El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante un Consejo Europeo

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante un Consejo Europeo Unión Europea

Europa

El plan (¿fallido?) de Berlín para desactivar el "chantaje" de Hungría en la guerra de Ucrania

La alianza de países que quieren acabar con el veto en política exterior (que incluye también a España) celebra su primera reunión este lunes.

22 mayo, 2023 03:35
Bruselas

Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el Gobierno húngaro de derecha radical de Víktor Orbán se ha convertido en el caballo de Troya del Kremlin dentro de la Unión Europea, poniendo trabajas de forma sistemática a las sanciones contra Moscú y la entrega de armas a Kiev. El último ejemplo es el bloqueo por parte de Budapest de un nuevo tramo de 500 millones de euros del presupuesto comunitario en ayuda militar al Gobierno de Volodímir Zelenski, que Orbán condiciona a la retirada del banco húngaro OTP de la lista negra de entidades que colaboran con el conflicto.

El obstruccionismo de Hungría en la guerra de Ucrania ha acabado ya con la paciencia del resto de socios, que consideran la actitud de Moscú como una amenaza existencial. Orbán ha perdido incluso al único aliado férreo que tenía dentro de la UE, el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, con el que había forjado un eje marcado por el euroescepticismo y la crítica constante al poder de Bruselas. Esta vez, Polonia ha liderado las políticas europeas de apoyo a Kiev y sanciones contra Moscú.

Nadie en la capital comunitaria sabe muy bien cómo afrontar el desafío de Orbán, que acusa a la UE de propiciar una "atmósfera de guerra", pero al mismo tiempo nunca ha expresado ningún deseo de marcharse, incluso aunque el resto de socios le señalaron la puerta en una tensa cumbre hace dos años. Al contrario, su Gobierno está realizando reformas para reforzar la independencia judicial en un intento de desbloquear miles de millones de fondos europeos congelados por su deriva autoritaria.

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El último plan para tratar de desactivar el "chantaje" de Hungría ha partido de Alemania. Se trataría de acabar con el actual derecho de veto con el que cuentan todos los Estados miembros en las decisiones sobre política exterior de la UE (que exigen unanimidad) y pasar a las votaciones por mayoría cualificada. Un cambio que podría hacerse sin necesidad del laborioso y complejo trámite de reformar los Tratados.

El Gobierno de Berlín esgrime como principal argumento la necesidad de facilitar la capacidad de actuar de la UE en un momento en el que trata de convertirse en una potencia geoestratégica en respuesta a la guere de Ucrania y el auge de China. Pero en privado admite que su objetivo es evitar que Hungría tome como rehenes decisiones vitales para el resto de socios con el fin de lograr sus propias metas nacionalistas.

Alemania ha lanzado un "Grupo de amigos de las votaciones por mayoría cualificada" que celebrará su primera reunión presencial este lunes en Bruselas, justo antes del encuentro de ministros de Exteriores de los 27. Pertenecen a esta alianza España, Francia, Italia, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, Holanda, Rumanía y Eslovenia. Además, Dinamarca y Eslovaquia asisten en calidad de observadores. Según este principio, una decisión se aprueba cuando cuenta con el apoyo del 55% de los Estados miembros que a la vez supongan el 65% de la población europea.

"El objetivo del Grupo de amigos es mejorar la eficacia y la velocidad de nuestra toma de decisiones en política exterior. Con el telón de fondo de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y los crecientes retos internacionales a los que se enfrenta la UE, los miembros del Grupo están convencidos de que la política exterior de la UE necesita procedimientos adaptados con el fin de reforzar a la UE como actor internacional", reza el manifiesto fundacional que se publicó el 4 de mayo.

"Quiero decirle a los escépticos: ni la unanimidad ni el 100% de acuerdo en todas las decisiones crea la mayor legitimidad democrática posible. Al contrario. Es precisamente el cortejo y la lucha por mayorías y alianzas lo que nos distingue como demócratas", argumentó el canciller alemán, Olaf Scholz, en un discurso ante el pleno de la Eurocámara el pasado 9 de mayo.

Sin embargo, el plan de Alemania choca con un obstáculo insalvable: para pasar a las decisiones por mayoría cualificada en política exterior se requiere primero una votación por unanimidad. Una unanimidad que ahora mismo resulta inalcanzable precisamente por el veto de Hungría (pero también de Polonia). "Nadie dice que sea fácil, pero hay que quitar tabúes", se excusa un diplomático de uno de los países de la alianza.

El ministro de Exteriores húngaro, Peter Szijjártó, ya ha hecho saber su oposición frontal a esta iniciativa "progresista" que a su juicio "supone una amenaza para la soberanía nacional". "Esto singifica nada menos que el fin de los intereses nacionales. Nadie debe esperar que Hungría se rinda a esta poítica exterior impredecible y progresista liderada por Alemania", avisa Szijjártó.

Pero también el Gobierno polaco de derecha radical de Ley y Justicia, pese a su actual distanciamiento de Budapest, ha reaccionado con furia frente a la iniciativa de Berlín. "La unanimidad asegura que se garanticen los intereses de todos los Estados miembros de la UE y que se tenga en cuenta la voz de cada país, independientemente de su tamaño o población. También asegura que cualquier decisión relativa a asuntos de guerra y paz pertenezca al derecho soberano de cada Estado miembro, señala el ministerio de Exteriores polaco.

A Varsovia le gustaría incluso volver atrás y reinstaurar la exigencia de consenso en aquellas políticas de la UE que ahora se deciden por mayoría cualificada (que son casi todas, con la excepción de política exterior e impuestos). "Las actuales normas de mayoría cualificada no garantizan en modo alguno que los objetivo de la política exterior y de seguridad de la UE se alcancen con mayor eficacia o rapidez. De hecho, el valor de la unanimidad ya ha salvado en más de una ocasión a los Estados miembros de cometer errores estratégicos con consecuencias muy negativas para la seguridad de la UE", sostiene Polonia.