Frente a un sector de la intelectualidad mexicana, que se refugia bajo las faldas de Claudia Sheinbaum Pardo, se alzan voces que analizan de forma objetiva lo que España significó en la política y la cultura de América.

El historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui goza de extraordinario prestigio y es hombre por todos respetado. Varias docenas de libros respaldan su obra, entre ellos Falsificar la Historia.

Encabeza un movimiento muy nutrido de intelectuales que, sin orillar los errores que durante más de 300 años los españoles cometieron en Iberoamérica, subraya los aciertos que, como reconoce el filósofo de la Historia Arnold J. Toynbee, nemine discrepante, caracterizan la colonización española.

“Formamos parte de un Imperio –afirma Juan Miguel Zunzunegui–, no de un país con colonias esclavas”. España se organizó en virreinatos sin presiones, evangelizó todos los territorios, incluso los más encabritados, y los dotó, desde el siglo XVI, de universidades, centros científicos y vigorosas autonomías.

Basta con contemplar el espectáculo de templos, palacios, edificios, infraestructuras, museos, centros de investigación, para darse cuenta de lo que significó la presencia española en América desde la Tierra de Fuego en el sur hasta la mitad de los Estados Unidos de hoy. Sin olvidar que durante casi ochenta años Felipe II, Felipe III y Felipe IV fueron también Reyes de Portugal, de Brasil, de Angola, de Mozambique, de Guinea, de Goa, de Macao y de todos los territorios portugueses a los que España fortificó, evangelizó y dotó de aquello que a los virreinatos correspondía.

España se organizó en virreinatos, evangelizó todos los territorios y los dotó, desde el siglo XVI, de universidades, centros científicos y vigorosas autonomías

¿A qué países hispanoamericanos les ha ido bien tras doscientos años de independencia?, se pregunta desde su alfar Juan Miguel Zunzunegui. “Prácticamente a ninguno”. Está claro que muchos de ellos, y sobre todo varias ciudades, que figuraron entre los diez primeros puestos del mundo en el siglo XVIII, han perdido esa singular posición. Y todavía sobre la piel de varias naciones hispanas aúllan los hijos de Pinochet.

¿La conquista de América?, se pregunta Juan Miguel Zunzunegui: “No se ocuparon territorios gigantescos con solo un puñado de hombres que ni siquiera eran soldados”. España, según el historiador mexicano, no tuvo colonias en América. Era un país que empezaba en los Pirineos y acababa en el Estrecho de Magallanes.

“El imperio español –añade– no necesitaba tener Ejércitos en América porque allí nadie se sentía conquistado”. El inolvidado Octavio Paz, por cierto, con el que mantuve largas conversaciones, pensaba lo mismo.

La palabra desbravada, Zunzunegui distingue entre la política de los españoles y la de los franceses e ingleses. Francia e Inglaterra, asegura, desde su alto nivel de historiador objetivo, “hacían siempre lo mismo: se apoderaban de las costas, construían grandes puertos, saqueaban los recursos, los transportaban en barco a la metrópoli y se olvidaban del contrario. España, no. España se va tierra adentro donde construye ciudades. La mejor forma de entender esto es ver las catedrales de Ciudad de México o de Puebla”.

No se trata de hacer apología sino de alquitarar la esencia histórica. La España europea cometió abusos en la propia metrópoli, en concordancia con la época que se vivía en todo el Viejo Continente. Algunos de esos errores se trasladaron a los virreinatos.

Pero el análisis objetivo exige hacer balance y la obra de España en todo el mundo, americano, europeo, asiático y africano en el que estuvimos presentes, dejó muestras admirables de cultura, ciencia, derecho, formación universitaria y religiosa…

Así es que la objetividad exige el reconocimiento de este historiador singular que se llama Juan Miguel Zunzunegui y que ha construido su obra, al margen de sectarismos estériles, sobre la objetividad y el certero análisis de la realidad histórica.