Ensayos de los pasos de Semana Santa en Ferrol

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La Soledad de Ferrol se prepara para su mes decisivo: “La Semana Santa más allá de la fe no existe”

La cofradía intensifica ensayos, coordinación y preparación espiritual en las semanas previas a una Semana Santa que en Ferrol se vive todo el año

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La Semana Santa de Ferrol no se improvisa. Declarada de Interés Turístico Internacional, convierte cada primavera las calles de la ciudad naval en un escenario de silencio, música y devoción. Detrás de cada procesión hay meses de trabajo discreto y en la Cofradía de la Soledad, ese esfuerzo se intensifica especialmente cuando el calendario marca que falta solo un mes.

Aunque desde fuera todo parezca reducido a unos pocos días, la hermandad insiste en que su labor va mucho más allá de las procesiones. “Las cofradías no nos limitamos a sacar solo las procesiones a la calle”, explica su Hermano Mayor, José Carlos Cal. “Una cofradía está o debería estar viva todo el año. Por consiguiente, el trabajo es durante los 365 días”.

Para él, la vinculación con la hermandad no tiene una fecha concreta. “Las cofradías son parte de la Iglesia, yo me considero hombre de Iglesia y mi relación con la Iglesia es desde el día que me bautizaron mis padres”, afirma. Ahora, al frente de la Soledad, asume el cargo con humildad: “Aunque suene a un tópico, es una responsabilidad, pero sobre todo estar a la altura de lo que me pide mi Iglesia”.

Un mes de ajustes, ensayos y reflexión

Cuando queda un mes para que el primer trono pise la calle, la maquinaria se engrasa. Sin embargo, Carlos resta épica a los preparativos: “Los preparativos son los mismos año tras año, se podrá variar alguna cosa o intentar mejorar lo que no se hizo bien en la Semana Santa anterior”.

Más que grandes cambios, este tiempo es para pulir detalles, coordinar equipos y revisar lo aprendido. El Hermano Mayor advierte también del peligro de obsesionarse: “Los retos pueden llegar a ser peligrosos, como buscar la perfección de la hermandad. Eso podría ocasionar enfrentamientos entre los cofrades”. Su apuesta es otra: “Creo más en intentar hacerlo lo mejor posible y corregir lo que hicimos mal; eso nos ayudará a crecer como hermandad”.

La identidad de la Soledad, sostiene, no pasa por diferenciarse del resto. “No creo en la diferencia entre hermandades, todas tenemos la misma misión: divulgar y contar la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor a través de las imágenes que ponemos en la calle. Digamos que intentamos hacer un poco de catecismo”.

Bajo el trono: esfuerzo físico y convicción

A pocos metros del despacho del Hermano Mayor, en el local donde se guardan hábitos y se organizan los ensayos, Andrea Castro repasa cómo se vive este mes bajo el trono.

Su primera procesión fue en 2005, con apenas cuatro años. “Este año hago 21 de cofrade, no me dan la medalla de los 25 porque ni yo misma los tengo…”, bromea. Fue pionera en su familia: “Luego he sido yo la que he arrastrado a mi hermana, mis primas… Mi madre me contaba siempre que siendo bebé me encantaba ir a las procesiones y que iba en el carrito con el tambor, siendo una más”.

Ha pasado por todas las etapas: “Monaguilla, numeraria y ahora portadora”. Este año saldrá el Domingo de Ramos con el Ecce Homo y el Viernes Santo con la Virgen de la Soledad. Reconoce que con el tiempo ha aprendido a elegir: “Antes salía todos los días portando, pero una con el tiempo aprende a quedarse con lo que de verdad le importa, además de la carga física que supone salir todos los días”.

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Sobre lo que significa cargar un trono, hace una pausa. “Creo que no podría explicar lo que significa, es algo muy personal. La gente lo suele hacer por penitencia o por alguna promesa, pero yo soy más del lado de agradecer, que muchas veces nos olvidamos. Es muy importante dar las gracias, no siempre estar pidiendo”.

En cuanto a la preparación, rompe un mito: “Más que preparación física necesitamos preparación mental y espiritual, sobre todo aprovechando el tiempo de Cuaresma”. El mes previo no está exento de tensión: “Es un mes de mucho estrés, muchos cambios de última hora —cosa que odio—, correr de aquí para allá…”.

Los ensayos, explica, se concentran en fines de semana para facilitar la asistencia. Pero no siempre es fácil: “Diría que el momento más difícil es cuando no viene la gente. En esta cofradía hay mucha gente de fuera y es complicado que juntemos a un gran número de personas para ensayar. Esto te desanima un poco”.

Fe, juventud y el sentido de la Resurrección

Más allá de la logística, ambos coinciden en señalar el núcleo de todo: la fe. Andrea lo expresa con claridad: “Creo que la Semana Santa más allá de la fe no existe. La Semana Santa se basa en eso, en la fe. Después podemos hablar de tradición, hermandad… pero la fe es la base”.

También reflexiona sobre la evolución reciente: “En los últimos años ha habido un boom muy grande y en algunos casos parece que se ha dado más importancia a lo externo, a lo estético, incluso a lo turístico, que al verdadero significado”. Sin embargo, mira al futuro con esperanza: “Las nuevas generaciones venimos pisando fuerte y soy de buscar el sentido a todo. Tengo bastante fe en lo que de unos años para allá va a ser la Semana Santa ferrolana”.

Carlos, por su parte, tiene claro cuál es el momento culminante. Aunque agradece cada instante, subraya uno: “Si me pides un momento, no hay otro que la Resurrección de Nuestro Señor. Sin la Resurrección no tendría sentido la pasión y muerte de Jesucristo. Y por desgracia algunas veces nos olvidamos de ese momento”.

A un mes de que Ferrol vuelva a llenarse de túnicas y capirotes, la Cofradía de la Soledad realiza los últimos ensayos, revisa hábitos y, sobre todo, examina conciencias. Porque, como repiten desde dentro, la procesión empieza mucho antes de que el trono pise la calle.