Un cachorro dormido.

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Mascotario

Es oficial: La Ley de Bienestar animal multa con hasta 200.000 euros por la cría casera de perros y gatos

Criar sin estar registrado o autorizado puede llegar a considerarse infracción grave o muy grave según el volumen y las circunstancias.

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Angelica Rimini
Publicada

La Ley de Bienestar Animal cambia por completo la idea de la "cría casera": lo que antes se veía como algo informal o familiar, ahora, en la práctica, se considera actividad de cría y queda muy limitada y controlada.

La norma parte de un principio claro: evitar camadas sin control, sobrepoblación y venta informal de cachorros. No distingue entre "cría profesional" y "cría casera" si hay intención de reproducir animales para vender, ceder de forma habitual o mantener una actividad continuada de camadas.

Reproducir a tu perro o gato "porque sí", de forma repetida, y entregar las crías a terceros (aunque sea cobrando "lo justo" o diciendo que es "para cubrir gastos") se encuadra en la cría de animales de compañía, y por tanto se somete a requisitos.

La idea de fondo es que cada camada cuenta y tiene impacto en el abandono y en la saturación de protectoras.

Fin de la cría casera "sin papeles"

Lo que la ley pretende cortar es la cría casera sin ningún tipo de control: anuncios de cachorros en portales, redes sociales o grupos informales, camadas sucesivas en un piso sin registro, venta en mano sin contrato ni garantías.

Para ello, establece que solo pueden criar quienes estén formalmente dados de alta como criadores o núcleos autorizados, cumplan condiciones de bienestar y se sometan a inspección cuando proceda.

Eso significa que la típica camada "porque mi perra es muy buena y quiero que tenga una vez" deja de ser algo neutro: si se convierte en práctica habitual o se vincula a venta, ya entra en terreno sancionable desde 500 hasta 200.000 euros. 

Requisitos para poder criar legalmente

Para criar de forma legal, aunque sea en un entorno doméstico, se exige un marco mucho más reglado: registro como criador o núcleo autorizado según la normativa aplicable, instalaciones adecuadas, control veterinario, identificación y documentación de las crías.

Además, es imprescindible tener el contratos de transmisión que garanticen el bienestar del animal y la responsabilidad del nuevo titular.

No basta con tener espacio en casa; la administración quiere saber quién está criando, cuántas camadas hay, cómo se mantienen los animales y adónde van los cachorros o gatitos.

Cría puntual vs. actividad de cría

La ley hace una distinción de fondo entre la convivencia normal, en la que puede darse algún embarazo accidental muy ocasional, y la actividad de cría.

Un embarazo aislado, corregido después con esterilización y sin ánimo de continuar reproduciendo, se trata como una situación que debe evitarse, pero no necesariamente como "criadero".

En cambio, cuando hay una planificación de montas, crías repetidas, oferta pública de cachorros o una sucesión de camadas, la administración entiende que hay una actividad de cría encubierta. En ese punto ya no se habla de "cría casera" inocente, sino de una práctica que debe estar registrada y controlada.

Esterilización y fomento de la adopción

La Ley de Bienestar Animal apuesta claramente por la esterilización como herramienta central para reducir camadas indeseadas y, con ello, el abandono. En muchos casos, especialmente en gatos, se impulsa o exige la esterilización temprana salvo razones veterinarias en contra.

Asociado a esto, se fomenta la adopción por encima de la compra y se mira con recelo cualquier cría que no esté justificada y controlada. La lógica es simple: mientras existan miles de animales sin hogar, la cría casera por capricho es difícilmente defendible desde el punto de vista del bienestar.