El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante la ceremonia del 3º aniversario del ataque de Hamás.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante la ceremonia del 3º aniversario del ataque de Hamás. Reuters

Tribunas

El 27 de octubre será clave para el futuro de Israel

El 27 de octubre se vota qué tipo de Israel desean los israelíes: uno ultraconservador o uno que preserve un carácter liberal que impida iniciativas que socaven su democracia.

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El próximo martes 27 de octubre, la ciudadanía israelí votará para elegir a su nuevo Parlamento (la Kneset), de cuya composición emergerá el nuevo Ejecutivo.

Si bien siempre que la población acude a las urnas en un país como Israel (que lidia constantemente con conflictos y amenazas) la sensación es de que se trata de días decisivos, probablemente estas sean las elecciones más dignas en años de ser consideradas de tal forma.

Según los sondeos de opinión pública, ni el oficialismo ni la oposición pueden estar seguros de conseguir la victoria, y parece estar claro que, frente a la renovada candidatura del actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, se erige la del ex jefe del Estado Mayor, el teniente general retirado Gadi Eisenkot, al frente del partido Yashar (que significa "derecho").

El nombre no fue elegido al azar. No sólo alude a la imagen que tiene Eisenkot en la opinión pública, sino también a la necesidad, según su programa de cambio, de sustituir a un Gobierno que él considera que ha hecho daño a Israel.

Es la primera vez que se vota desde la masacre del 7 de octubre, en la que fueron asesinadas cerca de mil doscientas personas, la mayoría de ellas civiles, y doscientas cincuenta y una fueron secuestradas, de las cuales sólo ciento sesenta y seis han vuelto con vida.

Esta catástrofe, recordada no sólo como la jornada más cruenta para Israel desde su fundación, sino también en la historia judía desde el Holocausto, dejó marcas indelebles que influyen directamente en la agenda electoral.

Benjamin Netanyahu junto a su esposa Sara el día de las elecciones generales de Israel de noviembre de 2022.

Benjamin Netanyahu junto a su esposa Sara el día de las elecciones generales de Israel de noviembre de 2022. Ammar Awad Reuters

Son dos los temas centrales de debate en torno a los cuales se estima que los israelíes decidirán su voto.

1. El primero es la polémica sobre la creación de una comisión de investigación que dilucide cómo ocurrió un horror de tal envergadura sin haber sido debidamente detectado y frenado a tiempo.

2. El segundo es cómo cambiar la situación actual, en la que sólo una ínfima minoría de los jóvenes ultraortodoxos (es decir, del sector haredí) se alista para cumplir el servicio militar obligatorio, dado que las Fuerzas de Defensa de Israel afirman claramente que se precisan al menos siete u ocho mil combatientes más para hacer frente a los desafíos de seguridad que el 7 de octubre puso de manifiesto.

¿Netanyahu sí o no?

Casi sobra decir que otro punto central es la figura del primer ministro Netanyahu, quien, salvo por un período de algo más de un año durante el llamado Gobierno del cambio entre 2021 y 2022, se mantiene en el poder desde 2009.

Su figura desata enormes debates por varias razones, pero los principales cuestionamientos giran en torno a cómo actuó Netanyahu antes del 7 de octubre, cómo tomó sus decisiones, qué peso les dio a las advertencias recibidas (él las desmiente) y cuál es su grado de culpabilidad por lo ocurrido en relación con todas sus decisiones respecto a Hamás.

Decimos "culpabilidad", ya que, aunque Netanyahu no ha reconocido hasta ahora su responsabilidad, esta es inherente a su condición de primer ministro, el máximo encargado de tomar las decisiones de Estado, cualesquiera que sean las recomendaciones y opiniones de sus jefes de seguridad, hacia quienes él desvía todas las culpas.

Por eso resulta clave formar una comisión de investigación, algo que Netanyahu no ha hecho en tres años, y que todos los partidos de la oposición sionista se comprometen a llevar a cabo en cuanto se forme un Gobierno de cambio, si es que logran constituirlo.

El punto de impacto de un misil iraní lanzado contra Tel Aviv.

El punto de impacto de un misil iraní lanzado contra Tel Aviv. EFE

Reclutamiento de los ultraortodoxos

La masacre desencadenó una guerra en siete frentes en la que ha muerto casi otro millar de israelíes, la mayoría de ellos soldados en combate, así como civiles víctimas de atentados y del impacto de misiles y cohetes, lanzados tanto desde Líbano por la organización terrorista Hezbolá como por Irán.

Esta situación dejó en evidencia un serio problema que, si bien siempre dividió a la sociedad israelí, en los últimos años ha cobrado otra dimensión: el hecho de que el grueso de los jóvenes del sector haredí se niega a alistarse, alegando que es prioritario dedicarse al estudio de la Torá.

Esta problemática no comenzó, por cierto, con los gobiernos de Netanyahu, sino que data de los tiempos de David Ben Gurión, cuando este aprobó la exención para cuatrocientos jóvenes eruditos en el estudio de la Torá.

Sin embargo, esto se convirtió en un fenómeno masivo que abarcó a todos los jóvenes en edad de alistarse cuando el primer ministro Menájem Beguín llegó al poder en 1977.

Esto siempre fue motivo de debate, porque esa situación atentaba contra el principio de igualdad ante la ley y sobrecargaba a quienes sí cumplen con el servicio militar.

Pero luego llegó el 7 de octubre, que lo cambió todo.

Ver hoy manifestaciones contra el reclutamiento en las que los sectores más extremistas gritan "moriremos y no nos alistaremos" e insultan a los policías tildándolos de "peores que Hamás", resulta hoy absolutamente inaceptable.

No todo el público haredí comulga con ese tono, pero eso es lo que se impone en la calle; la condena por parte del liderazgo político y rabínico haredí es prácticamente nula y, por el contrario, su mensaje sigue siendo opuesto a servir en el Ejército.

Esto irradia una desconexión profunda de la realidad nacional y una sensación de injusticia inaceptable, que ha derivado en el lema esgrimido por los partidos del bloque opositor sionista: la "alianza de los que aportan" frente al "bloque de los que eluden su responsabilidad".

Netanyahu con soldados israelíes.

Netanyahu con soldados israelíes. Foto de archivo

Cómo será Israel

El Gobierno saliente, el primero desde 1988 que agota su mandato y no adelanta las elecciones, fue también el primero conformado de manera absoluta por partidos con una agenda de derecha en sus distintos matices.

En realidad, el propio Netanyahu es el elemento más moderado y pragmático de su coalición, pero casi toda su gestión en este Gobierno ha estado supeditada a sus socios.

Por ello, hoy también se afirma que el 27 de octubre se vota qué tipo de Israel se desea: uno de tono ultraconservador y con un excesivo avance religioso, o uno en el que, en paralelo a la salvaguarda de la seguridad, se preserve un carácter liberal que impida iniciativas que socaven su democracia abierta.

A todo esto, casi sobra aclararlo, se suman la cuestión palestina, Irán, Hezbolá, el islam radical, la educación y la sanidad pública, asuntos con los que siempre hay que lidiar.

Sin embargo, difícilmente será eso lo que determine la papeleta que los ciudadanos introducirán el 27 de octubre en la urna.

*** Jana Beris es periodista.