Un bombero realizando tareas de extinción en el incendio de La Mierla en Guadalajara.

Un bombero realizando tareas de extinción en el incendio de La Mierla en Guadalajara. EFE

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Los incendios se desbocan: los 343 fuegos registrados hasta la fecha triplican los declarados en 2025 a estas alturas del año

El sistema Copernicus cuantificaba 58.383 hectáreas quemadas el 8 de julio. 16 días después ya son más de 120.000.

Más información: Los rostros de la catástrofe de los incendios en Madrid: "Si salta una chispa, arde todo y nos quedamos sin casa"

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Las claves

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España ha registrado 343 incendios forestales entre el 1 de enero y el 22 de julio, casi el triple que en el mismo periodo de 2025.

El incendio en la Comunidad de Madrid ha sido calificado como el peor de su historia y ha obligado a evacuar o confinar a más de 40.000 personas.

Las altas temperaturas, el viento y la baja humedad, junto con la acumulación de vegetación y el abandono de cultivos, han creado condiciones extremas para los incendios.

La superficie quemada en 2026 ya supera las 119.000 hectáreas, más del triple que el año anterior, y se han registrado 22 grandes incendios frente a la media de nueve.

"Es el peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid". Así definió Isabel Díaz Ayuso este viernes los terribles fuegos que han obligado a evacuar o confinar a más de 40.000 personas en Madrid y Ávila en apenas 48 horas.

La voracidad de las llamas ha obligado al Ministerio del Interior a declarar la emergencia nacional, el nivel máximo previsto en el Sistema Nacional de Protección Civil, y a que el Gobierno asuma el mando y la coordinación de la ofensiva contra las llamas.

Según Ayuso, se trata de una "tormenta perfecta" provocada por las temperaturas extremas, el viento y la baja humedad.

Sin embargo, los incendios de Madrid y Ávila no son un episodio aislado. España lleva sufriendo desde comienzos de año una proliferación de incendios muy superior a la registrada durante los primeros siete meses de 2025.

Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales —EFFIS, integrado en el programa Copernicus—, entre el 1 de enero y el 22 de julio se han registrado 343 incendios en España. En las mismas fechas de 2025 se habían registrado únicamente 129.

Son 214 fuegos más en un año. Es decir, España ha sufrido en lo que llevamos de 2026 casi el triple de incendios que durante el mismo periodo del año anterior.

EFFIS no incluye los conatos de incendio, sino que registra los incendios suficientemente grandes como para ser cartografiados mediante imágenes de satélite —aquellos que queman al menos unas 30 hectáreas—.

Pero, ¿qué factores han provocado que estemos asistiendo a este drama cuando tenemos aún todo el verano por delante?

Los expertos apuntan que las lluvias de la primavera, que por suerte tienen los embalses españoles a un 73% de su capacidad, han favorecido el crecimiento de la vegetación.

Así, la sequedad de mayo y junio y el calor extremo que estamos sufriendo en las últimas semanas han convertido estas hierbas en el combustible perfecto para que todo arda.

Sin embargo, la voracidad del fuego también tiene que ver con problemas estructurales que son viejos conocidos por los expertos

Así lo asegura Víctor Fernández-García, profesor de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León. Fernández-García sostiene que hemos convertido nuestro territorio "en un polvorín" por el abandono de cultivos, la acumulación de vegetación y la expansión de urbanizaciones hacia zonas forestales.

"Probablemente volveremos a escuchar que el cambio climático es el principal responsable, pero presentarlo como la única causa puede servir para eludir aquello sobre lo que sí podemos actuar", advierte en declaraciones recogidas por SMC España.

El número de fuegos ha aumentado sobremanera desde el comienzo del verano. A finales de junio, EFFIS contabilizaba alrededor de 230 incendios, de manera que más de un centenar se han declarado en apenas un mes.

El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales situaba además la media histórica para estas fechas en unos 177 fuegos, prácticamente la mitad de los registrados este año.

Además, la superficie quemada también se ha disparado. Según los datos del sistema de Copernicus, el 22 de julio las llamas habían arrasado 119.458 hectáreas en España, más del triple de las 35.270 hectáreas consumidas hasta esa misma fecha de 2025.

La extensión afectada prácticamente se ha duplicado en sólo dos semanas, fundamentalmente por el incendio de La Mierla, en Guadalajara, que ha quemado más de 35.000 hectáreas. Así, si el 8 de julio se contabilizaban 58.383 hectáreas quemadas en España, 14 días después ya son casi 120.000.

El profesor del CSIC Juli G. Pausas considera que la oleada actual es "la crónica de una situación anunciada". Según Pausas, desde hace décadas se viene alertando de que el aumento de las temperaturas elevaría la frecuencia, el tamaño y la intensidad de los incendios.

"Con estas temperaturas y olas de calor que estamos viviendo actualmente, casi cualquier tipo de vegetación puede arder", afirma a SMC.

El balance provisional del Ministerio para la Transición Ecológica es algo inferior al de EFFIS debido a las diferencias metodológicas y al retraso con el que las comunidades autónomas remiten y consolidan sus mediciones. El Ministerio estimaba hasta el 22 de julio una superficie afectada de 101.163 hectáreas.

Cabe señalar que también se ha disparado el número de grandes incendios forestales, la categoría reservada para los que superan las 500 hectáreas.

España acumulaba ya 22 grandes incendios hasta el 22 de julio, frente a una media de sólo nueve durante el mismo periodo de la última década.

El avance oficial cerrado diez días antes ya mostraba esa tendencia. Hasta el 12 de julio se habían contabilizado 18 grandes incendios, más del doble de los siete registrados en las mismas fechas de 2025 y por encima de la media de ocho de la última década.

Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida, cifra entre un 30% y un 40% el incremento medio de la intensidad de las temporadas de incendios durante las últimas décadas. Resco también lo atribuye a la combinación de una atmósfera más cálida y seca con la biomasa acumulada en los montes.

Según este investigador, la clave no es tanto la especie vegetal como "cuánta biomasa existe y, sobre todo, cómo está conectada espacialmente".

Por eso, apunta que una medida de prevención sería crear discontinuidades en el paisaje que rebajen la intensidad de las llamas y faciliten la intervención de los equipos de extinción.

Fernández-García advierte, además, de que apagar sistemáticamente cualquier fuego puede generar una "falsa sensación de seguridad". Si durante décadas no se producen incendios ni se gestiona la vegetación, el combustible se acumula y las llamas encuentran después grandes superficies continuas por las que avanzar.

"No podemos impedir desde un municipio o comunidad autónoma la próxima ola de calor, pero sí gestionar la vegetación, que es lo que alimenta el fuego", resume.