Javi, junto a su barquilla.

Javi, junto a su barquilla.

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Javi Vilchez, el mejor espetero de la Costa del Sol con 20 años: "Ganas muy bien. Si eres bueno, puedes pedir lo que quieras"

Criado entre las barcas de El Palo y heredero de un pasado familiar de espeteros, el joven se ha llevado el mejor puesto de la ruta de la sardina en el chiringuito donde trabaja, el Playa Candela.

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Las claves

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Javi Vilchez, de solo 20 años, ha sido reconocido como el mejor espetero de la Costa del Sol en la IX Ruta del Espeto de Málaga por su trabajo en Playa Candela.

Aprendió el oficio desde niño en el restaurante familiar y destaca la importancia de la calidad del producto y la experiencia para hacer un buen espeto.

Ganó tanto el premio del jurado como el del público, superando a otros chiringuitos más grandes y con más días de apertura.

Defiende la importancia de aprender oficios manuales y asegura que un buen espetero puede ganar muy bien si es excelente en su trabajo.

Javi Vilchez solo tiene 20 años y acaba de ser reconocido como uno de los mejores espeteros de la Costa del Sol en la IX Ruta del Espeto de Málaga por su trabajo en el chiringuito Playa Candela, en Torre de Benagalbón.

Ni siquiera recuerda la primera vez que cogió una caña para pinchar sardinas porque, asegura, lleva entre barcas y candelas desde que tiene memoria. "Me he criado en un bar desde chiquitito", relata.

Su padre regenta el restaurante El Zagal de El Palo desde hace años y él, al salir del colegio, se iba directo con él hasta que terminaba la jornada.

En aquel bar empezó todo. Cuando su padre quería tenerlo entretenido, lo mandaba con el espetero a pinchar sardinas. Así, casi sin proponérselo ni ser consciente, reconoce, aprendió un oficio que más tarde descubriría que llevaba en la sangre.

Hablando con su madre se enteró de que el padre de su abuela ya espetaba. "No tenía ni idea hasta hace nada", recuerda que pensó al conocer ese vínculo familiar.

A los 15 o 16 años dejó los estudios para ponerse a trabajar; estar en el pupitre sentado no era lo suyo. Así que entró como camarero y pronto empezó a cubrir los descansos del espetero, dos horas por las que se ganaba 20 euros, "que siempre venían bien". En ese rato demostró que sabía hacer algo más que sardinas, también lubina y hasta dorada.

Fue tal las tablas que fue cogiendo que su padre le propuso probar un día de bulla, con el local lleno, y todo salió perfecto.

"¿Quieres ser tú el espetero?", le preguntó. Aceptó y desde entonces, dice, no le ha faltado el trabajo y ha llegado a ser el mejor. "Mi padre no puede estar más orgulloso", explica.

Para Javi, la diferencia entre un buen espeto y uno del montón está en el producto y en el ojo. Distingue una sardina fresca de una que no lo es por el color de los ojos, por el estado de la piel, por la firmeza del cuerpo.

Una imagen del espetero en el concurso.

Una imagen del espetero en el concurso.

Con los años de experiencia en el sector, explica, no ha ganado tanto en calidad como en velocidad. Ya ni necesita mirar la caña cuando las va espetando.

"Yo estoy hablando contigo mientras estoy pinchando una caña de sardinas sin ni siquiera tener que mirarla", asegura. Coloca un espeto en la candela, se va a hacerse un bocadillo y vuelve sabiendo el punto exacto y el tiempo que le queda.

Su consejo para quien empieza es que tengan paciencia y aguante. "El consejo que le daría a un espetero que está empezando es que aguante", reafirma.

Recuerda que el espetero es quien da la cara por el producto, no el camarero, y que hay que soportar el calor, la presión y los cientos de pedidos de un día de agosto. "Que aguante y que te guste, si no, es imposible", resume.

El reconocimiento que acaba de recibir llegó a través de una ruta de la sardina en la que habrían participado más de ochenta bares, según su relato. De todos ellos, el jurado seleccionó a cinco finalistas, y la final se celebró la semana siguiente. Javi se llevó un doble premio. El del jurado, que lo eligió por unanimidad como mejor espetero, y el del público, que votó su sardina como la mejor de Málaga.

Le sorprendió especialmente el voto popular. Playa Candela no abre la semana completa y venció frente a chiringuitos que trabajan toda la semana. Pese a todo, fue el más respaldado. "La gente ha decidido que el mejor espeto es el mío y yo feliz por ello", celebra.

Javi, con espetos.

Javi, con espetos.

Que apenas tenga 20 años y sea tan bueno en su trabajo le ha pasado factura más de una vez. Cuenta que en muchos sitios lo miraban por encima del hombro y lo retaban a demostrar su valía un sábado de lleno.

"Tú eres muy niño, no vas a poder", le decían. Hoy, dice con orgullo, ha hecho levantar un premio al chiringuito que le ha dado su confianza.

Esa experiencia le lleva a una crítica más amplia sobre cómo se cría hoy a los jóvenes. Sostiene que la juventud está demasiado acomodada y señala directamente a los padres como culpables.

"Cuando tenía 15 años y quería mi carné y mi moto de 49 centímetros cúbicos, mi padre me decía que me los comprara cuando trabajara y eso ya no lo escuchas en la calle. Todo Dios tiene sus caprichos sin esforzarse", lamenta.

Para Javi, parte del problema está en que solo se empuja a los chavales a estudiar una carrera. Cuando esta no llega, advierte, acaban "en el McDonald's". frustrados, en lugar de plantearse aprender un oficio o montar un negocio que les hará avanzar en la vida y madurar.

En este sentido y sobre el futuro del oficio, Javi no comparte del todo la idea de que el espeto vaya a desaparecer. Lo compara con torneros, fontaneros o electricistas, profesiones que antes abundaban y ahora escasean y están muy demandadas. Insiste en que se enseñe más a los jóvenes a emprender y a aprender un oficio manual. "Un buen espetero gana muy bien. Si eres bueno, puedes pedir lo que quieras", asevera.

Una imagen del premiado con sus compañeros.

Una imagen del premiado con sus compañeros.

Pero insiste en que son muchas las horas al sol, pegado a la barquilla, oliendo a pescado y tragando humo. Pese a ello, aunque pueda parecer que cualquiera aborrecería las sardinas, Javi sigue degustando espetos.

"Al final del verano sí que es verdad que llega un punto en el que no quiero ver una hasta el siguiente año, eso es verdad. Pero yo sí soy mucho de sardinas", cuenta.

De cara al futuro prefiere no aventurar nada. "Lo que la vida quiera", responde. "¿Te imaginas yo con un negocio propio?", lanza al aire. Cree que quizá no se ve jubilado como espetero, "o sí, quién sabe", pero le haría ilusión emprender y buscarse las habichuelas por sí mismo. Se imagina quizá con su propio negocio. Lo que tiene claro es que, en cuanto salga otro concurso, volverá a presentarse para revalidar su título.