El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en la escalinata del Palacio del Pueblo de Pekín.

El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en la escalinata del Palacio del Pueblo de Pekín. Kenny Holston/Pool via REUTERS

Asia

Arsenales nucleares, IA y venta de armas: Xi exige la no interferencia de Trump en Taiwán a cambio de acuerdos

En las dos horas y media de su encuentro en el Palacio del Pueblo de Pekín, el presidente chino ha instado al estadounidense a "manejar con cuidado" la cuestión de Taiwán.

Más información: Trump pide ayuda a Elon Musk y Tim Cook para presionar a Xi Jinping: la lista de objetivos del presidente para su viaje a China

Publicada
Actualizada
Las claves

Las claves

Xi Jinping advierte a Trump sobre el riesgo de conflicto si EE.UU. apoya la independencia de Taiwán y ofrece ampliar relaciones económicas si no interfiere.

EE.UU. y China negocian temas clave como el uso militar de la inteligencia artificial, la venta de armas a Taiwán y la influencia en la guerra de Irán.

La venta de armamento estadounidense a Taiwán por valor de 14.000 millones de dólares está bloqueada, generando inquietud en Taipéi sobre el respaldo de Washington.

Trump busca el apoyo de Xi Jinping para mediar en la guerra con Irán, mientras intenta estabilizar los lazos comerciales y tecnológicos entre ambos países.

El presidente chino, Xi Jinping, ha avisado a su homólogo estadounidense, Donald Trump, sobre el riesgo de una "mala gestión" de las aspiraciones independentistas de Taiwán, algo que podría llevar incluso a las dos superpotencias "a un conflicto".

Xi declaró también que "no hay ganadores en una guerra comercial" en referencia a la ofensiva arancelaria a Washington, suspendida contra Pekín en estos momentos. La reunión que mantuvieron las dos delegaciones en el Gran Palacio del Pueblo se alargó dos horas y media.

El presidente chino expresó que la "independencia taiwanesa" y la paz en el estrecho de Taiwán son "incompatibles". Mantener la estabilidad en la zona, declaró, es el "mayor denominador común" entre China y Estados Unidos.

Trump muestra su admiración a Xi Jinping en su visita a China

Con el actual bloqueo del estrecho de Ormuz a causa de la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, el estrecho de Taiwán es ahora mismo la principal ruta de tráfico marítimo para la región del Indo-Pacífico.

A cambio de la no interferencia en Taiwán, que Pekín considera como un territorio irrenunciable, Xi ofrece a Trump ampliar sus vínculos económicos en base al "beneficio mutuo" y con las "consultas en igualdad" como "única opción correcta".

Los nuevos acuerdos que persigue EEUU

El presidente Trump aterrizó este miércoles en el Aeropuerto Internacional de Pekín acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el representante de Comercio, Jamieson Greer. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó por separado desde Seúl, donde había mantenido conversaciones comerciales con su homólogo chino.

Trump le restó importancia al componente económico, caballo de batalla de MAGA en la relación con China, antes incluso de despegar en Washington: aseguró a los periodistas que iba a tener una "larga conversación" con Xi sobre la guerra de Irán.

De hecho, la presencia de Hegseth ha llamado especialmente la atención. Un secretario de Defensa no suele viajar a China en visita de Estado: los titulares del Pentágono realizan sus propias visitas separadas, sin el ruido de las cumbres presidenciales.

Hegseth es el primer secretario de Defensa en pisar China en casi ocho años —el último fue James Mattis, en 2018— y su inclusión rompe una larga tradición diplomática.

El Consejo sobre Relaciones Exteriores, un afamado think tank estadounidense, describió la cumbre como "un intento de estabilizar las relaciones sino-americanas más que de resolver disputas de largo recorrido", enumerando entre los temas pendientes Taiwán, la IA con uso militar y las relaciones de China con Rusia, Irán y Corea del Norte.

A bordo del Air Force One viajaba también Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, que se incorporó durante la escala en Alaska, tras no aparecer en las listas previas, y Elon Musk, consejero delegado de Tesla y SpaceX.

Su presencia no es casual: en agosto de 2025, Trump autorizó a Nvidia a vender determinados chips de inteligencia artificial a China a cambio de que el Gobierno estadounidense se quedara con el 15% de los ingresos generados.

La medida desató una tormenta en el Congreso —el demócrata Gabe Amo llegó a decir que Trump estaba "saboteando la seguridad nacional subastando nuestra tecnología más avanzada al mejor postor"—, y sentó un precedente que para muchos puede volverse en contra de Estados Unidos en el medio plazo.

Más allá de los comunicados

Los asuntos militares que se tratarán en Pekín no son difíciles de deducir, aunque ninguno aparecerá con ese nombre en los comunicados finales.

El primero es Irán. China es el principal comprador del petróleo iraní interceptado por el bloqueo naval desde el 13 de abril, y el cierre del estrecho le cuesta entre 50 y 60 millones de dólares al día en costes adicionales de transporte, según estimaciones de JPMorgan.

Trump quiere que Xi Jinping presione a Teherán para reabrir el estrecho y firmar un acuerdo nuclear. Pekín tiene capacidad para ello, pero la usará a un precio. El 16 de abril, Hegseth anunció que China había dado "garantías de alto nivel" de que no enviaría armas a Irán, atribuyendo el avance a la "relación fuerte y directa" entre Trump y Xi.

El segundo asunto es la inteligencia artificial de uso militar. Según el análisis de Euronews del martes, "los problemas de guerra habilitada por IA estarán sobre la mesa porque China y EEUU ya habían abierto conversaciones al respecto, especialmente en lo relativo a lo nuclear".

China usa IA para entrenar modelos de ataques de enjambres de drones, modelar explosiones nucleares y guiar misiles. Estados Unidos ha anunciado una Estrategia de Aceleración de la IA que, según su propio texto, "redefinirá cómo se libran las guerras en la próxima década".

El tercer gran asunto, el más delicado, es Taiwán. El lunes 11 de mayo, Trump anunció que discutiría con Xi las ventas de armas a la isla, rompiendo de facto con las Seis Garantías, el principio diplomático por el que Washington se compromete a no consultar con Pekín sus decisiones sobre armamento para Taiwán.

"Vamos a hablar de ello —dijo Trump en el Despacho Oval—. Al presidente Xi le gustaría que no siguiéramos con las ventas, pero lo discutiremos."

Hay un paquete de 14.000 millones de dólares en armamento defensivo para Taiwán aprobado por el Congreso en enero de 2025 que lleva bloqueado en el Departamento de Estado desde entonces.

Según fuentes citadas por The Philadelphia Inquirer, la Casa Blanca ordenó la paralización para "garantizar que Trump tuviera un encuentro exitoso con Xi". Una situación similar a la de Ucrania, donde no se ejecutan los gastos ya aprobados para que Trump pueda seguir presumiendo de su amistad con Vladímir Putin.

El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, ofrece una rueda de prensa en Taipéi, Taiwán, el 14 de febrero de 2025.

El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, ofrece una rueda de prensa en Taipéi, Taiwán, el 14 de febrero de 2025. Ann Wang Reuters

El nerviosismo de Taipéi

El presidente taiwanés William Lai Ching-te, del gobernante Partido Democrático Progresista, lleva semanas viendo cómo el tablero se mueve en su contra. El 10 de abril, Cheng Li-wun —presidenta del Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición taiwanesa, cuya postura histórica es de acercamiento a la China continental— visitó Pekín por primera vez en casi una década y se reunió con Xi en el Gran Palacio del Pueblo.

Allí, Cheng hizo una llamada a la "reconciliación" y sugirió que frenaría el rearme de la isla. Lai publicó una declaración al respecto: "La historia nos dice que ceder ante los poderes autoritarios solo sacrifica la soberanía y la democracia."

No parecía muy convencido de que su gran aliado estuviera en la misma onda ni tampoco lo parece la senadora demócrata Elissa Slotkin, exanalista de la CIA, que aseguró a Politico que Taipéi tenía motivos para estar nervioso ante la visita de Trump.

Este mismo lunes, una coalición bipartidista de ocho senadores envió una carta a Trump insistiendo en que desbloqueara el paquete de armamento. "Animamos encarecidamente a su administración a que ejecute formalmente los 14.000 millones de dólares en ventas de armas a Taiwán que el Congreso aprobó", rezaba la misiva.

El armamento en cuestión incluye sistemas de contraataque de drones, un comando de batalla integrado y munición de alcance medio: exactamente lo que más necesita Taiwán y más molesta a Pekín.

El problema es que la guerra de Irán ha dejado los arsenales estadounidenses de misiles Patriot y THAAD en niveles que el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales califica de insuficientes para afrontar un conflicto simultáneo en el Pacífico.

Algunos altos cargos estadounidenses, según la cadena CNN, expresaron su preocupación por que Trump participe en una reunión en la que "Xi tiene las mejores cartas".

Pidiendo ayuda a Pekín

Hay un punto irónico en la imagen de Trump aterrizando en China para pedir la mediación de Xi en la guerra que él mismo inició.

Cuando tomó posesión en enero de 2025, la relación sino-americana estaba en su punto más bajo en décadas: aranceles sobre las importaciones chinas, controles de exportación sobre chips avanzados y una retórica de enfrentamiento que se vio avalada por los dos partidos del Congreso.

Lo que vino después puede resumirse en una frase: cada vez que Trump amenazaba, China respondía, los mercados caían, y Trump daba marcha atrás. Algo parecido, salvadas las distancias, a lo que hemos visto en Irán.

El pico del enfrentamiento llegó en abril de 2025, con la imposición de aranceles del 145% sobre productos chinos y del 125% sobre productos americanos, paralizando el comercio bilateral. En octubre, los dos líderes se vieron en la ciudad surcoreana de Busan y pactaron una tregua. En noviembre, la extendieron un año.

El resultado es que, en la actualidad, los aranceles efectivos rondan el 10% y la relación comercial vuelve a ser fluida.

Trump viaja a Pekín con una delegación de directivos —Tim Cook, de Apple, Kelly Ortberg, de Boeing, y varios ejecutivos de Goldman Sachs, Mastercard y Visa— con la idea de que China le compre aviones y soja a mansalva, algo que luego podría vender como victoria en casa, dejando la cuestión militar y el papel de Hegseth en un conveniente segundo plano mediático.