DISTURBIOS. Caso 137, octavo largometraje de Dominik Moll, director francés de origen alemán, es, a mi juicio, una de las mejores y más completas películas del año. Estrenada el 19 de junio, no está teniendo la acogida que merece.

Absorbente y sin un segundo de desperdicio, la recomiendo a todo cinéfilo también interesado por la situación sociopolítica europea. Por la estupenda entrevista de Begoña Donat con Moll que publicó El Cultural, el lector ya conoce su argumento.

Lo resumo al máximo: Stéphanie, una oficial de Asuntos Internos de la Policía Nacional francesa, se empecina en investigar a varios agentes que dispararon y dejaron malherido al joven Guillaume Girard durante los graves disturbios protagonizados por los “chalecos amarillos” en París en 2018-2019.

Inspirada en un conjunto de hechos reales, la película deja clara la nula colaboración y las mentiras de los agentes investigados, el silencio y la falta de colaboración de sus compañeros y el afán de ocultamiento de las propias autoridades policiales.

Sin embargo, Dominik Moll no solo da voz y permite expresar sus razones y sentimientos a estas tres instancias, refractarias y hostiles a su investigación, sino que, de una manera ejemplar, hace lo mismo con todos los actores –víctima, amigos, familiares, testigos, vecinos, manifestantes...– relacionados con el suceso, lo que permite una visión global de la realidad social y política ajena al maniqueísmo y al sectarismo apriorísticos tan frecuentes en este tipo de filmes y en muchos otros. Una gran lección de alcance universal.

La película no se queda en el caso y sus alrededores, también apunta a ingredientes clave de aquellas furiosas protestas

INVESTIGACIÓN. Con una soberbia interpretación de Léa Drucker –que ganó uno de los tres premios César que obtuvo la película–, la primera clave de la seriedad y de la consiguiente capacidad máxima de retener durante algo más de dos horas la atención del espectador está, como es lógico, en el extraordinario guion de Moll y Gilles Marchand. Han escrito juntos siete películas.

Toda la minuciosa y exhaustiva investigación que aborda Stéphanie es, obviamente, el reflejo y la traslación de la investigación que tuvieron que hacer previamente Moll y Marchand. Dossier 137 es el título original del filme, que, en efecto, es cine de dosier, de aportación y tono documental, en el que los métodos policiales de encuesta se funden o confunden con las más brillantes y concienzudas muestras del mejor periodismo de investigación.

Y la segunda e imprescindible virtud de Caso 137 es, por supuesto, su realización. En escenas generalmente cortas, muy directas y económicas, Moll reúne y narra sin respiro los pasos a dar: el logro y consulta de ordenadores e informes oficiales, los seguimientos e interrogatorios, el hallazgo y análisis nada fáciles de imágenes de móviles y cámaras callejeras de vigilancia… Todo ello da lugar a una excepcional puesta en escena, a una textura visual y de sonido riquísima.

La película no se queda en el caso y sus alrededores, también apunta a ingredientes clave de aquellas furiosas protestas como la discriminación racial o el papel jugado por el hartazgo de las clases medias bajas procedentes de los barrios o de poblaciones rurales desatendidas por el gobierno de Emmanuel Macron.

ESPAÑA. Aunque ahora mismo presente otra cara mayoritaria, es el cine estadounidense el que más suele gotear películas de estas características. El francés, y desde hace mucho tiempo, no va a la zaga. A veces, se le suma el italiano.

Filmes diversos como El taller de escritura (Laurent Cantet, 2017), Los miserables (Ladj Ly, 2019) o el documental Regreso a Reims (Jean-Gabriel Périot) están, más o menos, en la misma línea en los últimos años.

Dejando aparte algunos documentales, precisamente, y, si acaso, alguna serie, en España no es frecuente un cine de ficción de contenido sociopolítico de carácter analítico que proporcione datos y herramientas para obtener una opinión y un testimonio histórico al tiempo que logra una narración impecable y un entretenimiento sin baches.