Al milagro, sí. "Una de esas cosas, Sancho, que suceden rara vez". A ver si se entera esa derecha charlatana de barra de bar que ha terminado creyéndose que sólo la incompetencia de sus propios líderes (el eterno chiste del caballo) se interpone entre la ley de la gravedad y la reconquista del poder.

Tan milagroso es que eso ocurra, que en 45 años de democracia ha sucedido una única vez. No lo logró Felipe ni en el 77, ni en el 79. No lo logró Fraga ni en el 82, ni en el 86. No lo logró Aznar ni en el 89, ni en el 93. No lo logró Almunia en el 2000. No lo logró Rajoy en el 2008. No lo logró Sánchez ni en el 2015, ni en el 2016. No lo logró Casado ni en abril del 2019, ni en noviembre del 2019.

Feijóo se acerca al milagro.

Feijóo se acerca al milagro. Javier Muñoz

Que el jefe de la oposición le gane a un presidente del Gobierno en ejercicio, aspirante a la reelección, es algo tan difícil, una hazaña de tal mérito y calibre, que, como digo, sólo lo consiguió Aznar, en su tercer intento, el 3 de marzo de 1996 y tan por los pelos que yo mismo la bauticé como su "amarga victoria". 

Todos los demás relevos en la Moncloa han sido fruto de la incomparecencia del 'incumbente' (Calvo Sotelo ni siquiera era el líder de UCD, Aznar y Zapatero renunciaron a intentarlo en el 2004 y 2011) o de la moción de censura en la que Rajoy entregó la espada sin apenas combatir.

Lo que esperamos, o poco menos que exigimos, de Feijóo es que reproduzca ese singular y hasta hoy nunca repetido milagro del 96. Con la dificultad añadida de que Sánchez no lleva más de 13 años en el poder, sino apenas cinco. 

Además, por mucho que se le insulte, descalifique o ridiculice, Sánchez no es responsable o inductor de docenas de asesinatos, secuestros y torturas. Tampoco ha permitido la corrupción del reparto de los fondos reservados, la financiación ilegal de su partido a través de Filesa o el enriquecimiento delictivo de sus amigos. 

No ha visto robar a la directora general del BOE, ni huir y ser capturado mediante engaños al director general de la Guardia Civil. No ha visto dimitir a su vicepresidente y ministro de Defensa por las escuchas ilegales del CESID. No ha visto dimitir a su ministro del Interior al ser declarada inconstitucional su ley más emblemática

Por otra parte, Sánchez tiene hoy la mitad de tasa de paro que tenía González en el 96 (un 12 frente a un 24) y la economía española cuenta con los fondos europeos y los parabienes de Bruselas frente a aquel escenario de pesadilla en el que no cumplíamos ninguno de los parámetros de Maastricht para formar parte del euro. 

Sánchez tiene al CIS como criado para todo, con el obsceno Tezanos empeñado en favorecerle, mediante la técnica de la profecía autocumplida

Y, por supuesto, lo que sigue en vigor, corregido y aumentado es el aplastante desequilibrio en cuanto a medios, resortes y recursos entre el jefe del Gobierno y el líder de la oposición. 

Sánchez tiene el Presupuesto (engrosado por ese maná de los Next Generation) y el BOE. Tiene de forma incondicional, cuadrados a sus órdenes, a los mandamases de TVE, Radio Nacional y el Grupo Prisa, a casi todas las televisiones privadas, en conjunto escoradas a la izquierda, amén de a un elenco de medios espontáneamente gubernamentales, alumbrados al calor institucional. 

Sánchez tiene al CIS como criado para todo, con el obsceno Tezanos empeñado en favorecerle, mediante la técnica de la profecía autocumplida. Tiene los medios logísticos y de transporte propios de un Estado moderno y cuenta con un ejército de altos, medios y bajos cargos cuyo estipendio está ligado al suyo. Miles de profesionales necesitados de encontrar cada día nuevas virtudes al presidente y sobre todo nuevos defectos al jefe de la oposición para ganarse el plus de productividad.

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Es de nuevo "David contra Goliat". Así titulé yo el libro de artículos que en el 95 presentaron al alimón Aznar y Anguita con Adolfo Suárez sentado en la primera fila.  

En términos comparativos, Feijóo dispone de una rudimentaria honda para derribar a un gigante de la era de la inteligencia artificial. Y en lugar de contar en la izquierda con un aliado en lo relativo al juego limpio y la regeneración de la democracia, se encuentra con las extremidades adheridas al tronco de la mayoría Frankenstein, sin más propósito ni sentido que compartir el poder con Sánchez. 

Para colmo la herencia de Rajoy le dejó por la derecha un parásito oportunista llamado Vox, empeñado en engañar a los españoles con mentiras simétricas a las que nacen de Podemos, Sumar y compañía. 

"¡Y aun dicen que el pescado es caro!". Como en el mítico cuadro de Sorolla sobre la muerte de un joven pescador que todos los gallegos entienden, la España conservadora no valora el mérito y la dificultad extrema de lo que está intentando cada día Feijóo para llevarle una victoria electoral a la boca. 

Son gentes gruñonas que se retroalimentan de los mensajes extremistas que hacen de Sánchez y los suyos una mezcla de traidores y canallas. Son mensajes aderezados siempre con la "jajaganda" de los motes que se burlan de los atuendos o exageran los defectos físicos. 

Tan interiorizado tienen esos exaltados el desprecio del rival que todo les parece poco en el plano de la crítica

Dice el Consejo de Seguridad Nacional que esa es la estrategia del Kremlin para ridiculizar a las "élites malvadas". Pues debemos tener unos cuantos aprendices de Putin dentro, porque esa cháchara maniquea se escucha cada mañana en las tertulias de uno y otro signo. Si en España las emisoras tuvieran que pagar como la Fox por pronunciar los insultos, difamaciones y distorsiones que sus oyentes anhelan escuchar, más de un negocio se vendría abajo. 

Tan interiorizado tienen esos exaltados el desprecio del rival que todo les parece poco en el plano de la crítica y cuando están en la oposición piensan que es la blandenguería de su paladín lo que impide al conjunto de la población ver las cosas como ellos

Por eso es tan importante ponerles hoy ante la serie histórica: lo normal sería que Sánchez volviera a ganar las elecciones y mantuviera su mayoría poliédrica; lo excepcional, que Feijóo, por muy solvente, concienzudo, trabajador y buen polemista que sea, logre desalojarle de la Moncloa. 

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Y, sin embargo, sentada esta premisa, ¿por qué se huele el aroma del milagro? ¿Por qué los sondeos no adulterados van creando el consenso de que los únicos feudos que peligran el 28-M son todos socialistas y si varios de ellos caen Feijóo tendrá expedito el camino hacia una gran victoria en diciembre? ¿Y por qué, sobre todo, son los votantes, los militantes, los dirigentes, los altos cargos, los ministros socialistas incluso, los que en privado transmiten de manera creciente la desconfianza en el rumbo marcado por su líder?

Feijóo lo está haciendo entre bien y muy bien, criticando, proponiendo, dando la cara sin perder nunca los nervios, pero esa no es la clave. Las elecciones no las gana la oposición; las pierde el Gobierno. Y, de repente, este Gobierno o para ser exactos estos tres gobiernos formalmente coaligados pero cada día más estancos (el de Pablo e Irene, el de Yolanda y en especial el de Sánchez) parecen empeñados en perderlas.

En el primer caso es que, probablemente, quieran perderlas. Si no fuera así, habrían buscado la redención ante la mayoría, impulsando la rectificación de su catastrófica ley excarceladora de violadores. Pero es obvio que Pablo e Irene no buscan aplacar a los más, sino incendiar a los menos.

El programa de Yolanda tiene un único punto: convertirse en la primera mujer presidenta del Gobierno

Su mirada está puesta en el día en que la chispa pueda propagarse mediante la mecha de la desolación a través de una gran crisis europea, el barril de pólvora salte por los aires y ahí estén ellos para levantar una comuna nueva entre cadáveres y escombros. Por algo tienen a Bildu, Esquerra y la CUP siempre tan cerca.

Para Yolanda perder y ganar son dos conceptos relativos. Gracias a su franqueza ante Évole ya sabemos que en su caletre Sumar significa transferir a su redil recién inventado la mayor porción posible de quienes votan al PSOE encabezado por el "machista" Sánchez y al Podemos liderado de facto por el "cascarrabias" Iglesias.

[Las 10 claves de la entrevista de Yolanda Díaz en 'Lo de Évole': "Iglesias y yo somos muy diferentes"]

Su programa tiene un único punto: convertirse en la primera mujer presidenta del Gobierno. Es obvio que su cómo y su cuándo no pasan por estas elecciones. Eso sí, siente "mucho cariño" y "mucho respeto" por aquellos batracios sobre cuyas espaldas transita, aguardando el momento de clavarles el aguijón envenenado. 

Lo más enigmático es lo de Sánchez y en concreto su relación con esos socios que tanto le perjudican. ¿Cómo es posible que esté liderando con claridad y firmeza nuestra política exterior, haciendo oídos sordos, a cuanto le dicen Yolanda o Belarra sobre Marruecos o Ucrania, y les baile en cambio el agua de manera balbuceante y errática en las cuestiones esenciales de la política interior? 

Es cierto que, gracias en buena medida al rigor y la determinación con que se lo planteó la ministra de Justicia, Pilar Llop, Sánchez acabó decantándose por rectificar la ley del 'sí es sí'. Pero lo hizo tarde y mal, arrastrando los pies hasta para pedir perdón, transmitiendo una total falta de convicción, avergonzándose más de la enmienda que del yerro y entregando el teatro del Congreso al melodrama victimista de una señora que de facto ya no es ministra, pero sigue ejerciendo como ministra. Cuando Batet le dio la palabra para que hablara "en nombre del Gobierno" y ella la utilizó para denostar al Gobierno, sin que ningún otro ministro le diera la réplica, la bancada socialista no sabía dónde meterse.

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Quienes cubren los actos de precampaña para este y otros medios independientes no dejan de advertir la escasa movilización del PSOE. Unos lo achacan a la total ineficiencia de Ferraz, fruto de la dualidad de funciones tanto de la vicesecretaria María Jesús Montero como de la portavoz Pilar Alegría, atrapadas en sus ministerios. Otros a la desconexión creciente entre la cúpula y las bases en cuestiones como la eliminación de la sedición, la rebaja de la malversación, la ley trans o la ley animal, en las que el PSOE ha tocado la música que le dictaban otros.

El último ejemplo es el de la Ley de Vivienda, aparcada desde hacía tres años con el propósito de dejarla dormir hasta el final de la legislatura. Ni con Ábalos, ni con Raquel Sánchez el ministerio competente había cedido a las pretensiones de Podemos. El ansia por darle bazas a Yolanda Díaz ha producido el vuelco, pero una gran parte de los votantes del PSOE no están de acuerdo ni con que un jubilado con cinco apartamentos fruto de sus ahorros sea un "gran tenedor de viviendas", ni con que la ley le impida mantener su poder adquisitivo subiendo el alquiler a la par que el IPC, ni con que quede desprotegido ante el rampante fenómeno de la okupación violenta e ilegal.

Las subidas del salario mínimo, los sueldos de los funcionarios y las pensiones han estimulado el consumo, apuntalando el empleo

Sólo faltaba que a poco más de un mes de las municipales y autonómicas Sánchez se sacara de la manga una promesa tan postiza e inverosímil como la de las 93.000 viviendas "asequibles": más que todas las VPO que se han construido en España si sumamos sus cinco años de gobierno y los seis y medio de Rajoy. 

[Los 93.000 pisos prometidos por Pedro Sánchez son más que toda la VPO edificada en una década]

Volviendo al razonamiento estadístico, nada de esto debería ser óbice para que el PSOE salvara los muebles el 28-M y Sánchez siguiera en enero en la Moncloa. Las subidas del salario mínimo, los sueldos de los funcionarios y las pensiones han estimulado el consumo, apuntalando el empleo, y el año turístico se perfila como extraordinario.

Como bien explicó en Wake Up, Spain! el empresario Ismael Clemente, los tres millones de perjudicados por la política extractiva de Sánchez que financian sus liberalidades son muchos menos que quienes se benefician de ellas. Mientras esas filas de costaleros, formadas por empresarios, profesionales, autónomos y asalariados medios aguanten la dura penitencia que padecen, el clientelismo electoral seguirá funcionando.  

¿Qué está sucediendo entonces? ¿Por qué Feijóo parece tener a su alcance el milagro primero en mayo y después en diciembre? 

"Deberíamos empezar a asumir que la imagen del presidente está muy quemada ante amplios sectores de la población", me comentaba hace poco un alto cargo socialista, tratando de explicar la reticencia de algunos barones a compartir estrado con Sánchez. 

Desde que me lo dijo, no dejo de pensar en que Bolaños y los competentes cabezas de huevo de Moncloa, en lugar de dedicar tanto tiempo a buscarle defectos ocultos a Feijóo, escaneando hasta los últimos pliegues de su biografía, tal vez deberían poner mayor empeño en corregir equivocaciones muy evidentes en la forma en que su jefe se relaciona con los españoles.