PACTO. La figura del cineasta austríaco Georg Wilhelm Pabst (1885-1967), maestro del cine mudo y sonoro, del expresionismo alemán y del realismo social, ha vuelto al primer plano con la publicación de El director, novela del muniqués Daniel Kehlmann.

La biografía ficcionada –con muy discutibles licencias– del autor de La calle sin alegría (1925), La caja de Pandora (1929), La Atlántida (1932) y Don Quijote (1933) ha replanteado la posición moral de Pabst al regresar a la Alemania nazi en 1939. El cineasta pactó con Joseph Goebbels, bajo severas admoniciones, para poder hacer películas. Hizo tres, ninguna de propaganda. Su prestigio quedó seriamente dañado.

¿Cómo fue posible que un cineasta pacifista, de izquierdas y con varias películas prohibidas por los nazis volviera a la Alemania de Hitler? Kehlmann, aborda las dos razones principales: el agravamiento de la salud de su madre y su estado de aniquilación al no poder trabajar en Hollywood –adonde había emigrado– en condiciones adecuadas.

PELÍCULA. Esta reactualización de Pabst me lleva a exhumar su relación con Fernando Fernán Gómez. En 1952, a los 31 años, el actor estaba en Roma rodando su papel de policía en el excelente filme de intriga criminal Los ojos dejan huellas, de José Luis Sáenz de Heredia. Pabst se disponía a rodar en Cinecittà La conciencia acusa, con la participación muy minoritaria de la productora española Cifesa. El reparto contaba con actores internacionales como los franceses Jean Marais y Daniel Gélin y el italiano Aldo Fabrizi. A Fernán Gómez se le propuso incorporarse al elenco. Pabst le había visto con agrado en su personaje de sacerdote de Balarrasa (José Antonio Nieves Conde, 1951).

En La conciencia acusa, Fernán Gómez interpretó a un jesuita, con dudas sobre su vocación, que se ve involucrado en el retiro espiritual en un convento de diversos personajes en crisis. El libreto original era de Cesare Zavattini, el creador literario del Neorrealismo cinematográfico como guionista de Ladrón de bicicletas (1948) y de otras grandes películas de Vittorio de Sica y de muchos otros.

El cineasta austríaco, protagonista de la reciente novela 'El director', dirigió al actor en 'La conciencia acusa'

La conciencia acusa fue un fracaso total. Fernando Fernán Gómez suministró información de ese rodaje y de su experiencia romana en sus excelentes memorias El tiempo amarillo (1990), que amplió siete años después.

JESUCRISTO. La publicación en Altamarea en 2021 de su Diario de Cinecittà –escrito por encargo de la Revista Internacional de Cine y publicado entre 1952 y 1953– nos permite conocer mucho mejor, además de que el autor utilizó en sus memorias largas citas literales de ese diario, la personalidad de Pabst y las vivencias italianas del actor.

Cartel de 'La conciencia acusa'

Cartel de 'La conciencia acusa'

Fernán Gómez, que vivió en Roma entre mayo y septiembre de 1952, insiste en su Diario de Cinecittà en cuatro detalles muy negativos: su soledad, su aburrimiento en el ferragosto romano, su desconfianza en su capacidad como escritor y su crisis respecto a su profesión como actor.

Se supone que en la capital italiana empezaría a escribir los catorce poemas de su único poemario, A Roma por algo (1954) –incluido en la edición de Altamarea–, pero nada dice de ello en su diario. Sí cuenta que Pabst, entusiasmado con él, le ofreció ser Jesucristo (en su retorno al mundo) y también un enamorado de Judith –la degolladora de Holofernes– en sendas películas que nunca se hicieron.

Igualmente Pabst le pidió que le propusiera un proyecto que él quisiera interpretar. Ya entonces, Fernán Gómez le habló de hacer una película sobre el pícaro, pero Pabst desconocía ese arquetipo de la literatura española.

Y cuenta también que le brindaron un papel, que no pudo hacer por un aplazamiento de las fechas de rodaje, en la tercera película de un talentoso director nuevo: Los inútiles (1953), de Federico Fellini. Pabst haría después las dos primeras películas críticas con el nazismo y Hitler que se hicieron en Alemania tras la guerra.