Yauguiha Mohamed nació en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia.

Yauguiha Mohamed nació en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia. Cedida

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Yauguiha busca minas bajo la arena del Sáhara tras más de 50 años de conflicto: "Sabes que cada paso puede ser el último"

Nacida en los campamentos de Tinduf, fue la primera mujer en liderar una brigada de desminado en los territorios liberados.

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En el desierto del Sáhara, la arena puede parecer inmóvil, infinita, inofensiva. Pero bajo ella permanece enterrada una guerra que empezó hace más de medio siglo y que no tiene visos de terminar.

Bajo la arena de La Berma, la barrera militar que divide el Sáhara Occidental y que se extiende durante 2.720 kilómetros, permanecen más de 10 millones de minas y restos de guerra acumulados durante décadas, convirtiendo esta zona en el lugar más minado por metro cuadrado del planeta.

Una barrera que separa hoy dos realidades: al oeste, la mayor parte del territorio está bajo control marroquí; al este, los llamados Territorios Liberados están bajo control del Frente Polisario.

Se estima que alrededor de 173.000 saharauis, según ACNUR, llevan 50 años viviendo en el exilio forzado. Mientras, los que permanecen en territorio marroquí, sufren una fuerte represión política y violaciones de derechos humanos.

Yauguiha Mohamed nació en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, donde su familia lleva décadas viviendo en el exilio. Sin embargo, cuando creció, decidió mudarse a La Berma para realizar uno de los trabajos más peligrosos del mundo: localizar las minas antipersona enterradas bajo la arena del desierto.

"Sentí como si el corazón se me hubiera detenido"

Yauguiha Mohamed

Nunca olvidará la primera vez que pisó aquel terreno. Era 2013, tenía 31 años y acababa de llegar al campo de minas de Mijek, en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Llevaba casi dos meses aprendiendo y entrenándose para reconocer el peligro a través de su detector de metales.

Aquella mañana era diferente. Por primera vez, se enfrentaría a las minas de verdad. Yauguiha se despertó antes del amanecer. Preparó su ropa y su equipo, rezó más que ninguna otra mañana y se reunió con sus compañeros para comenzar el trabajo.

"Nada más llegar, me encontré, por error, dentro de una zona peligrosa que no debía estar pisando. Mis compañeros empezaron a gritar. Había sobrepasado la zona segura. Sentí como si el corazón se me hubiera detenido", recuerda Yauguiha en una entrevista exclusiva con EL ESPAÑOL.

Se quedó paralizada. No sabía qué paso debía dar para regresar. "Fue en ese momento cuando comprendí que, en este trabajo, tu primer error puede ser el último", dice.

"Necesitaba trabajar para ayudar a mi familia"

Yauguiha Mohamed

Cuando terminó sus estudios de Biología en Argelia, su país vecino, y después de 13 años estudiando en el extranjero, lejos de su familia durante buena parte del año, Yauguiha quiso encontrar un empleo. "Mi llegada al mundo de las minas fue, en realidad, una casualidad".

Aquel verano estaba tomando té con unos vecinos cuando alguien habló de un anuncio publicado por la Oficina Saharaui de Acción contra las Minas. Buscaban trabajadores. "Necesitaba trabajar de lo que fuera", dice.

En los campamentos de refugiados, las oportunidades laborales son escasas, especialmente para alguien con una especialización como la suya. "Quería ayudar a mi familia y contribuir a mejorar nuestras condiciones de vida en unas circunstancias muy difíciles, marcadas por el refugio", explica.

Así comenzó una historia que duraría cuatro años, entre 2013 y 2017, por la que acabaría descubriendo una forma de vida indivisible, ahora, con su personalidad y espíritu de lucha. "Simplemente estar de pie sobre aquella tierra y respirar su aire me producía una sensación de libertad y de pertenencia que nunca había experimentado en las tierras del exilio. Liberarlo del peligro de las minas se convirtió en un deber", comenta.

"Algunos perdieron las piernas por la explosión. Es terrible"

Yauguiha Mohamed

Entonces, aprendió a gestionar el miedo. Un paso mal dado podía matarla. "El miedo te ayudaba a no ser imprudente, a respetar el peligro y a trabajar con seguridad. Si dejabas que el miedo te paralizara, no podías hacer tu trabajo. Era un miedo controlado. Y nunca, ni una sola vez, pensé que no podía continuar", explica.

Cuando encontraba una mina, Yauguiha no podía evitar pensar en la historia que había quedado enterrada con ella. "Pensaba en quién pudo haberla colocado. Pensaba en quién podría convertirse en su víctima. Pensaba en todo lo que había podido ocurrir durante los años que ese artefacto había permanecido enterrado, esperando a que alguien lo encontrara de la peor manera".

Por suerte, durante las operaciones de desminado en las que participó durante cuatro años no hubo ningún accidente mortal ni pérdidas humanas, aunque sí vio con sus propios ojos cómo algunos civiles perdieron extremidades al pisar un artefacto. "En varias ocasiones tuvimos que socorrerles. Algunos perdieron las piernas por la explosión. Es terrible", cuenta.

Devolver la vida a ese lugar

Por eso, con cada mina encontrada, con cada pitido del detector de metales sobre la arena, el sentimiento de alegría se imponía ante el horror. "Es indescriptible. Sientes una felicidad enorme, parecida a la de quien excava buscando un tesoro enterrado y lo acaba encontrando", expresa.

Cuando esto ocurre, la noticia corre por los equipos. Quién ha encontrado más minas. Quién fue el "héroe del día". El orgullo vencía a las largas jornadas bajo el sol del desierto, las cuales podían durar entre seis y ocho horas, con solo los viernes de descanso.

"Cuando limpias una zona de minas, sientes cómo la vida vuelve a ese lugar. El verdadero premio no es lo que aparece bajo la tierra, sino lo que puede volver a ocurrir sobre ella", expresa la saharaui.

Yuaguiha, la buscadora de minas bajo la arena del Sáhara tras más de 50 años de conflicto.

Yuaguiha, la buscadora de minas bajo la arena del Sáhara tras más de 50 años de conflicto. Cedida

Aunque también había jornadas sin suerte, donde no se encontraba nada. Y días de frustración y desesperanza. "Pero el desminador debe trabajar con el mismo nivel de concentración, precisión y calidad en cada centímetro del terreno. No encontrar una mina no significa que no haya una. Puede estar allí, esperando", explica.

Con el tiempo, el trabajo también le enseñó a leer el desierto. A saber cómo podía cambiar el tiempo observando el amanecer. A interpretar el cielo, las estrellas, los caminos y las fuentes de agua. "Todos estos detalles y sentimientos hacen que el desminador saharaui se sienta cada vez más unido a su tierra, a esa tierra sagrada y querida", dice.

Una brigada de desminado

En un oficio tradicionalmente masculino, Yauguiha acabó convirtiéndose en jefa de equipo y en la primera mujer en liderar una de las brigadas que trabajan junto a La Berma. Durante años, el trabajo con minas había estado especialmente reservado para los hombres. "Al principio no resultó sencillo que aceptaran que una mujer pudiera ponerse al frente de un equipo. Sufrí algunos comentarios machistas, dudaban de que pudiera hacer este trabajo", comenta.

Yauguiha tuvo que hacerse hueco y demostrar más que nadie. "El terreno y el trabajo era lo que demostraba si una persona era capaz de hacer su trabajo o no", cuenta.

Algunas mujeres llegaron a ponerse en contacto con ella para preguntarle cómo podían incorporarse a este trabajo. "Eso representa la imagen de la mujer saharaui luchadora, ambiciosa. Somos mujeres que hemos nacido en las dificultades y en el sufrimiento. Y, aun así, nada consigue hacernos perder la determinación", expresa.

Yauguiha llegó a sentirse "como una combatiente". No llevaba un arma, sino un detector. No avanzaba para conquistar terreno, sino avanzaba para devolverlo. "En ese campo de batalla tenía que entregar todo lo que estaba en mis manos para contribuir a que en mi tierra pudieran reinar algún día la seguridad y la paz".

Sin embargo, en 2017 decidió parar tras cuatro años trabajando bajo una presión constante. "No me fui porque hubiera dejado de querer el trabajo. Me fui porque necesitaba un descanso", explica. Recaló en España, en Alicante, donde vive actualmente. "Me vine aquí después de ser madre, para poder darle la mejor vida posible a mis hijos".

El trabajo interminable

La reanudación del conflicto en 2020, cuando se rompió el alto el fuego que Marruecos y el Frente Polisario mantenían desde 1991, complicó todavía más el trabajo para sus compañeros que allí continúan. "Cuando sabes que el conflicto continúa activo, las condiciones de seguridad pueden cambiar, y una zona que ayer era accesible puede dejar de serlo mañana", explica.

A día de hoy existe la posibilidad de que las nuevas operaciones militares dejen nuevos restos explosivos o vuelvan a contaminar zonas que ya habían sido limpiadas. "El desminado no puede considerarse una tarea que termina cuando se limpia una zona", advierte.

Yauguiha Mohamed nació en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia.

Yauguiha Mohamed nació en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia. Cedida

Queda una tarea gigantesca. Millones de minas y restos explosivos permanecen todavía bajo la arena, en un territorio que se extiende durante miles de kilómetros. "Todavía no sabemos cuánto queda oculto bajo la tierra ni cuánto ha aumentado la contaminación desde el cese de hostilidades", explica.

Aun así, imagina qué podría ocurrir cuando esas tierras dejen de estar contaminadas. "Una tierra segura permite pensar en infraestructuras, caminos, servicios básicos. Y que vuelva a ser un espacio donde las personas puedan caminar, trabajar, vivir y construir su futuro".

La postura de España

Sin embargo, el conflicto parece haberse enquistado. La ONU califica el Sáhara Occidental como un "territorio no autónomo". Esto significa que, legalmente, la ONU no reconoce que el territorio sea de Marruecos (que controla la mayor parte de la zona) ni tampoco de la República Saharaui.

Por otro lado, España sigue figurando formalmente como la potencia administradora del territorio, a pesar de su retirada en 1976. Y, desde 2022, el Gobierno español respalda la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental y la considera la base "más seria, realista y creíble" para alcanzar una solución al conflicto, una posición que ha mantenido en sus relaciones con Marruecos.

Una postura que, según Yauguiha, constituye "una traición de España a su responsabilidad histórica", ya que la autonomía "no puede ser un sustituto del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación", denuncia.

La presión de Marruecos

Asimismo, la reciente llegada masiva de inmigrantes a Ceuta supone, en palabras de esta saharaui, una forma de presión de Marruecos sobre España "para reforzar su posición sobre el Sáhara". "España, buscando mantener una relación estable con Rabat, ha acercado su posición a la propuesta marroquí de autonomía", comenta.

Además, explica que la crisis de Ceuta recuerda, por su dimensión y por el uso de una movilización masiva de población, a la Marcha Verde de 1975: "Utilizar la presión demográfica y política sobre el terreno para poner al Estado contrario ante un dilema".

Por tanto, para Yauguiha, mientras España y Marruecos "defiendan sus propios intereses estratégicos", el pueblo saharaui "corre el riesgo de convertirse nuevamente en la parte sacrificada de una negociación en la que se decide su futuro sin su voluntad". Para ella, la solución tendría que partir del derecho del pueblo saharaui "a decidir libremente su futuro".

"Volveré a desminar el Sáhara, es una misión que aún no he acabado"

Yauguiha Mohamed

Hoy, la historia de Yauguiha representa el espíritu de lucha de un pueblo por recuperar su tierra. Una historia, la de esta saharaui, que aparece reflejada en "La Berma", un documental dirigido por el cineasta español Agustin Domínguez que se estrenará en cines próximamente. "Para mí es muy importante contar mi historia y conseguir que nuestra voz llegue más lejos y que el mundo conozca nuestra causa".

A pesar del tiempo, el riesgo y la distancia, Yuaguiha desea regresar al Sáhara y volver a desminar su tierra. "Lo haré cuando mis hijos crezcan un poco y la vida me dé esa posibilidad. Es como una misión que aún no he acabado. Quiero poder ver algún día mi querida tierra libre, independiente y, sobre todo, libre de minas", concluye.