El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman se reúne con el presidente egipcio Abdel Fattah El Sisi en Yeda.

El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman se reúne con el presidente egipcio Abdel Fattah El Sisi en Yeda. Reuters

Oriente Próximo

La guerra en Irán fractura el mundo islámico: los países del Golfo, listos para combatir; Turquía y Egipto, para mediar

Hartos de recibir ataques injustificados, las petromonarquías barajan entrar en guerra contra Irán si el régimen de los ayatolás cumple sus amenazas. Una posición que no comparten todos los países musulmanes.

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Las claves

Irán ha lanzado nuevos ataques contra Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, aumentando el riesgo de una escalada regional.

Los países del Golfo, especialmente Arabia Saudí y Emiratos, critican con dureza a Irán y amenazan con responder, pero aún evitan una confrontación militar directa.

Egipto y Turquía se posicionan como potenciales mediadores en el conflicto, buscando estabilidad y evitando que la guerra afecte a sus propios intereses.

Mientras los países del Golfo colaboran con Estados Unidos, la posibilidad de sanciones económicas contra Irán aumenta, aunque una respuesta militar directa depende de futuras acciones.

Irán lanzó este martes nuevos ataques sobre sus vecinos de Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Aunque prácticamente todos fueron repelidos por las defensas antiaéreas de estos países, la insistencia iraní no hace sino multiplicar los riesgos de una escalada regional.

De hecho, durante buena parte de la tarde del martes se especuló con un ataque desde el emirato de Kuwait con misiles ATACMS, aunque en realidad se trataba de una intercepción con misiles Patriot a un ataque previo iraní.

Como es normal, por su tamaño y su importancia geopolítica, Emiratos y Arabia Saudí son los que más han criticado al régimen de los ayatolás por estos ataques y los que con más fuerza han amenazado con una reacción.

No es de extrañar si se tiene en cuenta que Emiratos —junto a Baréin, por cierto— es firmante de los Acuerdos de Abraham de normalización de relaciones con Israel y que, desde la asunción por parte de Mohamed bin Salman del poder ejecutivo en Arabia Saudí, Irán se ha convertido en el enemigo número uno.

Desde una lectura tradicional, tomando como referencia el equilibrio de fuerzas del siglo pasado, se podría pensar que Israel es el único socio de Estados Unidos en esta guerra, pero no es ni mucho menos así.

Las monarquías árabes vecinas a Irán llevan tiempo pidiendo a Estados Unidos movimientos para derrocar a los ayatolás y criticando su voluntad imperialista, tanto en el terreno puramente militar como en el religioso.

Hay que recordar que Irán no solo es un país persa, sino que sus dirigentes son chiíes, frente a la mayoría suní del resto de los países árabes. Sólo Catar, y no siempre, ha mantenido buenas relaciones con el régimen de los ayatolás.

Omán también se ha ofrecido en distintas ocasiones para mediar en las disputas que involucran a Teherán y el mundo occidental. El resto tiene ahora mismo mucho más interés en desalojar al Jamenei de turno que en acorralar a Benjamin Netanyahu.

Los peligros de una acción militar

Una prueba clara de ello se vivió durante los bombardeos de Israel a la Franja de Gaza entre 2023 y 2025.

Mientras en determinados países occidentales se hablaba de genocidio y se protestaba en las calles, la reacción de estos Estados árabes fue mucho más tímida.

Por supuesto, se condenó a Israel, pero ni los firmantes de los Acuerdos de Abraham se desligaron de los mismos ni Arabia Saudí encabezó ninguna campaña de hostilidad comercial como sí habría sucedido con total seguridad en el siglo XX.

En esta guerra, los árabes están aceptando de momento poner la otra mejilla para no reventar los mercados, pero la paciencia se les está acabando.

Saben que tienen mucho que perder si se alargan las operaciones, por las pérdidas que pueden acarrear los ataques iraníes sobre sus infraestructuras energéticas y por la incertidumbre que crea un conflicto de este tipo en países que venden todo lo contrario al turismo internacional de lujo: seguridad absoluta y comodidad, algo incompatible con sirenas y búnkeres.

Eso sí, aunque Arabia Saudí y compañía están colaborando con Estados Unidos en el uso de las bases conjuntas y Emiratos ya advirtió este fin de semana que "no va a negociar con terroristas" ante las amenazas de Teherán de atacar sus refinerías y yacimientos de gas, los países del Golfo Pérsico no se deciden a contestar directamente con armas a las provocaciones iraníes.

Sus motivos tienen para ello.

Atacar en primera persona a Irán supondría una escalada del conflicto que no se sabe adónde va a llegar. Supone también depender de Donald Trump, un hombre cuyos impulsos pueden llevarle a abandonar la guerra y dejar solos a sus aliados en cualquier momento.

Lo que sí pueden hacer es congelar activos iraníes en sus bancos y complicar el paso de petróleo iraní por tierra a terceros países. De hecho, es muy probable que esto suceda en el corto plazo.

Egipto y Turquía, por la "paz"

Todo cambiaría, por supuesto, si Trump atacara objetivos civiles en Irán, como amenazó el pasado fin de semana, y a su vez el régimen de los ayatolás atacara infraestructuras en estos países del Golfo.

En ese caso, hay que suponer que sí habría una respuesta militar directa de estos países.

El presidente estadounidense felicitó este lunes públicamente a Emiratos, a Arabia Saudí y a Catar al considerar que "se estaban portando de forma excelente".

Es fácil imaginar a los emiratíes y a los saudíes apoyando una coalición en Ormuz. Más difícil se antoja en el caso de los cataríes.

Sin embargo, esta hostilidad no es compartida por otros países islámicos. Irán tiene pocos amigos en Oriente Próximo, por no decir ninguno… pero al menos no todo son enemigos.

En las últimas horas, Egipto y Turquía se han sumado a los intentos de Omán y Pakistán por mediar en el conflicto. Probablemente, sepan tan bien como cualquiera que eso solo sirve para que Irán gane tiempo y se recomponga, pero juegan con esa ambigüedad de servir a "la paz".

Las motivaciones de Abdelfatah El Sisi, presidente egipcio, tienen que ver puramente con la estabilidad. Ya se vio en la guerra de Gaza que Egipto estaba más preocupado en que no le salpicara el conflicto que en ayudar a los palestinos.

Temen que un rebrote del terrorismo en Oriente Próximo dañe su economía y, sobre todo, que agite su avispero interno en favor de los Hermanos Musulmanes, a los que Irán también ha apoyado en las últimas décadas.

Turquía, como siempre, juega con la múltiple baza de ser un país de la OTAN, aliado de Estados Unidos… pero a la vez inclinado cada vez más hacia el islamismo y con una excelente relación con Rusia, lo cual le acerca a su vez a Irán.

Recep Tayyip Erdoğan ha apoyado a Hamás tanto como Alí Jamenei y no tiene dudas de que Israel es el gran enemigo a batir, sin matices.

¿Con quién negocian Witkoff y Kushner?

Si por estos países fuera, las negociaciones seguirían ad aeternum hasta que se llegara a un acuerdo parecido al que aceptó Barack Obama en 2015 y que revocó el propio Trump en 2018.

No sienten que los ayatolás sean una amenaza o, al menos, ven la inestabilidad como una amenaza mayor. No les puede hacer gracia que Irán llegue a construir una bomba nuclear, pero entienden que nunca se la tiraría a ellos.

Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes no pueden decir lo mismo. Para ellos, esta es una guerra de supervivencia. Las cuestiones morales quedan aparte.

En cuanto a Estados Unidos, sigue la confusión sobre sus objetivos y la situación actual de su campaña. Se supone que el equipo negociador Steve Witkoff-Jared Kushner sigue en charlas con alguien de la administración iraní, pero nadie es capaz de decir quién es ni de dar ninguna pista, lo que invita a pensar que, tal vez, no exista.

El viernes acaba el ultimátum de cinco días que extendió Trump el pasado lunes. Puede que, entonces, se lance un ataque salvaje sobre Irán, un ataque más bien simbólico… o aparezca otro supuesto interlocutor que permita ampliar la fecha límite un tiempo más. Imposible adelantarlo en este momento.