Primera palabra

El Borbón de cristal

José María Zavala desmenuza la vida del príncipe durante el reinado de su padre, Alfonso XIII

6 noviembre, 2009 01:00

Su padre nació siendo Rey, él siendo Príncipe de Asturias. Creció y vivió en el mejor de los palacios reales de Europa, rodeado de todas las atenciones, de los mejores cuidados, los halagos inagotables, la permanente pleitesía. Príncipe mendigo, murió triste y desamparado en Miami, junto a la cigarrera de un club nocturno. A su entierro solamente asistieron tres personas. José María Zavala ha metido su certero bisturí de historiador en la vida de Alfonso de Borbón, hijo mayor de Alfonso XIII, heredero del trono de Carlos I y Felipe II, de Carlos III y los Reyes Católicos. El Borbón de Cristal llama Zavala a Don Alfonso, príncipe frágil puesto que la hemofilia hereditaria que trajo a España la Reina Victoria le desangró toda su vida hasta el desenlace final en el trágico accidente de coche en Miami.

Parapetado tras un arsenal de datos, con el pero de algún error sin relieve, el autor desmenuza la vida del príncipe durante el reinado de su padre. Alfonso XIII era inteligente y patriota. Tal vez por su juventud cometió tantos errores que la caída de la Monarquía se hizo inevitable. Destruyó la gran obra política de Cánovas del Castillo, tarifó con lo más granado de la intelectualidad, perdiendo el cerebro de la nación. No supo conectar con los brazos trabajadores del socialismo emergente. Sin cerebro y sin brazos, zarandeada la Corona, el 14 de abril tenía que venir de forma inevitable. El Rey supo retirarse sin derramar una gota de sangre, lo que resultó clave, según Octavio Paz, para que muchos años después pudiera restaurarse la Monarquía de todos.

Ya en el exilio, Alfonso XIII exigió a su hijo hemofílico que renunciara a la Corona. Exigió también a su segundo hijo sordomudo que hiciese lo mismo. Fueron decisiones crueles pero acertadas. El príncipe de Asturias había aceptado hacía mucho tiempo su destino. Se consideraba un cenizo: "Ése es mi sino. Yo soy el ser más involuntariamente inoportuno que existe. Toda mi vida ha estado regida por ese estrella implacable de la inoportunidad..."

Se enamoró perdidamente el príncipe de la cubana Edelmira Sampedro. José María Zavala aporta muchos datos inéditos de la vida de Don Alfonso en el exilio y de su matrimonio. El periodista Carretero, El caballero audaz, le preguntó: “Si Vuestra Alteza, en vez de estar enfermo y solo, se hubiese encontrado sano y próximo a heredar el trono, ¿habría hecho exactamente lo mismo?” Es decir, ¿se habría casado con la atractiva cubana? "Exactamente lo mismo -contestó el príncipe-. Tenga la completa seguridad. Ya se lo he dicho: para mí, en el mundo, no hay cosa más grande que el amor de mi mujer".

Don Alfonso había tenido algunos romances amorosos antes de su matrimonio. Zavala certifica que mantuvo relaciones secretas con Carmen Yebes, a la que yo tuve la suerte de conocer bastante. La verdad es que nunca me habló de esa aventura. Tras la separación de Edelmira, seis años después de la boda, Alfonso de Borbón y Battenberg, arruinado, arrastró su triste vida de príncipe y mendigo por Cuba y Estados Unidos. Se casó por seis meses con Marta Rocafort y acabó sus días en brazos de Mildred Gaydon, la cigarrera de un club nocturno de Miami. Ni su padre ni su madre ni sus hermanos Cristina, Beatriz y Juan le ayudaron económicamente.

Tras el accidente de automóvil, que conducía Mildred, escribe José María Zavala, "postrado en el lecho de una desangelada habitación del Hospital General de Miami, el príncipe se dispuso a consumir la gran tragedia de su vida en completa soledad". Era el 8 de septiembre de 1938. "Murió como un perro, escribió Juan Balansó, abandonado por los suyos". A su entierro en el Graceland Memorial Park de Miami sólo asistieron tres personas.

José María Zavala, periodista, historiador, ha contribuido con media docena de libros a hacer más comprensible la historia contemporánea de España. El rigor, la seriedad, la independencia de juicio, el acierto al elegir personajes y temas, definen su obra de historiador, que he tenido ocasión de elogiar muchas veces. Este artículo que el lector ha leído es, en fin, el resumen del prólogo que he escrito para el libro de Zavala.