RETROSPECTIVAS. Coinciden en Madrid, como magnífico brote primaveral, dos espléndidas exposiciones de sendos pintores nórdicos coetáneos y muy distintos: el danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916), en el Museo Thyssen hasta el 31 de mayo, y el sueco Anders Zorn (1860-1920), en la Fundación Mapfre hasta el 17 de mayo.

Las he disfrutado mucho, al igual que los numerosos visitantes que recorrían las salas de ambos centros, pero me limitaré aquí a recomendarlas muy vivamente, ya que José María Parreño y María Marco, respectivamente, publicaron en estas mismas páginas muy completas y pertinentes críticas.

El virtuosismo académico de Zorn es admirable, pero fue Hammershøi, no menos virtuoso, quien me abrió puertas y ventanas, nunca mejor dicho, a fabular y reflexionar entrando en sus muy personales cuadros y permaneciendo en ellos.

Son las primeras retrospectivas de los dos prolíficos artistas que se celebran en España, aunque es preciso recordar que el Museo Sorolla, en 1992, confrontó en una amplia muestra a Zorn con su afín amigo Joaquín Sorolla, muy interesado por “los pintores del Mar del Norte”. El retrato que Zorn hizo del valenciano hacia 1906, que podemos ver en Mapfre, forma parte de la colección permanente del Museo Sorolla (ahora en obras), aunque no siempre está en exhibición.

MARQUESINAS. La visita a estas exposiciones me ha llevado a algunas cavilaciones, no sé si adecuadas, pero allá van. ¿Son pocas las ocasiones en las que nuestras principales instituciones museísticas apuestan por dar a conocer a artistas tan relevantes como fuera de nuestro conocimiento? ¿Pocas?

Exposiciones como las de Hammershøi y Zorn demuestran que hay otras elecciones viables para atraer y complacer a un público amplio a los museos

No dispongo de datos exactos, y aun así relacionados con la inmensurable subjetividad del conocimiento de cada cual, pero creo que sí existe la idea de que nuestros museos programan en mayor cantidad atendiendo al cartel que determinados artistas y movimientos tienen entre el público potencialmente masivo.

Se producen reiteraciones, quedan sin iluminar parcelas históricas en sombra. Es normal que los museos quieran dar atractivo a sus marquesinas y velar por su taquilla y su financiación. Pero exposiciones como las de Hammershøi y Zorn –más fácil de ver esta última– demuestran que hay otras elecciones viables para atraer y complacer a un público amplio.

DESCONOCIDOS. ¿Hay grandes artistas desconocidos? Obviamente, sí, infinidad. ¿Pero desconocidos por quiénes? Cuando se moteja a un artista de desconocido ocurre que, sin darnos cuenta, le estamos imputando un demérito: es desconocido, para nosotros y para otros muchos, porque no ha alcanzado la categoría de los grandes, porque no parece haber entrado en el canon… Pero esto, en multitud de casos, es falso por completo.

Deberíamos imputarnos el desconocimiento a nosotros mismos, a nuestra propia ignorancia, aunque también a las posibilidades reales que hemos tenido de conocerlos. Y ahí entran en liza, ciertamente, las instituciones museísticas como entran las editoriales en el caso de la literatura o los distribuidores y exhibidores en el caso del cine. Entran los mediadores y programadores y su responsabilidad. Este tema, no obstante, es fronterizo o concéntrico, si se prefiere, a otro.

Claro que los especialistas o los poseedores de un nivel cultural ancho y profundo conocen a esos llamados “desconocidos”, aunque bien es verdad que no hay ninguna persona sobradamente culta que pueda abarcar el conocimiento detallado de todas las disciplinas artísticas y culturales.

Tropezamos aquí también con factores que van desde el localismo o el eurocentrismo –¿hablamos ahora de la cultura asiática?– hasta las deficiencias e insuficiencias de nuestros manuales de educación escolar y universitaria.

La llamada cultura general, además de ser la más extendida, es cultura en general, es decir, superficial, epidérmica, aunque quienes la poseen tienden a sentirse satisfechos con ella. Y ahora, en otra línea, se da mucho la épica del rescate del “olvido” y del “silencio”.

Artistas olvidados, ¿por quiénes? Por quienes les desconocían y confunden la presunta reivindicación con el adanismo ignorante.