Paso a la mujer que se abre paso. Pilar Cernuda no ha necesitado de cuotas. Siempre fue la mejor. Sin presunciones, sin aspavientos, sin intrigas. Al servicio del periodismo serio, al servicio de la verdad porque es la verdad la que nos hace libres. Sigo a Pilar Cernuda desde hace sesenta años, cuando balbuceaba en la profesión. Se ha convertido en una de las mujeres más destacadas del periodismo español. No hay la menor exageración en este juicio.

Domina el periodismo impreso, el hablado, el audiovisual y el digital. Ha triunfado en todos ellos. También en la agencia de noticias. Tiene defectos, como los tenemos todos. Pero los aspectos positivos de su vida profesional resultan abrumadoramente superiores a los negativos. Ha sabido siempre olfatear la noticia y seguir su rastro como una sabuesa, tanto en los palacios altivos como en las humildes cabañas.

Se mantuvo impertérrita en las brechas profundas de la Transición, y huyó de los fuegos artificiales. Es moderada, prudente, audaz, independiente. Viajó en alguna ocasión a la novela, pero nada le apartó del periodismo. Es su esencia, su vocación, su apuesta vital.

Sabe Pilar Cernuda que el periodista administra un derecho ajeno: el que tienen las ciudadanas y los ciudadanos al conocimiento de la información veraz. Sabe que la función esencial de su profesión es la búsqueda de la noticia. Y sabe que el periodismo consiste también en el ejercicio del contrapoder, es decir, elogiar al poder cuando el poder acierta, criticar al poder cuando el poder se equivoca, denunciar al poder cuando el poder abusa.

Y no solo al poder político. También al poder religioso, al poder cultural, al poder económico, al poder universitario, al poder judicial, al poder empresarial… Pilar Cernuda ha destacado durante décadas en el periodismo de opinión, en el análisis sagaz de la realidad política e intelectual.

La periodista ha publicado 'Lo que yo recuerdo', un libro autobiográfico en el que relata su vida y su trayectoria

Con algún retraso cayó en mis manos su libro Lo que yo recuerdo (La Esfera). Lo he leído durante el sosiego de la Semana Santa y me ha impresionado por su sinceridad y su interés. Una periodista destacada, que conoce las vanidades todas de mujeres y hombres, ha desnudado el alma y ha escrito un libro autobiográfico en el que relata su vida y su trayectoria profesional sin desperdiciar con anécdotas artificiales una sola página.

No se trata de un libro de memorias, sino de recuerdos. “… tenía que poner límite a los que se agolpaban en mi cabeza tratando de que los llevara al ordenador, al papel. Nos ocurre a todos los periodistas: nuestra vida es apasionante”.

Y lo es la de Pilar Cernuda. Aparte de sus peripecias personales en el ejercicio de la profesión, en la relación con las compañeras y los compañeros, zarandeada por el crepitar de las diversas Redacciones, Pilar narra, describe, opina, juzga los principales acontecimientos políticos y culturales del último medio siglo. El fin de la dictadura franquista, el amanecer de la democracia, la extirpación de la censura, la explosión de la libertad, encienden las páginas de Lo que yo recuerdo. Capítulo aparte para el terrorismo de ETA y lo que significó la banda en la vida española.

Describe la autora los largos años del plomo y la sangre. También saja con su pluma estilete los acontecimientos turbios del 23-F. Acentúa después su amistad con Julia Navarro, a la que tanto admiro, habla con todos los personajes, los humildes y los destacados, incluidos los presidentes del Gobierno. Disecciona a Leopoldo Calvo-Sotelo y descarna a Pedro Sánchez.

La larga caravana de los políticos y los intelectuales desfila por las páginas de este libro tan objetivo y lúcido. Desliza sin agresividad Pilar Cernuda una cierta decepción por la política española. También por el periodismo. Pero lo que predomina en ella es la objetividad, el criterio certero, la expresión justa, el respeto por el ejercicio de una profesión que tiene en ella a una de las representantes más destacadas de nuestro periodismo. Y tengo motivos para hacer esta afirmación final sin que se emborronen los puntos de mi pluma.