Cósima Ramírez.

Cósima Ramírez. Esteban Palazuelos

Mascotario

Cósima Ramírez augura un feliz San Valentín a todos los 'mascotarios': "Nadie me quiere como mis perros"

Cósima se pregunta si lo que interpretamos como amor no es simplemente una forma sofisticada de manipulación afectiva.

Más información: Ellos también piensan: la sorprendente conexión cerebral entre perros y humanos

Publicada

El día de San Valentín se asocia casi siempre con flores, parejas y cenas a la luz de las velas, pero Cósima Ramírez prefiere dirigir la mirada hacia otro tipo de amor: el que compartimos con nuestras mascotas.

"Feliz San Valentín, queridos mascotarios", arranca en su nuevo vídeo, recordando que aún quedan un par de días antes de celebrar "la memoria de un santo romano que casaba parejas en secreto".

De momento, recuerda Cósima con ironía, "no es legalmente reconocido casarse con nuestras mascotas en ningún país del mundo", aunque sospecha que a más de uno se le habrá pasado la idea por la cabeza.

No es casual: "Nuestras mascotas viven en el centro de nuestros vínculos afectivos", asegura. Son quienes nos reciben al llegar a casa, quienes no juzgan nuestras ojeras ni nuestros fracasos, quienes parecen estar siempre disponibles para acompañar un sofá o una caminata.

"Y os aseguro que nadie me quiere como mis perros", confiesa, exponiendo sin pudor ese amor desbordado que muchos comparten en secreto. Pero, fiel a su estilo, Cósima no se queda en la declaración romántica.

Una delusión antropomórfica

Da un paso atrás y se lanza a la duda que muchos evitamos formular: "A veces me pregunto, ¿es esto una gran delusión antropomórfica? ¿Querrán simplemente que les dé de comer?".

La pregunta resuena porque toca un nervio sensible: ¿interpretamos como amor lo que, desde el punto de vista animal, podría ser una mezcla de hábito, dependencia y búsqueda de recursos? ¿Cuánto de lo que sentimos que nos "devuelven" nuestras mascotas es real y cuánto es proyección nuestra?

Desde ahí, abre un pequeño debate filosófico: "¿Cómo lo podemos saber?". Los animales no nos escriben cartas de amor ni nos recitan poemas. Se comunican con gestos, miradas, posturas, rutinas. Se acercan cuando necesitamos consuelo, se alteran cuando estamos nerviosos, se relajan cuando bajamos la voz.

Pero, ¿eso es amor, es empatía, es sincronía aprendida, es una forma sofisticada de manipulación afectiva… o un poco de todo a la vez? Cósima no ofrece respuestas cerradas; prefiere dejar al espectador en esa zona de incertidumbre fértil.

Un vínculo silencioso

"¿Vosotros qué opináis? ¿Nos quieren de verdad nuestras mascotas, o nos están manipulando?", pregunta al final, con una sonrisa. Más que desmontar el mito del amor incondicional, su intención parece ser otra: invitarnos a pensar qué tipo de relación construimos con ellos y qué estamos poniendo nosotros en ese vínculo.

Tal vez nunca tengamos una prueba científica definitiva sobre la "intención" exacta de un perro o un gato cuando se nos pega al cuerpo, pero sí podemos observar cómo, en esa convivencia diaria, ambos bandos cambiamos, nos adaptamos, aprendemos a leernos mejor.

En este San Valentín, aunque no podamos casarnos legalmente con nuestras mascotas ni asegurarnos al 100% de sus motivaciones internas, lo que sí sabemos es que nuestra vida con ellas es más rica, más llevadera y, muchas veces, más amorosa. Y esa puede ser, para Mascotario, la mejor definición de amor posible.