Benjamin Netanyahu.

Benjamin Netanyahu. Reuters

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Las próximas elecciones en Israel serán un referendo: ¿Netanyahu sí o no?

La figura y la salud del primer ministro Benjamin Netanyahu, que el mes de las elecciones cumplirá setenta y siete años, estará nuevamente en el centro de la campaña electoral.

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Al analizar la situación política en Israel, cuando falta ya menos de medio año para las elecciones nacionales, el primer detalle sorprendente es cómo logró el Gobierno que estaba en el poder el día de la masacre de Hamás mantenerse al frente y completar sus cuatro años rigiendo los destinos del país.

Hay gobiernos en Israel que han caído antes de terminar la legislatura por problemas mucho menores que el horror del 7 de octubre de 2023, el día más cruento desde la fundación de Israel hace setenta y ocho años.

Precisamente ahora, cuando la ciudadanía sabe que a más tardar el 27 de octubre irá a las urnas, cabe preguntarse cómo ha sido es posible, ya que las conclusiones al respecto deberían incidir en las nuevas elecciones.

En primer término, esto pasa por el tamaño de la coalición de Netanyahu, que le da una cómoda mayoría parlamentaria, y por la decisión del primer ministro de permanecer en el poder en lugar de dimitir o de formar una comisión investigadora de la catástrofe.

Comisión que, cabe suponer, habría determinado que, como jefe de Gobierno, carga con la máxima responsabilidad por lo sucedido.

La otra cara de la moneda es el fracaso de la oposición, que no ha logrado convencer a ninguno de los miembros de la coalición (ni siquiera a quienes se manifestaron de forma dura y muy crítica sobre lo ocurrido) de cambiar de bando y exigir cuentas a Netanyahu. Esto pasa por problemas inherentes a la estructura del bloque opositor. Problemas que no han desaparecido, aunque sí se han moderado en lo relacionado a la división interna.

Naftali Bennett, líder del partido Yamina.

Naftali Bennett, líder del partido Yamina. Reuters

La oposición, además, no es un bloque homogéneo. El único común denominador es la oposición a Netanyahu.

El gran cambio al respecto, clave para los próximos comicios, es que hace unos días el otrora primer ministro Naftali Bennett y su socio y también ex primer ministro Yair Lapid (que se alternaron en el poder en el así llamado "gobierno de cambio" entre junio de 2021 y noviembre de 2022) anunciaron que se unen en el marco de un nuevo partido, Beiajád, que significa "juntos", un mensaje clave en la situación actual.

Lapid, que es hoy jefe de la oposición, decidió darle la primacía a Bennett como candidato a primer ministro, estimando que eso permitirá más votos para el bloque que quiere sacar a Netanyahu del poder.

Ahora, ambos esperan que se les sume el teniente general Gadi Eizenkot, exjefe del Ejército, una figura que goza de gran respeto público y es considerado una persona íntegra y derecha. Eizenkot formó su propio partido y por ahora se postula como candidato en forma independiente.

Pero la sensación general es que es altamente probable que se incorpore a Beiajád si llega a la conclusión de que eso aportará al bloque.

Incluso si Eizenkot toma esa decisión, la oposición aún estará compuesta por tres sectores con tendencias variadas, unidas más que nada por la oposición a Netanyahu.

A la derecha está el partido Israel Beitenu de Avigdor Liberman, un político de larga trayectoria que fue muy cercano a Netanyahu y ministro en varios de sus gobiernos, de posturas de derecha secular.

Bennett y Lapid, y por otro lado Eizenkot, son considerados el centro de la oposición, aunque con distintos matices y, en muchos temas, con tendencia a la derecha en lo referente a la seguridad.

Cabe señalar que Bennett es considerado un religioso moderado, que siempre defendió la anexión de parte de Judea y Samaria a Israel, algo de lo que no habla en este momento.

A la izquierda en el bloque opositor está el general (retirado) Yair Golan, ex vicedirector del Estado Mayor del Ejército, considerado el sucesor del Partido Laborista, aunque con posiciones más de izquierda que ese partido fundador de Israel. Hace ya tiempo se fusionó con el partido Meretz de izquierda sionista, lo cual por un lado desdibuja las diferencias entre ambos y por otro garantiza que no se pierdan votos por la división interna.

Por el lado de la coalición, en la que el partido Likud de Netanyahu es el mayoritario, hay dos partidos de derecha nacionalista ubicados ideológicamente a la derecha del Likud y tres partidos ultraortodoxos. Lo que más interesa a estos últimos son sus asuntos internos y particulares, y no tanto los que atañen a seguridad y política exterior.

Durante muchos años, Netanyahu era considerado el elemento más moderado y pragmático dentro de la derecha israelí. Pero eso cambió desde fines de 2019, cuando se presentó formalmente un acta de acusación en su contra por sospechas de corrupción (soborno, fraude y abuso de confianza).

Las decisiones políticas que toma desde entonces apuntan a garantizar su supervivencia política, lo que, por ejemplo, le llevó (a fin de no desperdiciar votos en la derecha) a introducir elementos como el actual ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, a su gobierno, aunque se había comprometido públicamente a no hacerlo.

Este es también el trasfondo de algunos de los temas que más dividen hoy a la ciudadanía israelí: el intento de la coalición de regularizar por ley la exención de los ultraortodoxos del servicio militar obligatorio y el constante ataque de Netanyahu y sus seguidores a la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía del Estado, a las que presenta como politizadas y tendenciosamente opuestas a él.

Quien más defendía a los jueces supremos durante años, presentándolos como orgullo de Israel, los presenta ahora en términos negativos, y es indudable que eso está relacionado con su propio juicio.

Naftali Bennet y Yair Lapid comparecen para anunciar una coalición para ganar las próximas elecciones en Israel.

Naftali Bennet y Yair Lapid comparecen para anunciar una coalición para ganar las próximas elecciones en Israel. Gideon Markowicz Reuters.

La figura del primer ministro, Benjamin Netanyahu, que el mes de las elecciones cumplirá ya setenta y siete años (la misma edad que tenía el legendario fundador de Israel, David Ben Gurión, cuando se retiró de la vida política), estará nuevamente en el centro de la campaña electoral.

El debate será no solamente su personalidad, sus logros y sus fracasos, sino también su estado de salud.

Para quienes lo defienden, solo él puede lidiar con tantos desafíos como los que enfrenta Israel.

Para sus críticos, es imperioso quitarlo del poder para impedir un deterioro de la democracia, frenar tendencias extremistas y sanar problemas internos serios en la sociedad israelí.

Netanyahu y sus seguidores presentan a quienes no los apoyan como "izquierda", casi en tono de enemigos, no de adversarios.

Pero la realidad es que lo que está en juego no son las diferencias entre "halcones" y "palomas" en lo relacionado al conflicto con los árabes en general y los palestinos en particular. Porque después del horror del 7 de octubre, en los temas básicos de defensa y seguridad nacional no hay grandes diferencias entre los dos bloques.

Pero mientras el Gobierno sostiene que no hay horizonte político antes de derrotar al terrorismo y terminar con el régimen de Irán, varias figuras claves de la oposición sostienen que, precisamente para ser victoriosos en la lucha antiterrorista, hay que saber traducir los logros militares en resultados políticos, algo que Netanyahu hasta ahora no ha conseguido o no ha intentado hacer.

*** Jana Beris es periodista.