José Ignacio García, en un acto de campaña.

José Ignacio García, en un acto de campaña. Europa Press

Columnas Telón de seda

José Ignacio García, el flechazo que sacude tu matrimonio

Los partidos que dejan de generar ilusión acaban administrando el desencanto. Son el amor industrial de un matrimonio cansado... Hasta que llega una aventura que te promete un buen idilio y "alegría".

Publicada
Actualizada

Existe un aire sentimental que explicaría el ascenso de ciertos partidos (pocos), como Adelante Andalucía en las elecciones de este domingo.

Funcionan como las aventuras: irrumpen con fuerza, despiertan entusiasmo y ofrecen la ilusión del estreno. Los partidos tradicionales, sin embargo, son otra cosa: un matrimonio largo donde se escucha poco, vence la rutina y pesan el desgaste y la decepción.

El mayor error que han cometido las grandes formaciones es que dan por sentado el vínculo y tratan de movilizar mediante una fidelidad histórica. Como si los votantes fueran un derecho adquirido. Puede funcionar porque la costumbre llega a convertirse en afecto si no hay sobresaltos, pero también se evapora en cuanto se presenta la oportunidad de una aventura.

Es el flechazo que tuvieron los andaluces con José Ignacio García. Adelante Andalucía cuadriplicó el resultado hasta superar los 400.000 votos, le arrebató por estadística la mayoría absoluta al PP y adelantó a Vox en provincias como Sevilla o Cádiz. Desde luego existe una cuestión ideológica, pero no se puede olvidar el componente sentimental.

García ofreció los encantos de un idilio: una buena cita con mantel de tela, candelabro del mercado de las Pulgas de la Place du Jeu de Balle de Bruselas y una conversación casi al oído sobre el libro de la mesilla de noche con un Contino Reserva 2021.

Afrontó las necesidades sin plantearlas desde el problema o el hartazgo. Para eso, los andaluces ya tenían “a los de siempre”.

El candidato de Adelante Andalucía en el acto de apertura de campaña.

El candidato de Adelante Andalucía en el acto de apertura de campaña. Europa Press

Un aire fresco, que se arremangó y se puso las botas para recorrer una comunidad autónoma que crece en lo macro y se empequeñece en lo micro. Que huyó de las abstracciones y prefirió hablar del precio del autobús al cansancio de unos padres.

“Seguridad es que si tu niño tiene necesidades educativas especiales, sepas que la escuela pública va a tener la mejor educación. Eso sí provoca que la gente pueda dormir tranquila”, dijo en un momento durante la campaña.

Tan pronto desayunó con autónomos como propuso una ley de comedores escolares para evitar que las empresas de catering preparen la comida a 300 kilómetros, la congelen y la sirvan recalentada en las bandejas de los pequeños.

Y, siempre, reivindicando una izquierda “alegre”, que se aleja de las disputas internas de aquellos grupos que se acaban echando por encima el aceite hirviendo.

Este profesor jerezano de 38 años nunca se mostró enfadado ni culpó a otros partidos o a sus votantes. Defendió la identidad andaluza y los servicios públicos con una voz propia. Eran los versos y el ramito de flores en primavera. Pero de un verdadero extraño.

Las teorías sobre el capitalismo evolucionaron. Pasaron de hablar sobre cubrir necesidades materiales a cubrir necesidades psicológicas o emocionales. Y todo aquello que no rellenase este hueco terminaría provocando una brecha afectiva.

La política se empapa de todo ello. Los partidos que dejan de generar ilusión acaban administrando el desencanto. Y se acomodan en la rutina y en la complacencia, como si arrastraran la suela de las pantuflas y sorbieran fuerte mientras la pareja mira resignada. Les eligieron hace tiempo y no ha surgido ni la oportunidad de una aventura.

Es el amor industrial que se mide con el calendario de los cumpleaños y el cronómetro con la hora de llegada a casa. El automatismo cómodo.

Eso sí, los grandes partidos siguen logrando el apoyo mayoritario. El PP arrasó con 53 diputados y el PSOE, pese a su desastroso resultado, se mantuvo como la segunda fuerza más votada en toda la comunidad autónoma.

A la confianza de los suyos se suma la costumbre, el recuerdo de tiempos mejores o la sensación de estabilidad que da una relación a largo plazo. Porque es más sencillo permanecer amarrado que adentrarse en una aventura afectiva, sexual o de cualquier otra índole escapista, que se sabe cómo empieza pero jamás cómo termina.

Lo más valioso que puede tener Adelante Andalucía es que no ha pisado todavía moqueta de despacho y se beneficia del hecho de no haber gobernado como para decepcionar. No ha habido tiempo para la riña o el desencanto porque está en plena fase de enamoramiento.

Conserva por tanto intacto el privilegio de la promesa.

Y aprovecha esa grieta ofreciendo ilusión, pero al mismo tiempo (y esto es lo verdaderamente difícil en la era digital), escapando del populismo más estridente, el de la agitación o del antiestablishment. Es el presente eufórico frente al histérico que apunta David Cerdá.

A diferencia de otros movimientos europeos que se han emborrachado gracias a la ira o al miedo popular (National Rally de Marine Le Pen, Freedom Party en Austria o Reform UK, del promotor del Brexit Nigel Farage), Adelante Andalucía supo canalizar la queja desde la concordia y la “alegría”, sin cultos a la personalidad. García es el profesor que te habla en la cola de la frutería sobre cómo resolvería tus problemas inmediatos. Está bueno y te invita a cenar.

Sin votos para quemarse o acumular decepciones y sin el desgaste de la gestión, Adelante Andalucía mantiene el encanto de la novedad y del flechazo.

Pero lo más importante, deja una enorme lección para quienes se atrincheran en la rutina: no hay que dar ninguna relación por sentada.