Un conductor llena su tanque en una gasolinera en La Habana en pleno bloqueo del suministro de petróleo a Cuba. Reuters
El bloqueo de Estados Unidos deja a Cuba al borde de la crisis humanitaria ante el abandono de sus aliados Rusia y China
Venezuela y México llevan semanas sin mandar un solo barril a la isla, que empieza ya con los recortes a la espera de una negociación con la Casa Blanca.
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Desde que el pasado 29 de enero, Donald Trump declarara la "emergencia nacional" ante la supuesta amenaza de Cuba y fijase durísimos aranceles a todo aquel que comerciara con el régimen de Miguel Díaz Canel, la situación en la isla no ha dejado de empeorar.
Los argumentos de Trump apelan a la seguridad de EEUU: Cuba estaría alojando a espías chinos y rusos, además de dar cobijo a terroristas de Hamás.
Por supuesto, no se molestó en dar prueba alguna de sus acusaciones ni en explicar cómo podían suponer una amenaza para la seguridad nacional estadounidense a estas alturas.
Que el régimen castrista -los expertos ven a Díaz Canel como un mero transmisor de las órdenes del anciano Raúl Castro y de su hijo Alejandro- desprecia las libertades individuales y tiene entre sus máximos aliados a todo aquel que haga lo propio es algo sabido desde hace casi setenta años.
La decisión repentina de estrangular económicamente a la isla tiene claramente un objetivo político y está marcado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos en los años cincuenta.
Aunque Trump insiste en que el régimen debe negociar "antes de que sea demasiado tarde" y el propio Díaz Canel afirmara la semana pasada que estaría dispuesto a abrir esos canales de negociación, lo cierto es que no se acaba de dar el primer paso para un acuerdo.
Al cortar el suministro de petróleo desde Venezuela y obligar a México a hacer lo propio -Claudia Sheinbaum, eso sí, mandó este fin de semana un cargamento de "ayuda humanitaria"-, la preocupación actual de la comunidad internacional está en impedir que la crisis provoque un cataclismo entre la sociedad civil cubana.
Luchar por Rusia para nada
El domingo, una fuente anónima de una aerolínea europea confesó a la agencia AFP que las autoridades cubanas les habían informado de que ya no había petróleo para repostar en sus viajes.
La medida, en principio, entraba en vigor este martes, aunque no hay confirmación directa del Gobierno cubano.
Los viajes regionales, en principio, sí podrán mantenerse, pero, al menos durante un mes, los internacionales tendrán que contar con una escala previa para cargar combustible.
Un avión de la aerolínea Viva Aerobus es remolcado en el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana. Reuters
Es el principio de una serie de medidas restrictivas que no se sabe hasta qué punto van a afectar a la población.
Cuba no tiene petróleo y no tiene aliados. Durante décadas, el régimen sobrevivió a duras penas con el apoyo de la Unión Soviética y de China, pero, más allá de las condenas y las indignaciones de cara a la galería, no parece que ni Moscú ni Beijing estén dispuestos a mover un dedo para desafiar el bloqueo estadounidense y ayudar a un aliado de muchísimas batallas.
El caso ruso es particularmente extraño. Si el régimen de Díaz Canel cae, y con él, toda la estructura castrista, sería el cuarto país amigo que se derrumba sin que el Kremlin intervenga.
Sucedió en Siria en 2024, cuando Al Assad tuvo que refugiarse en Moscú; sucedió con Venezuela y la detención de Maduro en enero de este año y puede suceder en cualquier momento en Irán, que vio como EEUU e Israel bombardeaban sus instalaciones nucleares sin que Putin se inmutara pese a haber mandado cientos de miles de drones Shahed al frente de Ucrania.
En ese sentido, Cuba puede compartir la misma queja. Si bien, oficialmente, el Gobierno no ha mandado tropas ni armamento para apoyar a Rusia, desde La Habana se han compartido diplomáticamente todas las reivindicaciones del Kremlin y miles de "voluntarios" han cruzado el charco para combatir en la guerra de Putin. Parece claro que Moscú no está para devolverle favores a nadie.
¿Otra "vía Delcy Rodríguez"?
Según Victoria Grabenwoeger, de la empresa de análisis de mercados Kpler, Cuba estaría ahora mismo al límite de sus reservas petrolíferas, con lo que las estrecheces se empezarían a notar de inmediato en el consumo eléctrico de los hogares.
Por mucho que Gustavo Petro y Lula da Silva hayan mostrado recientemente su solidaridad con el régimen castrista, lo cierto es que ninguno de los dos se atreve a molestar en exceso a la Casa Blanca.
Colombia está en plena campaña de colaboración contra el narcotráfico y Lula no quiere sustos de cara a las elecciones de octubre, donde parte como claro favorito.
El régimen, pues, está rodeado, pero también lo está el pueblo cubano, que, además de sufrir la opresión y el hambre, puede ver reducida a niveles catastróficos su calidad de vida.
El buque ARM Papaloapan (A-411) de la Armada de México parte cargado con ayuda humanitaria, incluyendo alimentos y otros suministros básicos con destino a Cuba en el puerto de Veracruz el pasado domingo. Reuters
Rubio y Trump creen que Díaz Canel cederá, pero el castrismo ha demostrado una capacidad de resistencia apabullante, en buena parte, porque los embargos y los bloqueos apenas afectan a sus élites.
Tampoco está claro, además, qué deben hacer. ¿Echar a los diplomáticos chinos bajo excusa de espionaje? Eso no va a suceder y en la Casa Blanca lo saben.
La única solución es negociar una "vía Delcy Rodríguez" y confiar en que haya una transición política que satisfaga a Marco Rubio y a la oposición de Miami.
La vía armada, que tan bien funcionó con Nicolás Maduro, supondría aquí un riesgo elevadísimo, pues el recuerdo de Bahía de Cochinos, aunque hayan pasado 65 años, sigue presente en EEUU y la línea dura de MAGA no quiere aventuras de ese tipo.
Los próximos días, por lo tanto, serán clave. Washington espera un gesto que no acierta a detallar y Díaz Canel propone negociaciones sobre aspectos que no concreta. El desacuerdo es absoluto y la idea es que el hambre y las necesidades básicas hagan el trabajo de erosión.
Una apuesta cruel por noble que sea la posible ganancia. Solo queda esperar que Rubio y Trump esta vez no se hayan liado con el cálculo… y que la familia Castro, de una vez por todas, acepte que la isla no es de su propiedad.