Juan de Lángara y la Moonlight Battle.

Juan de Lángara y la Moonlight Battle. https://es.wikipedia.org

Historias de la Historia

Juan de Lángara, el gallego que ayudó a todo un país a no perderse en el océano

La historia de un coruñés y sus grandes aportaciones a la cartografía naval española

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Durante casi toda la historia de la navegación, un barco en alta mar podía saber con precisión lo lejos que estaba del ecuador, pero no lo lejos que estaba del punto de partida hacia el este o el oeste. Calcular esa segunda coordenada, la longitud, fue durante siglos el mayor problema sin resolver de la ciencia y costó vidas, flotas enteras y fortunas. El Imperio británico llegó a ofrecer un premio de 20.000 libras, una cifra astronómica para la época, a quien encontrara la solución. Y cuando por fin, a mediados del siglo XVIII, empezaron a aparecer los primeros métodos fiables para no perderse en el océano, España no se quedó atrás y envió al Pacífico varias expediciones científicas para aprenderlos y probarlos, compitiendo de tú a tú con ingleses y franceses. Al frente de aquellas expediciones puso a un marino nacido en A Coruña que, con los años, llegaría a mandar toda la Armada española. Se llamaba Juan de Lángara.

Proyecciones ortográficas con las líneas de paralelos y meridianos.

Proyecciones ortográficas con las líneas de paralelos y meridianos. https://es.wikipedia.org

Juan Francisco de Lángara y Huarte nació en A Coruña en 1736, en una familia de origen vasco muy ligada a la Marina. Su padre, Juan de Lángara y Arizmendi, fue uno de los primeros alistados en la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz y llegó a teniente general de la Armada. Crecer entre marinos marcó su destino y por eso, el 1 de mayo de 1750, con apenas 14 años, el joven Juan ocupó su plaza de guardiamarina en Cádiz.

Y no tardó en destacar. Su capacidad para las matemáticas y su dedicación al estudio llamaron la atención del hombre que era la mayor autoridad científica de la Armada, Jorge Juan y Santacilia, el marino que había participado en la célebre expedición para medir el meridiano en el virreinato del Perú.

Portada del Compendio de navegación para Guardias Marinas de Jorge Juan.

Portada del Compendio de navegación para Guardias Marinas de Jorge Juan. https://grupo.us.es

Jorge Juan eligió a Lángara para estudiar matemáticas superiores y lo envió a París a perfeccionar su formación. Aquella apuesta convirtió al coruñés en algo mucho más importante que un oficial de barco, porque lo convirtió en un marino científico.

La España del siglo XVIII vivía un esfuerzo enorme por poner al día su Marina, que había quedado rezagada frente a las grandes potencias europeas. Para ello, los Borbones habían creado las Compañías de Guardiamarinas, una nueva generación de oficiales que serían, a la vez, hombres de guerra y hombres de ciencia, capaces de manejar un cañón y de resolver una ecuación.

Lángara fue uno de los frutos de aquel proyecto, y de los pocos a los que se envió a estudiar al extranjero para traer de vuelta el conocimiento más avanzado.

Jorge Juan y Santacilia.

Jorge Juan y Santacilia. https://es.wikipedia.org

Entre 1755 y 1765, Lángara se endureció en misiones por las costas de España, África y las Indias, ganándose fama de oficial capaz de gobernar las navegaciones más difíciles, pero su etapa decisiva, la que lo colocó en la vanguardia de la ciencia náutica de su tiempo, llegó con sus viajes a Oriente.

Determinar la latitud, la distancia al ecuador, era relativamente sencillo, ya que bastaba con medir la altura del sol al mediodía o de la estrella polar, pero la longitud, la posición este-oeste, era otra cosa. Un barco que cruzaba el Atlántico o el Pacífico podía equivocarse en su posición en cientos de kilómetros, ir a estrellarse contra una costa que creía lejana o perderse buscando una isla que tenía mal situada en la carta.

Evolución de la Navegación Astronómica en el siglo XIX. Ibáñez Fernández, Itsaso.

Evolución de la Navegación Astronómica en el siglo XIX. Ibáñez Fernández, Itsaso. https://www.researchgate.net

La importancia de este problema había quedado demostrada en el desastre naval de las islas Sorlingas de 1707, cuando una flota británica se estrelló contra las rocas por un error de longitud. Se fueron al fondo cuatro barcos y unos 2.000 hombres, debido a una catástrofe que empujó al Parlamento inglés a ofrecer su famoso premio. En un mundo en el que las grandes potencias se jugaban su imperio en las rutas oceánicas, saber calcular la longitud era vital.

Hasta que a mediados del siglo XVIII aparecieron por fin dos soluciones.

Grabado del desastre de las islas Sorlingas.

Grabado del desastre de las islas Sorlingas. https://es.wikipedia.org

Una era el cronómetro marino, un reloj de altísima precisión capaz de conservar la hora del puerto de salida durante meses, obra del relojero inglés John Harrison. La otra era el método de las distancias lunares, que permitía calcular la longitud midiendo con enorme exactitud la distancia entre la Luna y determinadas estrellas, y comparándola con unas tablas astronómicas.

Este segundo método lo habían desarrollado el astrónomo francés Lacaille y, sobre todo, los ingleses, que desde 1767 publicaban cada año las tablas necesarias en su almanaque náutico.

Primer reloj marino de Harrison.

Primer reloj marino de Harrison. https://es.wikipedia.org

España iba por detrás, y la Corona lo sabía. Por eso, cuando se organizaron las expediciones a Filipinas de comienzos de la década de 1770, se les encomendó una misión que iba más allá de transportar mercancías, ensayar en la mar aquellos métodos revolucionarios. Y el hombre elegido para comandar esas expediciones fue Juan de Lángara.

Entre 1766 y 1771, Lángara hizo tres viajes a Filipinas y al mar de China al mando del navío El Buen Consejo y de las fragatas Venus y Santa Rosalía. En el tercero de ellos, ya como comandante de la expedición, embarcó con él un joven y brillante oficial vasco llamado José de Mazarredo, que llegaría a ser uno de los mayores marinos de la historia de España.

Fue a bordo de la Venus, en 1773, en algún punto del Atlántico rumbo al cabo de Buena Esperanza, cuando Mazarredo planteó calcular la posición del barco por el método de las distancias lunares.

Retrato de José de Mazarredo por Francisco Goya.

Retrato de José de Mazarredo por Francisco Goya. https://es.wikipedia.org

Para ello, se repartieron el trabajo. Mientras un oficial medía la altura de la Luna, Lángara medía la de la estrella Aldebarán, en la constelación de Tauro, y Mazarredo tomaba la distancia entre ambos astros. Durante 48 horas, resolvieron a mano los complejísimos cálculos de trigonometría esférica que exigía este método, supliendo con tablas propias las tablas inglesas de las que no disponían.

El resultado dio una diferencia de dos grados con respecto a la posición que estimaban, por lo que corrigieron el rumbo, y a los pocos días recalaron con toda exactitud en Ciudad del Cabo.

Ubicación de Aldebarán en la constelación de Tauro.

Ubicación de Aldebarán en la constelación de Tauro. https://es.wikipedia.org

Aunque hoy pueda parecer una anécdota técnica, el cálculo que habían hecho era inédito. Por primera vez, unos marinos españoles habían fijado su posición en alta mar con los métodos astronómicos más avanzados del planeta.

El método no era español, lo habían desarrollado franceses e ingleses, y el principal artífice técnico de aquella hazaña fue Mazarredo, no Lángara. Pero era Lángara quien dirigía aquellas expediciones, quien las mandaba y quien las convirtió en la puerta de entrada de la ciencia náutica moderna en la Armada española.

En 1774 recibió el encargo de dirigir una gran expedición científica a bordo de la fragata Santa Rosalía, con el objetivo de poner a prueba en el mar todos los métodos de navegación conocidos hasta la fecha, en especial los de cálculo de la longitud, compitiendo con franceses y británicos.

Modelo a escala de la fragata Santa Rosalía, de 26 cañones.

Modelo a escala de la fragata Santa Rosalía, de 26 cañones. https://es.wikipedia.org

Durante seis meses, Lángara navegó por el Atlántico corrigiendo los errores de las cartas náuticas, fijando con precisión la posición de islas mal situadas en los mapas y comprobando hasta qué punto se equivocaban los marinos que solo se fiaban de la práctica. Fue una de las grandes campañas científicas de la Armada española del siglo XVIII.

Y como todo marino de su época, a Lángara también le tocó la guerra, y ahí conoció tanto la gloria como la derrota.

En la noche del 16 de enero de 1780, frente al cabo de San Vicente, en el suroeste de Portugal, la escuadra que mandaba se topó con una flota británica muy superior al mando del almirante Rodney, en el conocido como combate de la Luz de la Luna, una de las primeras batallas navales de la historia que se libró de noche.

Batalla del Cabo de San Vicente.

Batalla del Cabo de San Vicente. https://es.wikipedia.org

Los ingleses, con más barcos y con los cascos de sus buques recubiertos de cobre, que los hacía más rápidos, cayeron sobre los españoles. Lángara resistió a bordo de su navío, el Fénix, hasta que, herido y con la nave destrozada, tuvo que rendirse y cayó prisionero. Fue una derrota en toda regla, aunque su resistencia le valió el respeto del propio enemigo.

Tras ser liberado en un intercambio de prisioneros, Lángara siguió ascendiendo. Participó en operaciones en el Mediterráneo, colaboró estrechamente con Mazarredo, su viejo compañero de las distancias lunares, y fue acumulando responsabilidades y honores hasta alcanzar la cima de la institución a la que había dedicado su vida entera.

Juan de Lángara.

Juan de Lángara. https://es.wikipedia.org

En 1796 fue nombrado secretario de Estado y del Despacho Universal de Marina, es decir, ministro de Marina de España. Dos años después, en 1798, ascendió a capitán general de la Armada y fue nombrado director general de la institución, el cargo más alto que un marino podía alcanzar. Aquel guardiamarina de 14 años que había impresionado a Jorge Juan estaba ahora al frente de toda la Marina española y en 1799 pasó a formar parte del Consejo de Estado.

Juan de Lángara murió en Madrid el 18 de enero de 1806, a los 69 años, tras más de 55 de servicio. Falleció apenas unos meses después del desastre de Trafalgar, la batalla de octubre de 1805 en la que la flota combinada franco-española fue aniquilada por la Royal Navy de Nelson.

Batalla de Trafalgar.

Batalla de Trafalgar. https://es.wikipedia.org

El hombre que había dedicado su vida a modernizar la Armada, a dotarla de la mejor ciencia náutica de su tiempo y a formar a sus oficiales en los métodos más avanzados del mundo, vivió lo suficiente para ver cómo aquella flota que tanto había ayudado a levantar se hundía frente a las costas de Cádiz.

Curiosamente, el nombre de este coruñés no se olvidó completamente.

La Armada española ha bautizado con el apellido Lángara a varios de sus buques a lo largo de los siglos, entre ellos un destructor que sirvió durante décadas en el siglo XX. Además, en las cartas náuticas que ayudó a corregir para que los navegantes españoles dejaran de perderse, también quedó su huella, la de quien defendió que la guerra se gana con matemáticas y no solo con cañones.

El USS Leary (DD-879). Cedido a España como Lángara (D-64) en 1973.

El USS Leary (DD-879). Cedido a España como Lángara (D-64) en 1973. https://es.wikipedia.org

Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

dbe.rah.es

todoababor.es

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revistadeindias.revistas.csic.es

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