Militares argelinos en una operación en Ain Defla

Militares argelinos en una operación en Ain Defla REUTERS/Abdelaziz Boumzar

África

Argelia, el gigante que presiona a Marruecos: cuadriplica su gasto militar y maniobra contra su plan de anexión del Sáhara

Rabat teme la creación de un 'lobby antimarroquí' en Europa que mantenga el plan de autodeterminación para el Sáhara de la ONU.

En la 'guerra fría' que mantienen, Argelia presiona a España con el gas natural y Marruecos con la inmigración y las ciudades autónomas.

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Las claves
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Argelia cuadruplica su gasto militar respecto a Marruecos y fortalece su posición en el Magreb aliándose con China y Rusia.

La ley española que abre la nacionalidad a saharauis es vista por Marruecos como un movimiento antimarroquí que incide en la pugna por el Sáhara.

La renovación de la misión de la ONU en el Sáhara (MINURSO) enfrenta a Marruecos, que busca consolidar su plan de autonomía, contra Argelia y el Frente Polisario, que defienden la autodeterminación.

Ceuta y Melilla se convierten en escenarios de presión para España, que debe equilibrar su relación con Marruecos y Argelia en un contexto de rivalidad y crisis recurrentes.

España está atrapada en la 'guerra fría' entre Marruecos y Argelia que se libra en varios frentes: el gasto militar, la influencia en el Sahel, la energía, la diplomacia del Sáhara y, cuando conviene, la presión sobre España, señalan expertos y diplomáticos a EL ESPAÑOL.

Ceuta y Melilla son el escenario donde esa competencia se vuelve tangible para Madrid. La ley aprobada por el Congreso para abrir la vía a la nacionalidad española de hasta 70.000 saharauis añade un elemento más a esa pugna.

Marruecos lee esa nacionalización como la consolidación de una comunidad saharaui con derechos españoles y europeos, capacidad de organización e influencia política favorable a la autodeterminación. Es decir, un "lobby antimarroquí", señala a este diario una fuente diplomática experta en la región.

La relación entre esta ley y la crisis de Ceuta fue formulada públicamente por el exportavoz del Gobierno marroquí, Mustapha El Khalfi, quien vinculó la tramitación con el asalto fronterizo y lo calificó de "potencialmente peligroso" para la relación bilateral.

La siguiente cita conflictiva está fijada en el calendario: el 31 de octubre vence el mandato de la MINURSO, la misión de Naciones Unidas creada en 1991 para vigilar el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario y preparar un referéndum de autodeterminación. Y con la que Donald Trump pretende acabar para favorecer a Marruecos.

Su renovación abrirá una batalla diplomática entre Rabat, que quiere afianzar su plan de autonomía, y Argel y el Polisario, que defienden mantener abierta la vía de la autodeterminación.

El tercer elemento es militar. Argelia destinó 25.400 millones de dólares a gasto militar en 2025, cuatro veces más que los 6.300 millones de Marruecos, según los últimos datos del instituto sueco SIPRI.

La abultada diferencia condiciona la estrategia marroquí. Rabat compite desde una posición convencional muy inferior y busca ventajas mediante alianzas con EEUU e Israel, drones, control territorial y diplomacia.

Argelia obtiene un beneficio estratégico indirecto cuando una crisis erosiona la imagen de Marruecos como socio fiable de España y de la Unión Europea, mientras afianza relaciones con China y Rusia.

Batalla por el Sáhara

La MINURSO nació para organizar una consulta en la que la población saharaui pudiera elegir entre independencia e integración en Marruecos. El desacuerdo sobre el censo, el bloqueo político y la evolución de las posiciones internacionales impidieron el referéndum. La misión conserva hoy el marco jurídico de un proceso de descolonización pendiente.

"Representa otra batalla diplomática clave sobre el Sáhara Occidental", explica a EL ESPAÑOL Riccardo Fabiani, director del proyecto para el Norte de África de International Crisis Group.

Milicianos del Frente Polisario junto a una bandera de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.

Milicianos del Frente Polisario junto a una bandera de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática. Reuters

La resolución del Consejo de Seguridad determinará el lenguaje sobre autonomía y autodeterminación, el alcance de la misión y el clima de las negociaciones impulsadas por EEUU.

Marruecos aspira a reforzar el respaldo internacional a su propuesta de autonomía presentada en 2007. Fabiani añade que Rabat vería favorablemente un cambio de nombre de la MINURSO o incluso su cierre.

Argelia y el Frente Polisario defienden el statu quo y la autodeterminación como principio rector. La continuidad de la misión preserva la referencia al referéndum. Una reducción de sus funciones o una transformación de su mandato desplazaría el centro de gravedad hacia la autonomía bajo soberanía marroquí.

Fabiani advierte de que una MINURSO reducida o redefinida supondría "otro pequeño paso" hacia el objetivo marroquí: una situación diplomática y territorial cada vez más difícil de revertir para el Polisario y Argelia.

Rabat desarrolla una estrategia de largo alcance que combina control sobre el terreno, inversiones, reconocimiento de gobiernos extranjeros, relaciones de seguridad y diplomacia. Su meta consiste en convertir su dominio de facto sobre la mayor parte del Sáhara en una realidad aceptada.

El componente militar sostiene esa competición. La distancia presupuestaria entre Argelia y Marruecos mide recursos, capacidad de renovación y resistencia financiera de cada ejército. Doctrina, entrenamiento, tecnología, mando, alianzas y experiencia operativa completan el cuadro.

Marruecos ha reforzado su cooperación con Estados Unidos e Israel, ha incorporado drones y sistemas tecnológicos y utiliza material excedentario estadounidense para ampliar sus capacidades.

Akram Kharief, analista argelino especializado en defensa, disocia el aumento del gasto argelino del Sáhara y de Marruecos. Lo atribuye a la modernización de la fuerza aérea y la marina, a la necesidad de proyectar medios hacia el sur y a la amenaza yihadista y de drones en el Sahel.

También sostiene que los equipos israelíes han encarecido las adquisiciones marroquíes y que el material estadounidense compensa parte de esa carga. Kharief añade que Argel ve a Rabat como un "proxy funcional" de las geopolíticas israelí y emiratí. La frase revela el clima de rivalidad que acompaña a la explicación técnica del gasto militar.

Sin embargo, el "árbitro último del poder" en Argelia, y por tanto, de la política exterior del país, es el Ejército argelino, la ANP, señala a este diario Dalia Ghanem, investigadora sénior del German Marshall Fund y autora de Algeria on the Global Stage: The Paradox of Influence.

La cúpula militar, afirma Ghanem, conserva la memoria de la 'guerra de las Arenas' de 1963 y percibe a Marruecos como un rival revisionista cuya expansión debe contenerse. Argel interpreta la cooperación marroquí con Israel, EEUU y Emiratos Árabes Unidos (EAU) como un cerco.

El dron Akinci, adquisición de Marruecos.

El dron Akinci, adquisición de Marruecos. Wikimedia

Rabat presenta sus drones, sus acuerdos de defensa y el reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara como instrumentos de equilibrio frente a la fuerza convencional argelina. La investigadora resume esa espiral: con los canales diplomáticos cerrados, cada adquisición defensiva se interpreta al otro lado de la frontera como una amenaza ofensiva.

La guerra directa resulta improbable por el coste político, económico y social que tendría para ambos regímenes. La confrontación se desplaza hacia las zonas grises.

"Argelia no chantajea a Europa con la migración, ese no es su modus operandi. Marruecos lo hizo y lo volverá a hacer. Argelia utiliza las exportaciones de gas como palanca política y diplomática", asegura Ghanem.

En el Sáhara Occidental, prevé escaramuzas de baja intensidad en las fronteras del territorio y ataques de drones marroquíes en las zonas de separación. La MINURSO trabaja dentro de ese espacio frágil.

Ceuta y Melilla, la presión sobre España

España necesita una relación operativa con Marruecos para el control fronterizo, la lucha contra las redes criminales y la seguridad del Estrecho. También necesita una relación estable con Argelia por la energía y por su influencia en el Magreb y el Sahel.

La soberanía jurídica española sobre Ceuta y Melilla y la presencia de sus fuerzas de seguridad están fuera de discusión, pero la normalidad de ambas fronteras depende, en gran medida, de la voluntad política de Rabat.

Los informes del CENIF sobre la entrada del 30 y 31 de julio, adelantados por EL ESPAÑOL, muestran cómo esa dependencia puede derivar en horas en una crisis humanitaria, operativa y política.

La sentencia del Supremo que limitó las devoluciones por vía marítima, la ley de nacionalidad en trámite y la visita de Sánchez a Argel diez días antes formaron una secuencia que Rabat leyó con atención. La fuente diplomática señala que no se puede descartar cierto descontento en el Majzén (Casa Real marroquí) por ese acercamiento, en un momento en que la ley ya estaba en tramitación.

Fabiani sitúa el objetivo inmediato de la crisis en la relación entre Rabat y Madrid. Ceuta responde a una lógica bilateral marcada por las reclamaciones marroquíes sobre las dos ciudades y por el interés de recordar a España su "punto débil de presión".

Militares en Ceuta conteniendo a los inmigrantes en zona de la playa.

Militares en Ceuta conteniendo a los inmigrantes en zona de la playa. Reuters

La rivalidad con Argelia forma el contexto estratégico; la operación sobre Ceuta persigue resultados concretos frente a España. Cada crisis sirve además a Marruecos para medir la disposición de Madrid a sostener una posición propia sobre el Sáhara.

Argelia no necesita intervenir en Ceuta para beneficiarse de esta tensión. Cada crisis erosiona la fiabilidad de Marruecos como socio europeo, obliga a España a concentrarse en su frontera y dificulta la relación entre Madrid y Rabat. Esa combinación mejora objetivamente la posición argelina en el Magreb.

La investigación judicial y los informes policiales sitúan los hechos en territorio marroquí, pero el rédito estratégico para Argel es inevitable. La vulnerabilidad española aumenta con cada respuesta tardía o descoordinada.

La fuente diplomática identifica déficits de previsión, coordinación institucional, instrumentos jurídicos y respuesta de Estado. Ceuta y Melilla necesitan capacidad de acogida, identificación, retornos ajustados a derecho, refuerzos fronterizos y mecanismos europeos activados desde el primer momento. Sin esa arquitectura, cada crisis se convierte en una palanca más barata para quien quiera presionar desde el otro lado de la frontera.

España afronta tres decisiones conectadas: sostener el marco de Naciones Unidas mientras la MINURSO permanezca vigente, leer la militarización argelina desde la perspectiva de seguridad de Rabat e impedir que Ceuta y Melilla se conviertan en palancas para condicionar su posición sobre el Sáhara.

Ninguna admite una respuesta aislada: la ley de nacionalidad, la renovación de la MINURSO y la brecha militar forman un mismo tablero, y Ceuta es la casilla donde ese tablero se vuelve visible para España.

El 31 de octubre definirá el terreno de la siguiente batalla. Ceuta y Melilla seguirán siendo las ciudades donde Marruecos mide la solidez de España y donde España participa, aunque no lo haya elegido, en la guerra fría del Magreb.