Puigdemont y dos exconsellers, en el plasma, instalado encima de una furgoneta en Barcelona.

Puigdemont y dos exconsellers, en el plasma, instalado encima de una furgoneta en Barcelona. EFE

España ELECCIONES CATALANAS

El último y frío desafío de Puigdemont a Rajoy y la "virreina" Soraya

El plasma de Puigdemont deja fríos (en todos los sentidos) a los 700 asistentes a su último mitin, sin ninguna propuesta más que volver al poder. 

19 diciembre, 2017 21:18
Barcelona

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Carles Puigdemont se apareció, pero no literalmente como decían algunos rumores. Fue a través del plasma, en medio centenar de localidades catalanas. Junts per Catalunya lo había bautizado como el "megamitin", el mitin total. El que hace de la necesidad, virtud, ya que Puigdemont se encontraba en Bruselas, donde se fue para huir de la justicia española. 

En torno a 700 personas seguían desde la plaza de la Virreina en el barrio de Gràcia, donde convocó la lista que hace un mes parecía medio muerta y que Puigdemont ha resucitado junto a un grupo de incondicionales y a espaldas de su partido, el PDeCAT. 

Fue un mitin frío. No sólo por los escasos ocho grados sino porque los asistentes, varios centenares, tardaron en llegar y apenas aplaudieron o interrumpieron los discursos. En Barcelona ejercieron de teloneros dos de los puntales de la candidatura: Elsa Artadi, jefa de campaña y alto cargo de la Generalitat, y Eduard Pujol, candidato y hasta hace semanas director de Rac1, la principal radio privada catalana. 

Puigdemont no hizo ninguna (ninguna) propuesta, ya que toda su propuesta es él como "presidente legítimo" que se considera, junto a los consellers cesados por el artítulo 155. Por ese motivo, no habló de políticas sociales, de economía, de medio ambiente o de cultura. Todo su discurso se basó en pedir que el pueblo catalán lo restituya en el poder ante la "represión" del Estado y el 155 que ha arrasado Cataluña, según él. 

La frase de la virreina

Una de las frases que repitió Puigdemont pretendió ser un dardo dirigido a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en quien Mariano Rajoy ha delegado todo el poder en Cataluña. Ella es la "virreina" de facto mientras dura la aplicación del artículo 155. "La presidencia ni se decapita ni se cambia a conveniencia", le advirtió respecto a sus declaraciones de este fin de semana en las que presumía de haber "descabezado" y "liquidado" a los principales líderes independentistas. 

Puigdemont sólo propone que "el presidente y el Gobierno y los consellers que fueron cesados antidemocráticamente regresen. Cualquier otra cosa es una derrota", según él. Y, por tanto, se compromete a "entrar en el Palau de la Generalitat con todo el Gobierno legítimo" en caso de ser investido. 

"Haga frío o haga calor, nos peguen mucho o nada, nos mantendremos fieles, por siempre, al servicio de la paz", dijo. "Catalanas, catalanes, la historia nos observa”, dijo antes de pedir para él, claro, el "voto útil" para salvar al país. "Volvamos a confiar los unos en los otros”, pidió, a pesar de que ERC hacía campaña por su cuenta pidiendo el voto para Oriol Junqueras, que es a quien ellos quieren como presidente, no a Puigdemont. 

11 minutos hasta el primer aplauso

Hasta 11 minutos tardaron los asistentes en interrumpir a Puigdemont desde que comenzó a hablar, con puntualidad radiofónica. No en vano, su telonero era el exdirector de Rac1, una emisora comparable en importancia a la SER en el conjunto de España. Una cuenta atrás advertía de que el expresident se acercaba, a la plaza de la Virreina y al medio centenar de plazas en toda Cataluña.

En total, 20 minutos exactos de discurso en los que pidió decidir entre Cataluña y sus gobernantes cesados o Rajoy y la pérdida para siempre de la soberanía. Al final, de forma espontánea, los asistentes entonaron Els Segadors, el himno oficial de Cataluña. Se vieron señeras, la bandera oficial, pero no esteladas, la independentista. De vez en cuando, algunos gritaban "president". Pero el ambiente era como el clima, casi invernal. 

La vuelta de Puigdemont, la de verdad, es todo un misterio. Es muy difícil que gane las elecciones, según las encuestas. Es aún más difícil que al volver no tenga que ingresar en prisión antes de rendir cuentas ante la Justicia. No es fácil que el independentismo logre la mayoría absoluta para gobernar. El sueño, como el plasma, llega con más dificultades que nunca a los ciudadanos de la calle.