LONGEVIDAD. El sociólogo y filósofo Edgar Morin (París, 1921), a sus 104 años, es un caso descollante e insólito de longevidad intelectual y biológica. Me vienen a la cabeza, como casi equiparables, los nombres de Noam Chomsky (97 años), Jürgen Habermas (96) y nuestro Emilio Lledó (98).

Activista en su adolescencia en favor de la República española, miembro de la Resistencia francesa desde el antifascismo libertario y militante durante cerca de diez años (1941-1951) del Partido Comunista de Francia (del que fue disidente con resultado de expulsión), la fértil vida como hombre de acción y compromiso de Morin se ha combinado con una ingente tarea como pensador, investigador, profesor y agitador cultural en más de setenta libros y numerosas revistas.

Entre 1977 y 2004 dio a la imprenta en seis volúmenes El método, su opera magna, publicada en España por Cátedra. Siguiendo la estela del psicólogo Jean Piaget, Morin ha patrocinado un "pensamiento complejo", que tiene por objetivo la creación de un humanismo que ponga al ser humano en el centro desde el reconocimiento de la complejidad misma de la realidad, fruto de la interacción entre el individuo, el mundo y el observador que analiza y debe autoanalizarse.

Para ello se persuadió –y nos persuade– de que toda reflexión sobre los hechos históricos no puede hacerse desde unas únicas anteojeras ideológicas o desde una única disciplina, de modo que Morin ha conjugado, en ese pensamiento multidisciplinar y complejo, la Sociología, la Filosofía, la Historia, la Economía, la Politología, la Ciencia, la Ecología, la Cultura, la Religión...

PASADO. Taurus ha editado el último libro de Morin, publicado el año pasado, Lecciones de la Historia, con el subtítulo de ¿Podemos aprender de nuestro pasado?, un claro, sencillo, instructivo y muy recomendable breviario, un pedagógico destilado de sus conocimientos y reflexiones sobre la Historia.

'Lecciones de la Historia' es un sencillo e instructivo breviario de conocimientos

Está organizado en dieciséis capítulos, correspondientes a otras tantas lecciones, cuyos títulos anuncian con nitidez, en la mayoría de los casos, la conclusión de su contenido.

He aquí algunos: el resultado de una acción puede ser contrario a su intención inicial; ninguna observación es válida sin autoobservación; lo improbable puede ocurrir; las causas de los acontecimientos históricos siempre son múltiples y están entrelazadas; los mitos tienen mucha influencia en la Historia; la nación es una invención reciente; la racionalidad de la Historia suele ser una racionalización a posteriori; a veces los destructores también son grandes civilizadores; un solo individuo puede cambiar el curso de la Historia; de la adhesión entusiasta a la rebelión no hay más que un paso; el progreso material no va acompañado de ningún progreso moral o las guerras son una combinación de azares y determinismos. ¿Se abre su apetito, querido lector?

GLOSAS. Además de a los mitos, como ya se ha dicho, Morin dedica importante atención al papel histórico de los héroes, de los santos –no necesariamente canónicos–, de las religiones y de los imaginarios. Los capítulos, en consonancia con el total del libro, son breves, y breves y siempre muy claras son tanto las numerosísimas pinceladas sobre los hitos y los personajes históricos de todas las épocas como las glosas respectivas que dan paso a sus tesis.

De las guerras entre Atenas y los persas a las dos guerras mundiales, pasando por el auge y caída del Imperio Romano, las revoluciones francesa y rusa o el protagonismo del cristianismo, el islam y el judaísmo en el devenir histórico, Morin contempla y analiza numerosos acontecimientos y a sus protagonistas, el rey Juan Carlos I, entre ellos.

Y no olvidemos aquí que el proteico Morin ha estado siempre muy interesado por el cine –léase su ensayo El cine o el hombre imaginario (1956)– y que, incluso, codirigió con Jean Rouch Crónica de un verano (1961) –está en Filmin–, documental fundamental del influyente cinéma-vérité.