El miércoles, si se cumple el calendario previsto, Pedro Sánchez volverá al trabajo después de sus vacaciones. Quizá sea entonces cuando descubra que España no ha estado de vacaciones con él.

Cuando vuelva a La Moncloa no encontrará una agenda limpia. Se encontrará los problemas que el verano no ha conseguido esconder. El primero será Ceuta.

La crisis migratoria ha dejado a la ciudad exhausta, con miles de personas llegadas en pocos días, servicios públicos tensionados y una enorme preocupación. Se han producido miles de atenciones médicas y algunos empresarios denuncian pérdidas de hasta el 80 % o el 90 % de sus ingresos.

Después está la vivienda. El precio aumentó un 12,9% interanual en el primer trimestre de 2026 y la vivienda usada, un 13,5%. Una generación entera se pregunta cómo podrá comprar una casa mientras los precios avanzan mucho más rápido que sus salarios.

La deuda pública tampoco habrá desaparecido: alrededor de 1,74 billones de euros, aproximadamente el 101,6% del PIB.

España ha mejorado en empleo y sería injusto negarlo. Tenemos 22,78 millones de ocupados y una tasa de paro del 9,87%, el mejor dato desde 2008. Sin embargo, seguimos teniendo la tasa de desempleo más alta de la Unión Europea, un 10,3% en mayo según Eurostat.

La pobreza completa el panorama: en 2025, el 25,7% de los españoles estaba en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada cuatro.

Sánchez tenía derecho a descansar. Por supuesto. España, sin embargo, no ha descansado de sus problemas.

La vivienda sigue ahí. La deuda sigue ahí. La pobreza sigue ahí. El desempleo sigue ahí. Ceuta, desde luego, también.

La discusión, por tanto, no debería ser si un presidente puede tomarse vacaciones. Claro que puede.

La pregunta es otra: ¿Era este el momento adecuado para alejarse durante semanas de la primera línea política cuando tenía sobre la mesa una crisis como la de Ceuta y tantos problemas pendientes?

Gobernar consiste también en decidir qué problemas no pueden esperar.

Cuando Sánchez vuelva el miércoles, todos estarán exactamente donde los dejó.

La vivienda seguirá siendo inaccesible para miles de familias. La deuda seguirá rozando el tamaño de toda la economía española. Uno de cada cuatro españoles seguirá en riesgo de pobreza. España continuará teniendo la tasa de paro más alta de la UE.

Ceuta seguirá esperando respuestas. España puede permitirse que su presidente descanse. Lo que quizá no pueda permitirse es que durante un mes parezca que sus problemas también están de vacaciones.