El canciller alemán, Olaf Scholz, ante los hornos crematorios de Auschwitz.

El canciller alemán, Olaf Scholz, ante los hornos crematorios de Auschwitz. Reuters

Europa

Europa conmemora los 80 años de la liberación de Auschwitz con los neonazis al alza en Alemania y sin Putin

Pocos supervivientes y muchos líderes europeos acudieron al acto en un clima enrarecido por las veleidades imperialistas de Rusia y el alza de la extrema derecha. 

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Cuarenta y ocho horas después del multitudinario mitin de la Alternativa para Alemania (AfD) en la ciudad de Halle, en el que tanto Elon Musk como la líder Alice Weidel reivindicaron el pueblo alemán, la cultura alemana y la necesidad de olvidar la culpa respecto a lo acontecido en la II Guerra Mundial, líderes de casi todo el mundo occidental se reunieron en Auschwitz para celebrar el 80º aniversario de la liberación del campo de exterminio.

El tema fue, precisamente, la memoria. Una memoria que la formación neonazi pretende dejar atrás y que cada vez tiene menos supervivientes: en torno a 50 víctimas de la barbarie alemana asistieron al acto, una cifra que lógicamente se va reduciendo en cada conmemoración. Pronto no quedará nadie que estuviera ahí para poder contar las atrocidades cometidas y triunfarán los discursos revisionistas de los que se sienten incómodos con las culpas.

La reunión se produce entre inmensas tensiones nacionalistas, como quizá nunca se vieron en Occidente desde el final de la gran contienda del siglo pasado. El primer ministro polaco, Donald Tusk, alertó de este auge en todo el continente y especialmente en Alemania y Rusia, que ya se pusieron de acuerdo en 1939 para anexionarse su país.

En medio de la crisis de la OTAN, con un presidente estadounidense cuyo discurso también corteja al populismo nacionalista y a pocas semanas de unas trascendentales elecciones alemanas en las que la AfD puede ser decisiva para un futuro gobierno, el símbolo del horror de Auschwitz se hace más relevante que nunca.

Rusia, la gran ausente

Tantas veces se ha dicho a lo largo de los últimos 80 años que viene el lobo, que tal vez hayamos perdido conciencia del peligro. Las palabras de Donald Trump en su investidura sonaron a otros tiempos, mientras que las otras dos grandes potencias nucleares, Rusia y China, llevan años encerrados en la autarquía nacionalista. Si el virus se extendiera al corazón de Europa -esto es, Francia y Alemania, donde el Reagrupamiento Nacional y la mencionada AfD siguen creciendo en las encuestas-, sería difícil encontrar una vacuna para la discordia.

De hecho, la obligada ausencia de Vladímir Putin es de por sí llamativa. El campo de Auschwitz fue liberado por el ejército rojo de la Unión Soviética y la ausencia del país más grande de aquel conglomerado de repúblicas marca el tono de los tiempos. Aislados por la comunidad internacional tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Putin y Rusia tuvieron que ausentarse obligatoriamente del acto que celebraba precisamente la colaboración entre potencias para derrotar a la barbarie… por mucho que una de esas potencias tuviera a Stalin por dirigente.

A las tensiones nacionalistas, al enfrentamiento entre Rusia y sus vecinos y al discurso nacional-populista de Trump y Musk, hay que añadir la exigencia del presidente estadounidense, repetida por el secretario general Mark Rutte, de que los países aliados de la OTAN dediquen al menos el 5% de su PIB a defensa. Una petición aceptada inmediatamente por los países bálticos, pero que supone un problema gravísimo para la economía de países como España, Italia o Portugal que no llegan al 1,6%. La necesidad de rearmarse es evidente y poco a poco, junto al gasto militar, volverán los servicios obligatorios y la desconfianza entre naciones.

El retorno del “lebensraum”

Más allá de los triunfos de la extrema derecha en Italia y Austria, Marine Le Pen sigue encabezando los sondeos con mucha claridad de cara a los comicios presidenciales de 2027 y la AfD continúa en segunda posición en las previsiones de febrero en Alemania.

La formación neonazi, cuya trayectoria ha sido curiosamente la inversa a los demás partidos de ultraderecha, es decir, ha pasado de una cierta moderación a la reivindicación del “lebensraum”, está ya por encima del 20% en expectativa de voto, a unos diez puntos tan solo de la conservadora CDU de Friedrich Merz.

Durante décadas, una posible alianza de gobierno que incluyera a la ultraderecha habría sido impensable, pero ahora no parece algo tan lejano. Merz y Weidel comparten discursos muy parecidos respecto a la inmigración, que tal vez el PSD no pueda apoyar. Teniendo en cuenta el hundimiento de los liberales, no se atisban otras posibles soluciones. Por supuesto, Weidel no acudió a la celebración de Auschwitz, como no acudió ninguno de sus líderes en una zona -Alemania Oriental- donde la AfD está causando estragos. El totalitarismo, a lo que se ve, tarda décadas en curarse.

No acaba ahí la amenaza nacionalista. Aunque Gran Bretaña esté fuera de la UE, ha sido durante siglos la referencia de la democracia liberal parlamentaria. Los intentos de Elon Musk de provocar un resurgimiento de Reform Britain, la formación de Nigel Farage, pueden acabar dando sus frutos. Es curioso porque ambos comparten un mismo ideario, tienen una excelente relación con Donald Trump, pero no pueden verse entre sí. Lo mismo le pasa a Musk con el otro gran ideólogo de la alt-right, Steve Bannon, que recientemente calificó al magnate sudafricano de “hombre malvado” y prometió luchar contra él.

Puede que, después de todo, la nueva generación no sea como la vieja y que los tabúes vayan desapareciendo según desaparece la memoria. Es una generación acostumbrada a los discursos extremos defendidos de tú a tú en las redes sociales y que insiste en que falta libertad de expresión, aunque el mismo hecho de que puedan decirlo ya indica lo contrario.

Una generación que puede coquetear con el fanatismo como si fuera una pantalla más de un videojuego y que ve Auschwitz como un fenómeno mediático y no como la consecuencia de los planteamientos nacionalistas. Una generación peligrosa, en definitiva, llamada a mandar en Occidente en los próximos años.