron el permiso a los visitantes para acampar. "Les dijimos que se dirigieran al Parque y se lo dejamos muy claro", comenta a EL ESPAÑOL. 

Olivia Venegas.

Olivia Venegas. Domingo Díaz

"Hemos hablado con ellos pacíficamente", reconoce una alcaldesa de la que todos esperan que suba a ver a la Familia. "El miércoles subió el departamento de asistentas sociales, porque también hay niños. Sobre todo para ver la situación en la que se encuentran después de la tromba de agua", apunta.

Siendo uno de los últimos bastiones de Ciudadanos, la acampada podría afectar mucho al partido naranja. "Desgraciadamente estamos en campaña electoral", señala la alcaldesa, aunque los vecinos creen que todo está hecho.

"Esto le podría haber pasado a cualquier municipio, no es agradable para nadie, pero no pasa nada. Todo va a fluir con normalidad. Se está llevando lo mejor posible. Todas las mañanas a las 7.30 horas en coordinación con la Guardia Civil, que identifica a todo el que pasa", apunta la alcaldesa, que finaliza con una advertencia. "Ellos no quieren medios de comunicación, porque sí que es verdad que se pueden poner un poco más violentos y es lo que no queremos". 

A ver qué me espera luego. De momento, me dirijo a hablar con Rodrigo Mangana, el dueño de la finca que ha 'okupado' la Familia Arcoíris. Este señor cuenta lo mismo que ya publicó con anterioridad EL ESPAÑOL. Además, expone que los inquilinos de su finca están mintiendo cuando aseguran que le ofrecieron 500 euros. "Ellos me dijeron que podían recoger entre 200 y 400, pero de todas maneras siempre fue un no". La familia dice que el acuerdo estaba cerrado, pero él quería más dinero.

En el bar donde nos encontramos, la mayoría no está de acuerdo con la okupación de la finca de Mangana. "Antes pagábamos pocos impuestos, pero defendíamos lo nuestro y no entraba nadie. Ahora pagáis muchos impuestos para Guardias Civiles, Seprona y demás. ¿Y ahora dónde están?", dice un señor que quiere invitar a una ronda.

Abandono el bar. Caminando por el pueblo veo a Río salir del ambulatorio. "¿Todo bien? ¿Ya has subido y bajado?", le pregunto. Ella me responde que no: "Un hermanito está malo. Tiene un dolor en el abdomen y la cadera y no sabemos qué es. Lo mismo habría que llevarle a un hospital". No soy médico, pero como he sufrido un cólico le doy el diagnóstico. También mi teléfono: si necesita que lo llevemos a un hospital, mi coche está disponible.

Voy a comer y, luego, comienzo mi subida.

El camino

Río ha abortado esta mañana toda explicación que Elo pudiera darme del camino alternativo, para no tener que pasar por la Guardia Civil. Sólo sé que hay que llegar al barrio Nazarí. En realidad, hay muchos caminos alternativos. 

Decido entrar por donde está la Benemérita. Los compañeros que estaban por la mañana me dijeron que no había problema. La pareja de por la tarde me identifica y me advierte: "Arriba no podemos garantizar tu seguridad. Te lo tenemos que decir. Se ponen nerviosos y violentos con las cámaras. Ya le ha pasado a otro compañero que le han lanzado piedras". Puerta grande o enfermería.

Mientras subo, me encuentro con mis hermanos, que me dan la bienvenida en distintos idiomas y un abrazo. El recibimiento no era tan violento al fin y al cabo, sino todo amor. 

Los miembros que bajan están en una Food Mision. Van a por comida para todo el grupo con el dinero común. La norma es que con los ahorros de todos sólo se pueden comprar materiales y comida vegana: frutas, hortalizas, legumbres, cereales, pero nada proveniente de los animales. De ahí saldrán las dos comidas diarias que se realizan.

Continúo mi camino. Todos se fijan en que no vengo muy preparado. "¿No llevas tienda?", pregunta una hermana. Yo pienso en el tipi indio donde durmió Luis, pero es muy pronto aún para eso, no está montado.

Sigo la subida. No hay muchos obstáculos. Veo a las cabras, algún caballo y alguna vaca. Todo parece fácil. Se hace camino al andar y por aquí ya lo han hecho muchos. En una bifurcación dudo, pero decido seguir el camino más marcado: decisión correcta. 

Piedras colocadas en el camino hacia el Rainbow.

Piedras colocadas en el camino hacia el Rainbow. Domingo Díaz

Ya lo veo: el Welcome no es más que una lona colgada de los árboles y un cartel donde alguien te da la bienvenida. Abrazos incluidos. 

Lo primero que hago es decir que soy reportero y buscar la complicidad de Río. Un chico de Sevilla me abraza y me dice que tenga paciencia. Él participó hace dos días en un círculo de palabras para decidir si podían entrar los periodistas. La más reticente entonces fue Río, que ahora me mira sabiendo que he encontrado el camino y estoy aquí dispuesto a pasar con ella, que se ha retrasado en la subida por el hermano que estaba malito: el universo lo ha querido así. El hermano malito llegará poco después ya recuperado con flores en una botella. Está para jugar.

Aquí se produce la escena que ya hemos contado con Calm y luego subiré con Río, mi madrina aunque no lo sepamos aún, a la cocina. 

En el Rainbow

La calma tensa al entrar en un lugar donde sabes que no eres bien recibido es extraña. Sobre todo si se suma a una gran cantidad de emociones a la vez. Cada persona que te mira podría ser un enemigo, pero aquí todos te reciben con un "welcome, brother" o "bienvenido, hermanito" y un abrazo. Eso alivia.

La compañía de Río ayuda mucho. En la cocina, Juan se acerca y me da la bienvenida amablemente después de lo que reproduje al principio. Es un buen tío. Nos fundimos en un abrazo y continúo mirando alrededor. Tienen utensilios de todo tipo en la cocina. He estado en pisos de estudiantes peor preparados.

Una de las pinches de cocina se gira y me abraza. Se trata de Noelia, una española de unos 40 años. Me da la bienvenida y me mira seria. No sé si sabe que soy periodista, pero yo le abrazo únicamente y charlo con ella antes de partir.

Río me ofrece una tienda de campaña de un compañero que no está estos días. "Si lo necesitas, tú duermes en mi saco y yo duermo en el de él". Declino la invitación, a pesar de que estaba deseando decir que sí, por ser algo demasiado personal. Con una tienda tendré suficiente.

La otra opción era dormir alrededor del fuego. Al estar en los primeros días de la fase lunar aún no se ha montado el tipi que centralizará todo. Nos encontramos en la fase de construcción y aún están llegando muchos hermanos. Cabe resaltar que no pasan aquí todo el ciclo lunar, van y vienen.

Río me lleva hasta donde están Elo y las tiendas. Él ha hecho una construcción tremenda de piedras, con una especie de cocinita y todo. Aquí hay una clave: "Si ves un trabajo, es tuyo". En el Rainbow piensan que si te percatas de una situación que puedes mejorar es porque el universo te la ha puesto delante. Puedes hacerla o, si no sabes, focalizarla. Esto implica buscar las manos que sepan hacerlas y pedir ayuda. En cada tarea hay un focalizador. Río, por ejemplo, trata de mover un tronco y es la focalizadora hoy de eso. Pero mañana el focalizador de esa tarea puede ser otro.

Entrada del camino.

Entrada del camino.

Al poco llega Jose. Es un tipo alto y fibrado, con rastas, como Río, también andaluz. El tiempo que las nubes se lo permiten se desnuda para charlar con nosotros. Nos contamos nuestras historias y llega una hermana alemana con un pequeño de un añito. Charlamos en comunión y jugamos con el peque. Elo nos da almendras y pistachos.

Sigo socializando. A todos les digo que soy periodista. Noelia se enfada. Me dice que la tribu no me ha elegido para que yo sea la voz de ellos. Cuando se entera de que Calm me ha dejado pasar se relaja y, al segundo, dice: "Bueno, hermano, ¿qué necesitas? ¿Vienes preparado? ¿Quieres mantas o en qué te puedo ayudar?".

Ricardo, con acento inglés, lo escucha y se gira: "¿Journalism?". Yes, le contesto. Prepara una taza de té y me la ofrece en un pequeño cuenco de barro. 

Mientras Río da una clase de teoría musical; Noelia canta una canción sobre un pajarillo sonajero y un águila. "¿Quieres aprender a tocar la guitarra?", me pregunta. Por supuesto que sí, le respondo, señalándole que ya lo he intentado en multitud de ocasiones sin llegar al objetivo.

Noelia me coloca las manos en el traste de una guitarra de bastante calidad y con panel para amplificador. Es de un norteamericano que charla despreocupado con otro hermano a pesar de que puedo romper su instrumento de un momento a otro. Aquí todo es de la familia.

Mientras trato de aprender los acordes la menor, mi y do, los tres con los que podríamos tocar todas las canciones Rainbow, escucho: "Food Circle". Mi grupo repite a los tres segundos la llamada, que será replicada por todos hasta que llegue a todas partes. Noelia me cuenta cómo trabajó para una multinacional muchos años, hasta que decidió romper con esa vida y dedicarse a endulzar su vida.

Aún queda para la comida, pero otro hermano viene a hablar conmigo por ser periodista. Se llama Monte. "Así que periodista, ¿no? ¿Le habéis cacheado? ¡¡¡Lleva un micro en los aros!!! ¡¡¡Ese botón es una cámara!!!", bromea tocándome el gorro, pensando que soy un hermano más y que no me dedico a esto.

Otro hermano sí se lo cree y me traslada su preocupación. Le pido que confíe en mí. Tuvo recelos hasta el final. No te preocupes, lo entiendo, hermano.

¿Y las orgías?

Juan es el líder. El de las bromas, quiero decir. No sé cuántas veces me han repetido que si practico sexo desenfrenado y libre. Es un nómada que se mueve como los pájaros en su turismo adaptado. "¿Y las orgías? ¿Y las orgías?", se preguntan entre bromas todos. "Te vas a ir sin orgía, hermano", me repiten. Y así fue.

Río me pregunta sobre el amor libre: "¿Conoces alguno que no lo sea? Si no es libre, no es amor". Los Rainbows son encuentros de amor, encuentros por la paz. Eso me lo explicó Calm nada más llegar y quería que lo dejara claro. No significa que estén todo el día practicando sexo con cualquiera que pasa. Simplemente abrazan todo el tiempo, cada vez que lo necesitan. Se aman. Todo es mi familia, reza la canción.

Por supuesto, si dos personas se atraen y están de acuerdo gozarán de sus cuerpos. Si son tres, pues tres; y si no cuatro. Pero eso no significa que esto sea una orgía constante, ni mucho menos que lo hagan delante de todos.

Vuelven las voces: "Food Circle ¡¡¡Now!!!". Hora de la comida, amigos. Si vais a un Rainbow, por favor: cuenco, cuchara y plato, al menos. Yo no llevaba ni eso, pero la familia me lo dio todo. Elo me lo prestó encantado. 

El vídeo de la Familia Arcoíris tras okupar la finca de Rodrigo en Cádiz: la ley no le deja echarlos

Antes del Food Circle se reúnen y hacen una especie de rezo cogidos de la mano. Para comer hay verduras. Hoy hay tal cantidad que se puede hasta repetir. De todas formas, cualquiera puede bajar al pueblo y poner comida para el resto, aunque no sea vegetariana. Antes de comer, algunos hermanos pasan para echar vinagre y desinfectar las manos del resto.

Esta comida es llamativa, además, porque se ha invitado a cuatro curiosos del pueblo. Son jóvenes, dos apenas sobrepasarán los 17 y han venido a ver a los hippies. Se ríen entre ellos en voz baja alguna vez y miran descarados, como quien sabe que está en su pueblo y piensa que estos son unos majaras. Los hippies los incluyen en el grupo y les dan de cenar, toda una lección de vida. 

Tras la comida, pasan el sombrero mágico. Ahí debo echar algo en forma de agradecimiento: dinero, flores o un beso, por ejemplo. Al final se hace el recuento y se dice en alto cuánto ha sido: no sé cuántos euros, 20 céntimos y 200 besos, se escucha a una voz decir.

Finalizada la comida, repartida por los voluntarios, comienza el círculo de fuego. Comienzan los bailes y los cantes. Algunos danzan desnudos alrededor del lugar sagrado que, sea como fuere, hay que pisar descalzos. Es el momento que, quizás, mejor defina lo que está ocurriendo. Una tribu ancestral disfrutando del fuego y la luna, con sus ritos, sin líderes, sólo con el regalo que es la tierra: "Todo es mi familia".

Yo disfruto del círculo en compañía y en soledad. Estoy metido en el fuego mientras canto las canciones con mi familia. El que quiera entender que entienda. Una guitarra, una especie de pandereta para la percusión, palmas y las voces de personas de distintos países cantando las mismas canciones. Es un momento mágico. Ni siquiera reconozco a Calm cuando me agarra del hombro y me pregunta qué tal la comida.

Llega el grupo de españoles que me ha acogido. Charlamos sobre Babilonia. Hay una hermana que se tiene que ir mañana al pueblo porque necesita continuar con su negocio y hablar con su hija, que se va a la universidad. El resto le aconseja que la deje volar, que con 17 años ya es mayor. Le dicen que rompa los lazos con Babilonia.

La única tecnología que está permitida aquí es una linterna por las noches. Generalmente la llevan en la cabeza. Si no tienes, sólo hace falta que grites "ligth conection" y alguien te guiará.

Termino charlando con Monte, Jose, Río y Elo en la cocina, al calor de un fuego más pequeño, compartiendo té. Reímos cuando Monte confiesa que hasta ahora no se ha creído que soy un periodista de verdad. Llevaba vacilándome toda la tarde pensando que era broma. "Ayer dije que no volvería a hablar con un periodista jamás y mírame, ¡aquí estamos!", se ríe. Es un gran tipo que decidió que viajar era mejor que estar encandenado a las malditas televisiones. "Aquí estamos lo mejor de cada casa", me dicen. "Las ovejas negras". Les contamos cómo derrapé para recoger a Río y Elo. "El universo nos puso ahí, hermano".

La mañana siguiente

Cuando vamos a dormir, solo una guitarra suena. Alrededor del fuego están los hermanitos que no tienen tienda. Los miro apenado; menos mal que la familia se está portando de diez conmigo.

A la mañana siguiente hemos quedado, cuando el sol salga por la montaña, para hacer un taller de yoga. Aquí no hay hora, ni forma de mirarla. Manda el sol.

Mi poca estancia aquí me impedirá disfrutar de las clases de canto de Río, los de artesanía de Elo y de algunos más. Este sábado había uno de respiración.

Como no hay despertador, llego tarde a la clase de yoga. Aprendo un poco mirando desde fuera. Sé que me podría unir, pero no quiero interrumpir el buen ambiente que veo en el círculo. 

[Mi noche con la Familia Arcoíris en La Rioja: siete horas de canciones y sexo libre sin miedo a la Covid]

La Guardia Civil llega junto a los agentes del Seprona un rato después. Hacen fotos, lo que molesta mucho a la familia, sobre todo por el vídeo que acabó en la prensa días atrás. Los agentes quieren identificar a tres, entre los que está servidor. Juan dice que a él ya le han identificado mucho. Otro hermano que juega con un palo le dice al agente que quiere comentarle algo al Sheriff en un audio, en inglés. El agente se presta y nos miramos extrañados, sin entender realmente qué ocurre. "Hay hermanos a los que hay que cuidar; hay de todo aquí", dice Juan a los otros agentes.

No es el líder, ni siquiera el focalizador, pero al final es quien acaba defendiendo a la tribu delante de los agentes estos días; se le ve agotado de mantener la tarea, con ganas de focalizar su energía en otras cosas.

El hermano explica lo que dicen siempre los informes de los Ayuntamientos sobre ellos: que hacen fuego, pero que mantienen el respeto al medioambiente, que tienen una limpieza exquisita, que tienen un comportamiento ejemplar y amable con los habitantes y visitantes del pueblo y que al finalizar su estancia se quedó un grupo a limpiarlo todo y dejarlo en las condiciones que lo encontraron.

Juan destaca que algunas construcciones incluso las dejan a los dueños que se la piden. "Allí hemos hecho un horno de piedra para hacer pan o pizzas", comenta.

Lo que más preocupa a los agentes es el fuego. Estos días ha llovido, pero el levante llegará este domingo. Se lo advierto a la familia. "Gracias por esa información, hermano. Es muy valiosa, no lo sabía", me dice Elo.

La Familia Arcoíris acampará en Benaocaz hasta el próximo 17 de junio. El día grande será de luna llena, aunque los hermanos más veteranos aseguran disfrutar más otros momentos. Tampoco ese día habrá orgía.

Tengo que partir. Los hermanos saben que Babilonia me reclama. "Pilla unos días de vacaciones y vente a disfrutar", me dicen algunos. La experiencia, cuentan, solo puedes contarla si has estado una semana. "En un día solo puedes ver la corteza", apuntan.

Otros tienen una sensación rara con mi partida. No saben qué escribiré ni si les traicionaré. Calm me dice que haré lo que quiera, él no puede hacer nada. Los abrazos con todos son de corazón.

Un obrero mira a un hippie que pasea por Benaocaz.

Un obrero mira a un hippie que pasea por Benaocaz. Domingo Díaz

Río se despide de mí contrariada. Es mi hermana y mi madrina en la familia, pero ahora falta mi respuesta a modo de artículo. Lo reticente del principio acabó por ser una entrega absoluta por su parte. Toca despedirse con la esperanza de volver a encontrarnos: "Ciao, hermano. Te amo".