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Los veterinarios coinciden: la personalidad del perro se construye en las primeras 12 semanas y no depende de la raza

Según Juan Manuel Liquindoli no se puede encasillar a un animal bajo un estereotipo, su personalidad es una tendencia en movimiento y depende de lo que vive.

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Es sumamente común escuchar frases como "los perros de esa raza son así" o encasillar a un animal bajo un estereotipo. Sin embargo, cualquiera que conviva con un perro sabe que esas generalizaciones se quedan cortas.

Cada individuo posee detalles, mañas y reacciones únicas que lo distinguen de los demás. Esto nos lleva a una pregunta fascinante: ¿podemos realmente hablar de personalidad en el mundo canino? Para Juan Manuel Liquindoli, psicólogo y etólogo clínico detrás de Filosofía Animal, la respuesta es un rotundo sí.

Apoyándose en los estudios del célebre etólogo Ádám Miklósi, Liquindoli explica que la personalidad canina "puede entenderse como tendencias individuales de comportamiento que se mantienen en el tiempo y en distintos contextos".

En otras palabras, se trata de ese patrón de respuestas característico que nuestro perro repite cuando se enfrenta a situaciones similares.

El peso de la genética frente a la experiencia

Aunque la raza nos ofrece una especie de "mapa" sobre cómo podría ser el animal, no determina su destino. Liquindoli señala que los perros seleccionados durante generaciones para tareas específicas (como el pastoreo o la caza) desarrollan tendencias de comportamiento muy marcadas. De hecho, las variaciones genéticas influyen directamente en variables como sus niveles de actividad o de impulsividad.

Sin embargo, el psicólogo aclara que la biología es solo una parte de la ecuación: "La personalidad también se construye con lo que ese perro vive". El ambiente, el aprendizaje y el vínculo con sus tutores son piezas clave en el rompecabezas de su identidad.

¿Cuándo se consolida el carácter de un perro?

El desarrollo de la personalidad no ocurre de la noche a la mañana. Basándose en la bibliografía científica, el etólogo clínico indica que la personalidad canina se consolida entre el primer y el segundo año de vida.

No obstante, subraya que existe una ventana crítica y especialmente sensible en este proceso: el periodo que va de las 5 a las 12 semanas de vida (la etapa de socialización). Lo que un cachorro experimenta, descubre o teme durante este breve lapso influye drásticamente en el perro que llegará a ser en su etapa adulta.

A pesar del enorme peso de las etapas tempranas, Liquindoli concluye con una reflexión vital para los tutores: los cambios en el comportamiento continúan a lo largo de toda la existencia del animal.

Al igual que nos ocurre a los humanos, la personalidad canina es, en palabras del experto, "una tendencia en movimiento". Nunca se estanca por completo. Cada perro es una obra de arte en constante desarrollo, moldeada en perfecta sintonía por su herencia biológica y las vivencias de su día a día.