Borrell, durante la reunión de ministros de Exteriores de la UE

Borrell, durante la reunión de ministros de Exteriores de la UE UE

Europa BREXIT

La UE pierde la paciencia con "el día de la marmota" del 'brexit' de May

La decepción y la inquietud por el bloqueo de la política británica vuelven a imponerse en la capital comunitaria.

Bruselas

"No busquen respuestas al brexit en Bruselas. Ahora es el momento de que hable Londres, no nosotros", se queja el portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas. Los dirigentes de la UE empiezan a hartarse de la falta de cintura política de Theresa May, su incapacidad para conseguir que el Parlamento británico ratifique el acuerdo de divorcio firmado con Bruselas y su insistencia en renegociar asuntos que los 27 dan por cerrados, en particular la salvaguarda para garantizar que en ningún escenario reaparezca una frontera física entre Irlanda e Irlanda del Norte.

"La simpatía, paciencia y disposición a esperar a que la posición de Reino Unido se aclare son muy importantes para evitar lo peor. No deberían despilfarrarse haciendo una política partidista", escribía a primera hora del lunes el ministro de Economía de Alemania, Peter Altmaier, en una crítica nada velada a May. En Bruselas se había recibido con alguna esperanza el anuncio de la primera ministra británica de que iba a negociar con todas las fuerzas políticas un plan B tras la derrota histórica que sufrió la semana pasada en la Cámara de los Comunes. Un acuerdo de unidad nacional era la mejor solución para evitar un brexit caótico.

Pero la decepción y la inquietud por el bloqueo de la política británica vuelven a imponerse en la capital comunitaria tras la comparecencia de May. En lugar de un plan B aceptable y susceptible de lograr apoyos suficientes en el Parlamento británico, la primera ministra británica vuelve a poner sobre la mesa ideas que ya han sido rechazadas por sus socios de la UE: renegociar la solución para Irlanda del Norte con el fin de tratar de convencer a los unionistas irlandeses que sostienen su Gobierno.

Un plan B que es además casi idéntico al plan A, que fue derrotado por un margen de 230 votos. ¿Cómo convencerá a los diputados que votaron en contra? No lo ha explicado. Eso sí, ha rechazado de nuevo un segundo referéndum y se ha negado a descartar un escenario de brexit sin acuerdo, como pide la oposición.

"Esto parece el día de la marmota", le ha replicado el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn. La única novedad del discurso de May ha sido el anuncio de que suprimirá la tasa de 65 libras (74 euros) para los ciudadanos europeos que quieran quedarse en Reino Unido tras el brexit y obtener el estatuto de asentados. Una media que había reclamado el Parlamento Europeo y que ha sido celebrada de inmediato por su portavoz para el brexit, Guy Verhofstadt. Por lo demás, los dirigentes comunitarios han guardado silencio tras escuchar las palabras de May por la tarde. Pero ya habían dejado clara su postura crítica durante la mañana.

Evitar que el brexit se cronifique

Uno de los más duros ha sido el ministro de Exteriores, Josep Borrell, que ve imposible resucitar el acuerdo que el Parlamento británico tumbó la semana pasada. "La diferencia es demasiado grande, el rechazo es demasiado frontal como para pensar que es una cuestión de ajustes marginales", sostiene. May debe dar a la UE "alguna clase de garantías" de que su nuevo plan tendrá suficiente apoyo parlamentario. "De nada sirve que volvamos a negociar otra cosa al albur de que en el momento final el Parlamento británico lo rechace, como ha pasado este vez", se ha quejado.

"El problema con el brexit es que hay que evitar que se cronifique. No se puede convertir en un problema crónico, en algo que perturba la vida normal de la UE durante años", insiste Borrell. "Esto empieza a parecerse a lo que hizo Puigdemont, eso de declaro la independencia y luego suspendo sus efectos. Eso en el caso del brexit no se puede aplicar, pero al paso en que vamos, se empieza a parecer a eso", sostiene el ministro de Exteriores. 

Por su parte, el negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier, ha dejado claro que Bruselas no aceptará renegociar la solución para evitar una frontera física en la isla de Irlanda en todos los escenarios, una salvaguarda (backstop) que consiste en una unión aduanera entre la UE y Reino Unido y un estatus especial para Irlanda del Norte, que se mantendría también en el mercado interior. May pretende lograr más garantías de que Londres no se quedará atrapada de forma indefinida en la unión aduanera y de que esta solución no cuestiona la integridad territorial de Reino Unido. 

"El Acuerdo de Retirada, en todas sus dimensiones incluyendo el backstop, es el mejor acuerdo posible", ha repetido Barnier hasta en tres ocasiones al ser preguntado por si hay margen para volver a negociar. Este documento jurídicamente vinculante -que consta de 585 páginas y que incluye todos los temas del divorcio, como la solución para Irlanda, la factura del divorcio o los derechos de los ciudadanos- no va a reabrirse. Lo que sí se podría tocar, si Londres lo pide, es la declaración política sobre las relaciones futuras entre la UE y Reino Unido.

No se renegociará la salvaguarda irlandesa

"Por lo que se refiere a la relación futura, si Reino Unido quiere ser más ambicioso que un simple acuerdo de libre comercio, nosotros estamos dispuestos a ser inmediatamente más ambiciosos", ha subrayado Barnier. "Corresponde ahora a los líderes británicos construir esa mayoría positiva y estable para un acuerdo. Estamos esperando los siguientes pasos del Gobierno británico", agrega.

El negociador de la UE ha pinchado además otro de los globos sonda que ha lanzado el Gobierno británico durante el fin de semana: la posibilidad de que la cuestión de la frontera se resuelva mediante un acuerdo bilateral entre Irlanda y Reino Unido.

"Trabajamos a 27 como un único equipo", ha contestado el político francés. Otra idea que ha salido de Londres y que apenas ha sobrevivido unas horas es la posibilidad de renegociar el Acuerdo de Paz del Viernes Santo en el Ulster, descartada este lunes tanto por May como por Dublín.

El único en desmarcarse de la línea oficial de la UE ha sido el ministro de Exteriores de Polonia, Jacek Czaputowicz: propone que la salvaguarda irlandesa sea temporal y expire al cabo de cinco años. "No sé si es factible, si Irlanda está dispuesta a plantear esta propuesta, pero tengo la impresión de que podría desbloquear las negociaciones", ha dicho en declaraciones a la BBC.

Su homólogo irlandés, Simon Coveney, apenas ha tardado unos minutos en desautorizarle. "Se trata de un intento de ayudar por parte del ministro polaco. Tienen más ciudadanos en Reino Unido que cualquier otro Estado miembro. Pero no creo que su intervención refleje la posición de la UE en esta materia. De hecho sé que no es así", ha dicho Coveney. "Poner un límite temporal a una póliza de seguros, que es lo que es la salvaguarda irlandesa, significa en la práctica que ya no es una salvaguarda", alega. Una posición que de inmediato ha secundado su homólogo alemán, Heiko Maas.

"La UE está dispuesta a ser flexible en el contexto de la declaración sobre las relaciones futuras. Si Reino Unido quiere cambiar sus líneas rojas, recibirá una respuesta generosa de la UE, haremos lo que podamos para acomodarlas. Lo que la UE no está dispuesta a hacer es a empezar a renegociar un Acuerdo de Retirada jurídicamente vinculante que costó casi dos años de construir", insiste Coveney. El diálogo de sordos entre Bruselas y Londres continúa sin perspectivas de solución cuando apenas quedan 67 días para el 29 de marzo de 2019, la fecha oficial del brexit.