Los resultados en la comunidad vecina de Castilla y León demuestran que las tornas han cambiado con relación a Extremadura y Aragón. Aunque sea de forma mínima, se advierte que el PSOE ha frenado su caída y Vox, la subida, mientras que el PP se consolida en una región donde nunca se puso en duda su primacía.
Ni siquiera los incendios del verano han movido la silla a Mañueco, que refrenda la posición de inicio y sale airoso del trance, mientras que el primer territorio donde Vox gobernó pasa factura a sus maneras y, desde luego, a su posición de bloqueo.
Los de Abascal ya saben dónde está su techo, en la obstinada pretensión de impedir gobiernos de derechas donde las mayorías los han posibilitado abiertamente. Ya dijimos hace tiempo que si hay algo que el votante de derechas no perdona es la inutilidad…
Y Vox comenzaba a deslizarse hacia el esperpento de Ciudadanos. Aunque no cae todavía, ni de lejos cumple las expectativas creadas el resultado en Castilla y León. Hace cuatro años comenzó todo en la región hermana y cuatro años más tarde puede empezar la solución también, a raíz de los resultados.
Los socialistas han encontrado su maná con el candidato y, por supuesto, en la guerra que se inició justo el mismo día que arrancaba la campaña electoral. Que se tienten las derechas la ropa con la situación política internacional… Y aunque aquí creamos que Sánchez lo hace por conveniencia y le viene bien, lo cierto es que su posición es compartida por una mayoría social que entiende mucho mejor un no a la guerra que las batallas geoestratégicas del estrecho de Ormuz.
El presidente del Gobierno español ha dado con su piedra filosofal y, al tiempo que lanza el Hodio por las redes, se alza con el Premio Nobel de la Paz con tu mano en la mano del hermano. Alguien dijo hace poco que si Sánchez pensara más en España que en sí mismo habría hecho lo que Macron, Merz o Starmer… Tomar distancias con Trump, pero sin perjudicar ni dejar al desnudo sus intereses nacionales frente al principal, todavía hoy, aliado de Occidente.
A Pedro le da igual y, al tenerlo todo perdido y lleno de corrupción, nada le impide alzarse como el Gandhi del XXI, aunque su pacifismo sea como el maquillaje el día que salió en el PSOE tras el trinque de Santos Cerdán. Esto ha cambiado y Moncloa ha sido la primera en verlo. Que el PP se ande con ojo de nuevo.
Y atentos a la oferta que ha hecho el candidato socialista de abstenerse en la investidura. Eso sí que colocaría en el disparadero a todos los actores que habían desarrollado su papel hasta ahora.
Una vez más han sido los populares quienes se han alzado con la victoria y eso, sin duda, tiene un mérito importante. La sensación que deja Castilla y León es que el suave aleteo de una mariposa en el último rincón del mundo incide ya directamente en cualquier proceso electoral que se abra, por más pequeño que sea.
Las fichas del tablero se mueven y ahora quedará Andalucía. Quienes antes huelan por dónde van los tiros, nunca mejor dicho, llevarán parte importante de la victoria cosida en las solapas. Todavía todo está en el aire.