Fernando Grande-Marlaska

Fernando Grande-Marlaska E.E

Opinión LA IZQUIERZA NORMAL

Listas sanchistas

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Para consumo interno, el Ministerio del Interior necesitaba conocer quiénes son afines al Gobierno y quiénes no. Marlaska, aseguran, no sabía nada. Es preocupante lo de un ministro al que nunca le informan de nada cuando precisamente su cartera exigiría que se enterase de todo.

Así, usando fondos públicos, se elaboró un listado de periodistas y analistas que aparecen en radio y televisión. No para abrir canales de transparencia o para ponerse al servicio de los medios, sino para, como ha desvelado en exclusiva Alejandro Requeijo, señalar uno a uno según sus posicionamientos políticos respecto al Gobierno.

La gravedad es evidente, pero lo es más si nos fijamos en algunos detalles. Junto a algunos nombres aparece un concepto; "antisanchista". No es ya ser favorable al gobierno o crítico, no es escorarse a la derecha o a la izquierda (a saber lo que entiende por derecha e izquierda este gobierno… pero ese es otro debate), es asumir que en Interior se trabaja con ese concepto, el "Sanchismo". Hasta ahora, salvo por unas declaraciones de Montse Mínguez (PSOE), el partido negaba tal definición.

Hoy ya, de manera oficial, criticar legítimamente las acciones y decisiones del presidente del Gobierno es una categoría propia, que supone ser catalogado como peligroso ante el "Sanchismo".

Pero tiene su lado bueno. La alegría que esto conlleva es el reconocimiento de la evidencia, la separación ya oficial entre lo que representaba el PSOE y lo que es Sánchez. Se le otorga un valor propio, por lo que -según todo un ministerio- ya se podría nuevamente ser socialista sin ser "sanchista".

Ya imaginarán el alivio que supone este hito para tantos socialistas de siempre que tenían que cargar con la confusión de que ambas cosas fueran igualadas.

Además es especialmente relevante en estos momentos. Sánchez se ha presentado frente a sus diputados y senadores como adalid mundial frente a la ultraderecha. Poco menos que el único capaz de frenar -si se le vota a él y sólo con votarle a él- el avance global de las ideas más retrógradas posibles.

De forma personalísima, el actual presidente se arroga el liderazgo en dicha batalla. Tan personalísimo como el argumentario del Gobierno destinado a sus cargos públicos que ha desvelado Javier Chicote y en el que explican que se trata de "un presidente valiente, del que quieren su cabeza los poderes fácticos internacionales por haber posicionado a España en el mundo y en la historia".

Pero centrémonos en el punto octavo: "En Ceuta y Melilla no hay nada que hacer electoralmente. Vox absorberá y parará la subida del PP y la izquierda se movilizará ante la posible llegada de Vox y movilizamos nuestros votantes de la abstención".

Efectivamente, la estrategia del "Sanchismo" pasa por aprovecharse electoralmente de la subida de Vox provocada, entre otras cosas, por la pésima gestión en Ceuta. Extraña forma de luchar contra la ultraderecha cuando necesitas que esté fuerte para rescatar algún voto.

Y sí, a Ceuta la dan por perdida. Electoralmente, claro.