Un volante goloso.

Un volante goloso. BMW El Androide Libre

Columnas EL PANDEMONIUM

Me han robado el volante: mis felicitaciones al chorizo

No pasa nada. Estos son los gafes de vivir en la España progresista y no en Singapur. Peor sería vivir en Mogadiscio. O en Barcelona, que es lo mismo que Mogadiscio, pero en sucio.

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En el Madrid de todos los acentos, alguien, con acento o sin acento, vaya usted a saber, aunque tampoco lo diría si lo supiera porque me triturarían en las redes sociales fuera cual fuera el caso, entró la semana pasada en mi parking y robó ruedas y volantes después de tapar las cámaras con cinta aislante y reventar ventanillas y tornillos de seguridad.

Vaya desde aquí mi más sincera admiración por el ladrón.

Yo soy incapaz de cargar con dos bolsas del Mercadona sin tropezarme con los semáforos, pero el tipo se las apañó para cargar con las cuatro ruedas del coche de una vecina y los volantes afanados, que supongo que se colgó de las orejas como pendientes para mayor comodidad.

Así que ese tipo no es un chorizo, es un malabarista del Cirque du Soleil.

Respect. El que vale para lo suyo, vale para lo suyo.

Quién me iba a decir a mí, en cualquier caso, que lo más goloso de mi coche era el volante. Ya le he dicho a Víctor Núñez, que ahorra en transporte público subiéndose de paquete a mi coche cuando el trayecto le encaja, que no aceptaré menos que un "buenos días tenga usted, señor volante" la próxima vez que lo vea.

Cuatro coches robados en Madrid. Dos fueron desguazados y abandonados.

Cuatro coches robados en Madrid. Dos fueron desguazados y abandonados. E.E.

"Pues yo te habría abierto el coche sin romper la ventanilla y me lo habría llevado", me dijo un vecino para animarme con la táctica de la psicología inversa.

Aparentemente, que te roben el coche es menos encabronador si no te han roto la ventanilla. Aunque me pregunto por qué debería importarme el estado de la ventanilla si ya no tengo coche porque me lo han robado.

"Has tenido suerte", añadió luego el de la grúa, incidiendo en la misma estrategia del vecino. "Te podrían haber robado también las llantas, las ruedas, el catalizador o el coche entero".

La verdad es que tienen razón ambos. España es ese país en el que no hay putada por la que no debas dar las gracias, porque las alternativas son siempre peores. Pudiendo obligarnos a vivir en el tercermundismo, nuestros políticos sólo nos mantienen en el segundomundismo.

Vaya por tanto desde aquí mi agradecimiento a todos ellos.

A los políticos que han renunciado a ejercer el monopolio de la violencia en beneficio de los delincuentes, no vaya a ser que los acusen de violentos, de ultraderechistas o de cosas peores.

Y, por otro lado, a los delincuentes que han aceptado tan generoso ofrecimiento ejerciendo esa violencia a placer, pero con meritoria contención.

¡Pudiendo secuestrarte a punta de pistola, rebanarte la carótida, robarte el coche o comerse los yogures de tu nevera, los ladrones de la España de 2026 sólo te roban el volante!

¡A vuestros pies, generosos!

No pasa nada. Estos son los gafes de vivir en la España progresista y no en Singapur. Peor sería vivir en Mogadiscio. O en Barcelona, que es lo mismo que Mogadiscio, pero en sucio.

Con el coche en el taller, he tenido que recurrir al Metro de Madrid.

Dice mi amiga Paz que no hay nada más clasista que un catalán. Y dice bien.

Pero mi antipatía por el Metro de Madrid no tiene nada que ver con la clase. En parte porque mi clase es la de los perros mil leches y mi pedigrí rivaliza con el de un Tigretón. 

Mi antipatía tiene que ver con el apelotonamiento, con el ruido, con la mala educación de quienes se hacen notar a conciencia y con otras consecuencias del amontonamiento insano de más humanidad de la recomendable en un espacio pequeño, maloliente, cerrado y subterráneo.

Vamos, que no es que yo sea esnob. Es que no tengo vocación de badajo de campana catedralicia.

O de marinero de submarino.

El caso es que este martes, tras un viaje de una hora en el metro más abarrotado de la historia del Metro de Madrid, puse un tuit donde decía, más o menos, que el transporte público es el mejor anuncio jamás inventado por la industria automovilística porque te impulsa a comprarte no uno, sino dos coches: el primero para el día a día y el segundo para cuando tienes el otro en el taller.

Y ahí ardió Troya.

"Eso es muy racista, Cristian", me dijo uno en X.

No hace falta decir que yo no hice alusión a raza alguna y que, por regla general, me apetece tan poco comerme el sudor de un madrileño como el de una noruega, un uruguayo o un apátrida.

Pero el caso es que el racismo del que preguntaba (porque el asunto es que fue ÉL el que dio por sentado que lo que a mí me molestaba no podía ser la masificación o el ruido, sino SÓLO la raza de los pasajeros) revirtió en mi contra y acabé acusado de racismo cuando mi problema es con la humanidad en general y las autoridades del Metro en particular.

Si me hubiera llamado misántropo, todavía.

Pero me llamó racista.

Y yo no soy racista. Como decía Harry Callahan en una de las entregas de Harry el Sucio, "yo no soy racista: odio a todas las razas por igual".

Y ese es mi caso en el metro. Mi misantropía es exquisitamente igualitaria y no se atenúa frente a un español nacido en España y con ocho apellidos acabados en -ez. Prefiero de hecho a Waldorf Chen Yupanqui Mbatha con el móvil en silencio que a Fernando Pérez Fernández jugando a PUBG Mobile con el volumen a todo lo que den los altavoces.

Cartel promocional del juego PUBG Mobile.

Cartel promocional del juego PUBG Mobile.

Así que cuando el gobierno ponga en marcha la aplicación HODIO, yo entraré en ella sólo para que me pregunten "¿a quién odia usted?".

Y responderé "en el metro, a todos"

El dato es que el metro de Madrid alcanzó en 2025 su récord de usuarios, con 736,9 millones de desplazamientos. Más que los 715,2 de 2024, que a su vez fueron un 8% más que en 2023.

El dato es que Madrid crece en población, como ocurre también en el resto de España, pero no crece al mismo ritmo en servicios públicos, viviendas o puestos de trabajo de calidad.

Otra cosa es el chabolismo urbano, la degradación de la convivencia y la decadencia de los servicios públicos, que empeoran al mismo ritmo que la propaganda de los medios sanchistas.

Crecemos en "carne", pero no en ladrillo, asfalto, servicios, productividad o talento, porque ese incremento poblacional no genera mayor valor añadido que el simple aumento del número de personas que compiten por una misma porción del pastel de los presupuestos públicos.

El talento español, el que podría generar ese valor añadido, se va de hecho de España en cuanto tiene oportunidad. España exporta productividad e importa dependencia porque esa es la condición necesaria para la perpetuación de los políticos y sus cortesanos en el machito.

¿Entienden adónde les he llevado con esta columna?

En España, como ocurre con mi coche, no hay nadie al volante, porque lo han robado.

Y el actual propietario del volante es un ladrón que lo va a vender, por un precio muy inferior al real, al mejor postor africano, chino o ruso.

Esa es la metáfora.