Ana-Merino

Ana-Merino

Poesía

Compañera de celda

14 diciembre, 2006 01:00

Ana Merino
Visor. Madrid, 2006. 68 páginas. 8 €

Fiel a una poética que ha ido adensando a lo largo de sus cuatro poemarios anteriores, Ana Merino dialoga con sus voces en las dos partes que ordenan los treinta poemas de este nuevo libro: “Cautiverio de sombras” y “Cautiverio de sueños”. “Escribo porque tengo/ la cicatriz de los sueños/ dentro de mi cabeza [...] Escribo porque a veces/ mi cicatriz no sueña/ y su insomnio me asusta”, confiesa en “Pequeña cicatriz”, el poema final. Entre sueños y sombras, lo colectivo y lo privado, Ana Merino explora las vías de la emoción, tan a menudo imposibles de razonar, conjuga desengaños y deseos y se abraza a la aparente inocencia de sus motivos infantiles cargados de ironía para entregarnos el balance de ese sentimiento de cautiverio en la ciudad carcelaria que alegoriza el vivir.

Más intensa la primera parte y más irónica y sesgada la segunda, ambas nos hablan de desamor, dolor y desengaño, de memoria y soledad. También del sufrimiento y la explotación ajenos, en poemas como “Ciudad de arena” y “Los oficios de los niños”, y no faltan los guiños a las canciones infantiles, a la pintura o a la literatura: “Ya no podré vivir/ en tu locura,/ vestida de espejismo/ cosido a tu mirada”, dice Dulcinea a Alonso Quijano el Bueno, en “Morirse de cordura”. Con el paso del tiempo las alegorías infantiles de esta poeta se van tornando trágicas, como ese recién nacido “que siente el infinito/ en el abismo indescifrable de su llanto”.