Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en el Congreso de los Diputados.
¿Cómo gestionar la polarización política?
El 88,9% de los españoles y españolas consideran que existe mucha o bastante crispación política en el país
La crispación no es sólo un problema político. Es un riesgo reputacional, social y operativo que las empresas deben gestionar activamente desde ya.
Los datos del Estudio sobre hábitos democráticos, publicado en enero de 2024 por el Centro de Investigaciones Sociológicas, mostraban un dato muy significativo sobre la percepción de la crispación política en España. El 88,9% de los españoles y españolas consideraban que existe mucha o bastante crispación política en el país.
Viendo algunas escenas lamentables en el Congreso de los Diputados estos días, como expresidente del Senado, como miembro de una organización de la sociedad civil como es una empresa y como ciudadano, me preocupan dos cosas: la crispación política y que la ciudadanía conviva con la normalización de esta tensión.
Investigando sobre si la crispación política puede ser un factor de riesgo que influya de alguna manera en un incremento de la violencia política, me encuentro con un artículo publicado por la Asociación Americana de Psicología en su revista APA Monitor on Psychology.
Este artículo revisa la evidencia científica disponible sobre violencia política y plantea posibles formas de prevención.
En una parte del texto, la APA destaca "el papel fundamental que pueden desempeñar las respuestas gubernamentales a la hora de calmar o intensificar un conflicto relacionado con la política".
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados. Europa Press
Y esta me parece una cuestión crítica. Debemos reflexionar sobre qué papel tienen el deber de desempeñar los poderes públicos para no contribuir a la polarización de grupos y, no menos importante, qué podemos hacer la sociedad civil organizada, también las empresas con relación directa en los asuntos públicos, en esta cuestión.
A veces pienso que el debate político se produce en unos términos muy alejados del tono de la conversación pública. En la vida cotidiana, cuando dos personas tienen opiniones diferentes sobre un asunto, "el todo o nada" o la descalificación no suele ser el régimen que acompaña la discrepancia.
La vida de la gente está llena de toma de decisiones y de acuerdos diarios, desde los acuerdos con hijos e hijas adolescentes a pactos con el casero para cerrar el alquiler de la vivienda.
"La polarización aleja los posibles acuerdos. La gente, en su vida cotidiana, no se puede permitir la polarización"
Los seres humanos hemos desarrollado estrategias de debate, negociación y acuerdo en nuestra vida diaria para conseguir aquello que nos importa, pero también como parte de nuestra socialización y creación de redes de convivencia.
La polarización aleja los posibles acuerdos. La gente, en su vida cotidiana, no se puede permitir la polarización. Escenificar la diferencia es sano democráticamente, también normalizarla.
Lo que deja de serlo es la rigidez, el reduccionismo, la inflexibilidad, la acusación constante, la ausencia de contexto. Lo que no es sano es que si te expresas con moderación eres un tibio y, si expresas contundencia ideológica, un extremista.
El etiquetado como conclusión en lugar del debate de argumentos.
Según el artículo de la APA, a pesar de que la polarización política puede ser intensa, las encuestas muestran que el apoyo declarativo a la violencia política es muy bajo.
Este dato es esperanzador.
Sin embargo, no podemos delegar toda la responsabilidad en la buena voluntad ciudadana. Desescalar la tensión política es un deber de todos y todas.
Como ejemplo, algo en lo que también incide el artículo mencionado: "el papel de los medios y las redes sociales, donde los algoritmos tienden a priorizar contenidos con alto antagonismo y animosidad entre grupos".
Silvia Intxaurrondo en una emisión de 'La hora de La 1'.
Los algoritmos son programados por algunas empresas. Que esto cambie también es responsabilidad nuestra.
Gestionar la polarización será una competencia clave en asuntos públicos en los próximos años. Esta nueva realidad implica que, para el sector empresarial, la polarización ha dejado de ser un ruido de fondo para convertirse en un desafío operativo y reputacional de primer orden.
El sesgo de amplificación de los algoritmos no sólo distorsiona el debate, sino que expone a las marcas a crisis de identidad en un entorno donde cualquier posicionamiento puede ser malinterpretado por stakeholders enfrentados.
Ante la dificultad de operar en contextos tan fracturados, las organizaciones están obligadas a trascender la comunicación tradicional y desarrollar nuevas competencias críticas: la mediación de conflictos, la escucha activa y la construcción de narrativas responsables que huyan del reduccionismo.
Aquellas organizaciones que asuman este papel como agentes de cohesión y aprendan a navegar la complejidad con templanza podrán proteger su legitimidad y asegurar su viabilidad en una sociedad cada vez más fragmentada.
*** Ander Gil es expresidente del Senado de España y director sénior de Asuntos Públicos en LLYC.